todas las sinfonías de mahler en caracas

Categoría: Música, Venezuela
21 de Enero del 2012

Dirigidas por Gustavo Dudamel, entre el 7 y el 18 de febrero en la sala Rios Reyna del Teatro Teresa Carreño, el ciclo lleva por nombre “Con Dudamel por la paz“. En el último concierto se interpretará la “Sinfonía de los mil”, la octava sinfonía que reunirá a la Sinfónica Simón Bolívar con la Filarmónica de Los Angeles, 1.400 artistas en el escenario, más de mil, coralistas. Este concierto será además trasmitido en directo por 300 emisoras de Canadá y Estados Unidos, en alta definición (HD) y sonido de alta recnología, Surround 5.1. Para la Filarmónica de Los Angeles el concierto es parte de su temporada que lleva por nombre LA Phil LIVE. El ciclo completo se interpretará primero en Los Angeles y después en Caracas. Uno de estos momentos en que apetece tomar el avión y apalancarse en Caracas.

Recuerdo cuando en 1987 estrenamos la octava en Venezuela, la dirigió Theo Alcantara allí mismo en la Sala Rios Reyna donde se realizará el concierto con Dudamel. Largos meses de preparación; el coro de adultos conformado por coros de Caracas y de provincias. El infantil que me tocó coordinar y ensayar, estaba formado por 365 niños también de diversos coros. Solamente llenar la tarima con los cantaires llevaba 40 minutos, que ya eran parte del espectáculo. Una de estas obras emocionantes donde no solo la música sino lo que hay detrás hace que la experiencia quede grabada para siempre en el recuerdo.

mahler.JPG

un pedacito de “el sistema”

Categoría: Música, Venezuela
12 de Enero del 2012

Una imagen fantástica de la orquesta infantil del Núcleo 23 de Enero de Caracas. Allí donde se encuentra como coordinadora mi amiga y súper profesional Carmen Fonseca, con quien en el Núcleo San Agustín compartimos cinco años de trabajo y aprendizaje. Buenos recuerdos de antes que se completan con estas imágenes bellas de ahora.

sistema.JPG

apellidos venezolanos, por jaime tello

Categoría: Educación, Textos y poesías, Venezuela
26 de Diciembre del 2011

Extraído del interesantísimo artículo “Sobre apellidos venezolanos” aparecido en THESAURUS. Tomo XL. Núm. 1 (1985), y que puede consultarse online en el Centro Virtual Cervantes.
______________________________________________

Más o menos hasta el siglo catorce los apellidos en España se formaban por el sistema patronímico: Álvarez, hijo de Alvaro; Rodríguez, hijo de Rodrigo; Pérez, hijo de Pero, etc., de la misma manera que en los idiomas sajones se formaban agregando el sufijo -son al nombre de pila: Anderson, Williamson, Johnson, etc. Los galeses los formaban agregando simplemente una s al nombre: Rogers, Williams, Evans, etc. Los irlandeses simplemente colocaban la preposición of entre dos nombres: William of Neill, que pronto se redujo a una o con apóstrofo: William O’Neill. Los idiomas eslavos, por su parte, agregaban el sufijo vich, que significa “hijo de”: Basil Ivanovich. Árabes y judíos, por su parte, colocaban el correspondiente ben entre los dos nombres, significando asimismo “hijo de”: Simón ben Isaac, por ejemplo. (Curiosamente, fue mi propio apellido el primero en fijarse en España. Ya en el siglo noveno, un tal Tel Pérez, del señorío de Meneses, tuvo dos hijos, uno de los cuales se llamó Tello de Meneses, y el otro Téllez, de donde salieron las dos ramas que ya se mantuvieron como es el uso actual: ya no era el caso de que Gonzalo Pérez tenía un hijo que se llamaría Pero González, y este otro que se llamaría Juan Pérez, y este a su vez otro que se llamaría Diego Ibáñez, quien a su vez procrearía otro llamado Gonzalo Diéguez, lo que hace tremendamente difícil seguir el rastro de las familias en los árboles genealógicos). Ya para el siglo catorce empezaron a inventarse los apellidos. La pista la obtuvieron, tal vez, los españoles, de los antiguos romanos, quienes usaban nombres y apellidos como ahora lo hacemos: Marcus Tullius. Esto implicaba que había un Marcos, perteneciente a la gens (familia) Tullía. Pero como habría varios con el mismo nombre propio, se le agregaba a cada quien un apodo (cognomen). Así Cicerón se llamaba Marcus Tullius Cicero (Cicero significa “garbanzo” —de donde viene el castellano “chicharro”—), pues tenía una verruga en la nariz. De igual modo, Publius Ovidius Naso (”narigudo”), Qintus Horatius Flaccus, etc….

