la dignidad de las lágrimas

Categoría: De la vida y de la muerte
16 de Febrero del 2012

A veces parece que en este mundo de prisas y espectáculos no hubiera espacio para la tristeza; la palabra melancolía no existe, y mostrarse deprimido es de mal gusto. Un par de días sí, pero no más. ¿Cuánto tiempo es correcto para estar triste, para llorar una pérdida, para dolerse de una ausencia, para apiadarse de uno mismo?

La tristeza es lenta.
Por eso no tiene estatus en un mundo de cambios contínuos, donde la realidad se transforma a golpe de clics. Así que hay que esconderla. No es el estupor ante las grandes tragedias, que nos conmociona intensa pero brevemente, por ráfagas. Es la tristeza pequeña; esta que te acompaña en silencio cuando sabes que algo se ha perdido para siempre.

momentos históricos

Categoría: Música, Rayos y Truenos
11 de Febrero del 2012

El 20 de enero de 2009 en la inauguración de Barack Obama como Presidente de los Estados Unidos se interpretó en público, en Washington, la obra Air and Simple Gifts; un cuarteto compuesto y arreglado por John Williams. Fue interpretada por Anthony McGill, Itzhak Perlman, Yo-Yo Ma, y la venezolana Gabriela Montero. John Williams utilizó como base un conocido tema del S.XIX, Simple Gifts, de Joseph Brackett (que muchos cantaires reconocerán como parte del Magnificat de Penkala que ha cantado el Cor de Mestres y ahora el Cor de la AUOM) y que Aaron Copland también usó en su ballet Appalachian Springs. Se dice que el compositor tomó en cuenta que Obama tuviera entre sus compositores preferidos a Copland para hacer esta selección.

Ahora el chisme post concierto y que levantó cierto revuelo en el mundo de la música clásica. El cuarteto estaba doblando, es decir, haciendo playback. Dos días antes habían realizado la grabación con sus instrumentos usuales, verdaderas joyas: Yo-Yo Ma toca un Stradivarius llamado Davidov Stradivarius, hecho en 1712; Itzhak Perlman toca un Stradivarius llamado el Soil Stradivarius, construido en 1714, Gabriela Montero tocó un Steinway D-274 (el gran cola clásico) y Anthony McGill toca un clarinete del constructor francés del S.XIX Buffet Crampon. Los músicos y el equipo de producción del evento estuvieron de acuerdo en que tocar a una temperatura bajo cero y con viento, sería un desastre musical y además pondría en peligro los instrumentos, por lo que se tomó la decisión de grabar previamente la obra y que este sonido fuera el que escuchara el público asistente. Para quien tenga curiosidad AQUÍ las explicaciones del propio Yo-Ya Ma y algunos comentarios de lectores. Y también estoy de acuerdo con el comentario de John Grannis.

realidad virtual, realidad real

Categoría: Animal, Vegetal y Mineral, Nuevas tecnologías
9 de Febrero del 2012

Es un vídeo gracioso sin duda, pero también hace pensar. La realidad virtual más allá de lo humano. El sapo no recibe la satisfacción del alimento, pero insiste una y otra vez; cree firmemente en lo que le dicen sus ojos. No hay olor, no hay sabor ni sonido, solamente hay imagen, y el animalito responde. Si se piensa bien tiene un punto cruel porque el sapo es inocente, ¿puede ser un sapo inocente, o culpable?. ¿El sapo nos recuerda que ya somos como él, siguiendo ilusiones que parecen reales?

Lo vuelvo a ver, dos, tres veces. El cree e insiste. Y el final es grandioso, absolutamente. La vuelta de tuerca cuando la ficción se hace realidad pero de una manera inesperada. Una maravilla. No escribo más, pero díganme si no les hace pensar.


Envió el vídeo Joan Vives.

hospital san juan de dios de barcelona

Categoría: De la vida y de la muerte
9 de Febrero del 2012

Envía Rosario Dueñas la siguiente referencia:

L’Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona està tenint problemes per seguir alguns dels seus programes socials (pallassos, teràpia d’art, etc.) per als pacients amb malalties greus a causa de les retallades pressupostàries. Com a conseqüència i gràcies a l’esforç de tot el personal, s’ha creat una magnifica iniciativa: simplement obrint aquest link, podem ajudar tots plegats d’una manera molt sencilla. Per a cada visualització del vídeo de YouTube l’hospital rep una mitjana de 0,05 €. En les darreres visites que nosaltres hem fet a l’hospital de dia d´oncologia, els pallapupes, que abans sempre hi eren, JA NO HI SON, aiximateix, a planta també està passant el mateix. Es una llàstima perque amb ells els nens reien, i nosaltres els pares també. Durant una estona no pensaves en la malaltia del teu fill i els nens també participaven i es distreien.