La mayoría de los apellidos venezolanos son de origen castellano, canario y gallego, aunque a partir del siglo dieciocho, con el establecimiento de la famosa Compañía Guipuzcoana, empezaron a abundar los apellidos vascos, hasta el punto de que don Vicente Amézaga, historiador de dicha compañía, ha compilado una lista de más de mil quinientos. Más tarde vinieron las inmigraciones de diversos países de Europa, especialmente italianos y portugueses, que se establecieron definitivamente en Venezuela, hasta el punto de que apellidos como Pietri y Abreu son hoy típicamente “criollos”. Lo propio ha acontecido con inmigrantes de otras regiones, por lo que Venezuela ofrece hoy el más rico mosaico étnico de cualquier país de América Latina. Abundan, asimismo, los apellidos de origen judío sefardita. Son apellidos originalmente portugueses o españoles, de individuos que, huyendo de la persecución religiosa, emigraron a los Países Bajos primero, y de allí a Curaçao, de donde pasaron a tierras venezolanas, especialmente entrando por Puerto Cabello donde se establecieron y echaron raíces….

En el catálogo que se ofrece a continuación solo se toman en cuenta los apellidos de origen castellano, canario y gallego, sin incluir los numerosos apellidos vascos o catalanes. (Al decir ‘castellano’ me refiero al idioma, no a la región). Se incluyen, asimismo, los apellidos sefarditas. Debe tomarse en cuenta que la mayoría de los nombres de santos, usados como apellidos, fueron un arbitrio a que apelaron los judíos conversos (’marranos’), para asegurar sus vidas ante la implacable persecución religiosa desatada por el Santo Oficio. Así, apellidos como Santamaría, Sanjosé, Sanvicente, Sampedro, son de origen sefardita….

[De las enormes listas que presenta Tello y que impresionan por la variedad de apellidos, copio los de origen sefarditas]:

Abraham-Adán-Ahijado-Almea-Almosny-Asorraf-Bemergui-Benacerraf-Benadiba-Benadón-Benador-Benaiges-Benaím-Benalal-Benallán-Benamor-Benamu-Benaroia-Benaroyo-Benarroch-Benarroyo-Benasayag-Benasayeg-Benassy-Benatar-Benatuil-Benayán-Benazar-Benbunan-Bencecry-Bencid-Bencomo-Benchetrit-Benchimol-Benchocrón-Bendahán-Bendavíd-Bendayán-Benezra-Benguiqui-Benhaud-Benhayán-Benhayoum-Benhonou-Benjamín-Benmerguí-Bennazar-Benshimol-Bentata-Benzaquén-Benzecry-Beracasa-Berah-Beraha-Beraja-Capriles-Curiel-Chocrón-Daniel-David-De Sola-Diamante-Gabriel-Henríquez-Hermano-Isaac-Isaías-Jacobo-Jairo-Joaquín-León-Leví-Lucas-Maduro-Manuel-Mateos-Matías-Miguel-Moisés-Moreno-Muchacho-Noé-Obadía-Pablos-Padrin-Pariente-Pinedo-Pinto-Quijano-Rafael-Rafaela-Ricardo-Sabas-Salas-Salomón-Salvador-Samuel-Sananes-Sanjosé-Santamaría-Simón-Tobías-Toledano-Tomás-Vicente-Zacarías.

venezuela, ese país que queda allá lejos

Categoría: Textos y poesías, Venezuela
23 de Diciembre del 2011

Laureano Márquez y Claudio Nazoa, son dos humoristas-intelectuales venezolanos (o al revés, ya no sé) que mantienen y dan vida a la mejor resistencia ante el desaliento que hay en aquél país donde nací. Aquí un artículo de Laureano que envía Helen. Baste saber que la “Harina Pan”, la harina de maíz blanco con la que se hacemos nuestras amadas arepas, bollitos, empanadas y hallacas de toda la vida, es una marca comercial, de exportación, que además conseguimos aquí mismo en Carrefour, en el Syp, y en cualquiera de los chiringuitos-locutorios que venden productos sudamericanos, además de contectar a tanta gente de tres continentes con su familia.
_____________________________________________________________

Que la gente le encargue a uno “harina PAN” cuando uno viaja al imperio, no puede ser algo normal. Montañas de este producto que la errática política económica ha hecho desaparecer de los anaqueles de nuestros mercados, se encuentra en abundancia en todos las pulperías  de Miami, al punto de que amigos y familiares, lo primero que me encargaron, cuando supieron que iba a viajar, fueron varios kilos de  nuestra emblemática harina de maíz. Yo se que con frecuencia se nos dice en cadena de radio y televisión que el imperio está a punto de hundirse, que lo que le falta es un empujoncito para terminar de desmoronarse por culpa del capitalismo salvaje, mientras nosotros, gracias al Socialismo del siglo XXI, avanzamos hacia el progreso y el bienestar. No sé por qué,  pero cuando escucho esta sentencia me viene a la mente aquella frase que decía el Tenorio: “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”, porque, en honor a la verdad, este derrumbe da cierta envidia: como 200 tipos de leche (entre “fat free” y “fat in jail”), aceite de maíz, café y -sé que no me lo van a creer-  hasta papel toilette se consigue. Las hallacas ya no van de Caracas a gringolandia, como en otros tiempos, sino que vienen del Doral o de la llamada Westonzuela a nuestro país, porque allá son ya tan comunes que hasta las venden en los supermercados y  hay, incluso, gente que prefiere hacerlas allá y traerlas, porque es más fácil y sale más barato viajar hasta el norte y conseguir allí los ingredientes de calidad. Además, como las hallacas se hacen en familia y la mitad de la familia está fuera, sirve de reencuentro. De hecho, creo que hasta la embajada está ofreciendo una visa especial del tipo “H-1 hallaca-visa”, que permite hasta 20 días de permanencia para el “making off”

harina-pan-que-llora.gif

Los venezolanos que andan por allá, cuando quieren hacerlo sentir mal a uno lo llevan a un supermercado de esos que venden desde cauchos de carro hasta alfileres, pasando por toda clase de productos comestibles. El estante del café, por poner un ejemplo, tiene tal variedad y marcas, que uno, que no está acostumbrado, se bloquea y prefiere no comprar. Claudio Nazoa insistía, como veníamos de vuelta a Caracas en un avión de Islandia, un país vecino al Polo Norte, en que trajéramos hielo para los tragos de diciembre, porque el hielo de Miami, según él, amén de ser más barato es de mayor calidad. Whisky si no trajimos, porque sabemos que ese producto de primera necesidad, nunca va a escasear en Venezuela. Los funcionarios de aduana del Seniat, ya no saben qué hacer porque a la planilla de declaración, la gente le anexa, simplemente, la lista del mercado de todos los productos nuestros que se consiguen allá y no aquí y como son productos nacionales, no pagan impuestos.

Nos tocará este diciembre partir el año con hallacas “made in Usa” y pavo de Walmart en vez del tradicional cochino.  Pero, por otro lado, nos cabe una pequeña satisfacción: ellos nos dominaran, pero nosotros, los derrotaremos desde adentro a punta de gastronomía, porque allí fui a una arepera por allá perdida en el “79th Ass of the world avenue y 25th st” y esa vaina estaba a reventar, no solo de venezolanos, sino de nativos del imperio y no es por nada, las arepas y empanadas más sabrosas que en Caracas, y cómo no van a ser, si las hacen con la genuina “harina bread”.

stavanger

Categoría: Textos y poesías, Venezuela
21 de Agosto del 2011

Nancy Felce envía este artículo de Antonio López Ortega aparecido en el diario venezolano El Nacional el 4 de agosto. Además de interesante tiene resonancias que nos tocan cada vez a muchos más.
___________________________________________