Crec que amb aquesta iniciativa podem millorar la ja dificil situació que hem de soportar cada vegada que anem a l’hospital. Per a comptar com a visualització el video s’ha de veure fins el final. L’empresa que donarà els diners són DKV Seguros, que col · labora en aquest vídeo al costat de la Fundació “la Caixa”, pots veure els seus logos al final del vídeo. Els diners es destina al programa Hospital AMIC del nostre centre, pots veure més informació sobre el mateix al nostre web.

la imprecisión criolla

Categoría: Textos y poesías, Venezuela
9 de Febrero del 2012

Cate me envía este escrito, que ni siquiera me da risa porque lo que cuenta es tal cual. Quizá hay un poco de exageración en algún punto, pero solamente por poner juntas verdades que normalmente se presentan de a una, o de a dos. En fin… ahí os lo dejo para que conozcan un poquito más las peculiaridades de la tierra de vuestra amiga.

“Si en una sala de chat me preguntaran cuál es el rasgo distintivo del venezolano, yo no vacilaría en responder: la imprecisión. La indeterminación es nuestro signo capital. Somos el país del más o menos, del más acaíta y más allaíta, más arribita y más abajito,
en eso nos parecemos a los ingleses, que jamás dicen “near” sino “not far from” tal o cual parte, ni aceptan que ninguna cosa sea definitivamente buena sino “not bad at all”. Pero nosotros vamos mucho más allá. Rozamos los límites del surrealismo en nuestro comportamiento y lenguaje cotidianos. Cualquier extranjero que nos visite por primera vez enloquecería si oyera, como
se oye corrientemente, a un electricista, plomero o cualquier técnico venezolano ordenando a su asistente: “Tráeme la vainita esa de bichar los perolitos del coroto”, lo asombroso no es la terminología en sí, lo increíble es que el ayudante comprenda perfectamente bien la orden y traiga exactamente lo que se le está pidiendo…Misterios de la lexicografía y la semántica venezolana!

El mismo extranjero tal vez moriría en el intento si tratara de comprender la nomenclatura de nuestras ciudades. Para empezar, en las urbanizaciones venezolanas, las casas no se identifican por números sino por nombres, los cuales suelen dar origen a grandes confusiones. Así, por ejemplo, siendo (por razones que desconozco) San Judas Tadeo uno de los nombres preferidos para bautizar viviendas, no es raro que en una misma calle hayan tres casas San Judas Tadeo, con la consiguiente desesperación de quien busque tal dirección. Luego tengamos en cuenta el estilo venezolano de dar las direcciones: rara vez un venezolano dice: “Avenida Principal de Altamira, Edificio Lexa, tercer piso, número 33″; la forma habitual de dar la dirección es: Mas alantico de la plaza Altamira, pasada la panadería, un edificio blanco con unos ladrillitos arriba, junto a una casa rosada con rejas verdes que tiene al lado una mata de mango”,
añadiendo de paso alguna formula misteriosa, diciendo algo como “del lado de allá, no como quien va sino como quien viene”.

En materia de tiempo, el venezolano es uno de los seres más indescifrables que existen. Solemos, por ejemplo, concretar una cita “en la tardecita” o “en la nochecita”, pero nadie sabe a ciencia cierta qué es la tardecita, pues para uno es la tarde a primera hora y para otros la última parte de la tarde, ya cerca de la nochecita, que tampoco es un concepto claramente establecido (naturalmente, como va a estar claro si es de noche!), pero en todo caso citarse a una hora es visto como cosa desconsiderada y hasta reaccionaria.

Mejor se dice “a golpe de” o “tipo seis y cuatro”, “A tiro de tres”, “A las cuatro y pico en punto”, que en todas partes es un chiste, en Venezuela es una hora que puede corresponder a una realidad. No aspiro a que me lo crean, pero en una ocasión oí decir a un locutor de una emisora radial la “hora legal de Venezuela: las cinco y media pasaditas”.