Hacia el sur de Noruega, en plena costa, en forma de bahía cerrada o protegida, existe una ciudad apacible llamada Stavanger. Quien la ubique en el mapa, la reconocerá a la altura de Dinamarca, casi como una cuña de territorio noruego que incide en el vecino del sur. Sus pobladores hablan de temperaturas benignas, con 5 o 10 grados de diferencia, sobre todo si se comparan con las de Oslo, y también de una cálida corriente marina. En verano, Stavanger tiene 20 horas de luz, y en invierno, sólo 4. Ciudad de 200.000 habitantes, no más, lo que ya es una cifra alta para los estándares nórdicos, el resto de la descripción debería hablarnos del orden de las calles, de algunas iglesias, de plazas y parques, de escuelas magníficamente equipadas. Con los más altos índices de calidad de vida y de convivencia, que Noruega y otros países nórdicos exponen para envidia del resto del mundo, Stavanger debería ser un nido de recogimiento, una estampa cívica donde los niños crecen creyendo que el planeta Tierra es en verdad el paraíso.

Desde estos horizontes con cárceles dominadas por sus propios presos o tasas de secuestros que suben como espuma, poco o nada nos debería interesar Stavanger. A no ser por el hecho concreto, comprobable, de que al menos desde 2002, o antes, en la bella ciudad costera viven alrededor de 150 familias venezolanas. Entre padres, madres e hijos podríamos estar hablando de cerca de 500 ciudadanos venezolanos que ya llevan una década en suelo nórdico y que no tienen la menor intención de emigrar hacia otros destinos. Sencillamente, por accidente o azar, Stavanger los ha acogido en su lecho como uno más de sus ciudadanos, brindándoles medios de vida, paz y armonía.

Se cuenta que en el origen de este núcleo creciente está la explotación petrolera, y por ella han sido atraídos o contratados grupos variados de profesionales venezolanos, quienes una vez expulsados de la industria nacional han terminado fichados por reconocidas multinacionales o empresas proveedoras de servicios. La gran odisea explotadora del mar del Norte, con plataformas marítimas que soportan los más fieros embates de oleajes y frías corrientes, ya cuenta con su capítulo venezolano.

Las madres venezolanas consiguen en los mercados de Stavanger harina para hacer arepas, los padres organizan equipos de beisbol y los jóvenes ya cuentan con un grupo de gaitas navideñas llamado “Noruegaita”. Una célula patria en medio del frío y los pinos, o más bien los signos de una diáspora secreta que se repite en Canadá, Australia, Colombia, España o Estados Unidos. Una nacionalidad quebradiza, atomizada, cada vez más ajena al origen, que se distribuye por el mundo, como gitanos de nuevo cuño. El país tiene el suficiente talento como para expulsar a sus connacionales y decirles que su destino está en las antípodas, y nunca en suelo propio, de donde son execrados por persecución o falta de oportunidades.

Me detengo a pensar, por sólo unos instantes, en esos venezolanitos, entre uno y diez años, que crecerán en Stavanger y harán de Noruega su patria supletoria. Hablarán un idioma exótico, tendrán novias o novios nórdicos, y dejarán en esos linajes vikingos apellidos de sonoridad muy castiza. El país será apenas un mal recuerdo, que sus padres dejaron atrás, para beneficio de ellos. Esa es la impronta que nos marca: el olvido, el desconocimiento, la fuga, la necesidad de irse a otra parte, porque el país nos expulsa por violento, injusto o indócil.

Nuestra historia se contará en otro sitio, en otras mentes, en otros suelos, y ya habrá algún heredero en Stavanger, escritor reconocido, que rescatará un origen sepultado para componer una saga novelística de crímenes, raptos y desamores. Nuestro futuro está en Stavanger y no lo sabemos.

paganini en ritmo de…

Categoría: Música, Nuevas tecnologías, Venezuela
15 de Agosto del 2011

El inspirado compositor y musicólogo venezolano Juan Manuel Sánchez adapta el famoso Capricho 24 de Paganini para violín, a una versión pianística en las que usa diferentes ritmos del folklore y la música popular venezolana. Estructurado como un tema con variaciones, a veces es el ritmo y otras la secuencia armónica, la que nos devuelve el vals sincopado, el merengue clásico en cinco por ocho, un pajarillo y otras variantes llaneras del joropo como  la chipola y el gaván. El recorrido no olvida la danza zuliana y el polo que uno llama margariteño pero que es patrimonio del oriente criollo. En fin que me ha encantado descubrirlo. Gracias a Valentín Moldován por enviar este regalo.