Capítulo aparte merecen nuestras relaciones con los taxistas. Hay que ser extremadamente cuidadosos en los tratos con estos caballeros que abolieron por su cuenta el uso del taxímetro sin que el Gobierno chistara y sin que nadie sepa por que sus vehículos se siguen llamando taxis. Para contratar una carrera de taxi, el francés -pongamos por caso-sube en el coche y ordena: “25 rue Caucheman”, el inglés hace lo propio e indica: “34 Penington Road”, y ya. El venezolano introduce media cabeza por la ventanilla del auto y pregunta ¿Por cuánto más o menos me lleva a Prados del Este? Es muy probable que el chofer le responda: ¿prados del este? Ah, no, yo pa’allá no voy”, y arranque obligándolo a saltar. En caso de que el taxista acceda, el pasajero no indica la dirección de su destino sino que se dedica a guiar al conductor: “En el próximo semáforo a la derecha… en la esquina a la izquierda, otra vez a la izquierda y después derechito por la subida”…

Y para cerrar el capítulo del transporte, recordemos que los colectivos, aunque tengan paradas fijas establecidas, por lo regular no se detienen en ellas sino donde lo exija el pasajero, según la fórmula universalmente aceptada “Por donde pueda señor…” Podría seguir citando ejemplos de nuestra afición por la imprecisión y la vaguedad, pero para no cansar a los lectores concluyo con uno que considero perteneciente al propio reino de la poesía. En todas partes, para expresar el sentimiento que inspira cualquier hecho o circunstancia se suele decir, “me da miedo”, “me da rabia”, “me da asco” o “me da” lo que sea según el caso; en Venezuela decimos “me da cosa”… ¿Qué es cosa? ¡Vaya usted a saber!
Viene sin autor.

a bernardo martí

Categoría: Amigos
7 de Febrero del 2012

Descubrí Mallorca el verano de 1998, y la primera familia mallorquina que conocí fue la suya, una noche en que me explicaron que sopar a la fresca era eso que estábamos haciendo al cenar al aire libre. Habló de sus libros y artículos, con la misma emoción y ganas de contar de un joven que recién descubre los placeres de las letras y la investigación documental; ese raro gusto que tienen algunos de perderse entre papeles viejos y salir renovados. Doce años después, tantos libros y artículos después, sus ganas de compartir descubrimientos siguen intactas, creo que aún mayores.

Ahora como vecinos (cosas de Palma que es el más pañuelo de los pañuelos del mundo) cada vez que nos encontramos y hablamos unos minutos, se pasa al castellano aunque le diga Bernat, t’entenc perfectament, xarra’m en mallorquí, pero no hay forma; así que le agradezco con una sonrisa su gentileza de caballero bilingüe.

Bernardo tiene algo de Quijote, seguir escribiendo y publicando, así, casi al margen de corrientes y políticas, es un ejemplo de perseverancia y fe en lo que se hace, parte de esa fe religiosa que le ilumina el camino. Ya lo había dicho en su introducción a las Memorias de un editor enclaustrado, libro que presentó entre tantos amigos en 2010, “Sólo en la elaboración del trabajo consistirá nuestro premio”. Pero creo que la admiración y el cariño que le guardamos es también un discreto aunque sincero premio a su esfuerzo desinteresado. Con la colección Jano, por ejemplo, donde recopiló, estudió y publicó la obra de intelectuales mallorquines que escribían en castellano; nos dio una imagen de mallorquinidad más amplia y generosa que cualquier discurso.

Una vez, en uno de estos sopar a la fresca, Bernat nos regaló un pequeño libro de poemas llamado Una terra retrobada, que había editado y anotado. El poeta era Bartomeu Oliver Orell, de Binnissalem, quien había emigrado a Caracas en tiempos de la guerra. Por navidad escribía a su familia, casi la misma de Bernat, y les enviaba estos poemas llenos de añoranza, citando entre líneas los versos de nadalas que yo iba conociendo en mi nueva vida en la isla. Unos meses después, hice un concierto que guardo en el corazón, las niñas del coro infantil del Colegio Santísima Trinidad, recitaron estos poemas entre aguinaldos venezolanos y nadalas.
Entre el Noi de la Mare y el Niño lindo, los versos de Oliver.

Nadal de cançó i poesia, se llamó aquél concierto que nació de un regalo tuyo. Y aunque ya te había dado las gracias por este libro, y todos los demás, quería hacerlo de nuevo.