mondnacht (del blog grullas y demás aves zancudas)

Categoría: Textos y poesías
1 de Octubre del 2010

En la casa de mi abuela entra mucha luz natural y también la lluvia y el aire de invierno.

El caso es que como no quería hacer ningún tipo de reforma ni obra, poco a poco se fue formando un microclima especial, característico. Un ambiente de reposo a pesar del  cierto olor a antiguo que se mezclaba con el del café y las tostadas.

La abuela tenía una chaise longue, así un poco retro, con una tapicería llena de flores.  Ahí pasaba  horas leyendo con una  enorme lupa porque  la pobre veía muy mal; o escuchaba música mientras seguía la partitura. Tenía cientos de partituras almacenadas. Había sido toda su vida, bueno, hasta que se lo permitieron sus dedos, profesora de piano. Su hijo, mi padre, era violinista y su nieto, yo, estudiante de economía. Esto no me lo perdonó nunca, no porque quisiera que me dedicara a la música  sino porque se le metió en la cabeza que tenía que ser fisioterapeuta, no sé por qué.

Le encantaba la ópera y sobre todo Plácido Domingo. Se medio tumbaba en la chaise longue y con el mando a distancia dirigía la cadena de música: se saltaba los recitativos y ponía muchas veces seguidas los concertantes finales o canturreaba alguna que otra aria. Pronto hubo que comprarle unos auriculares porque se estaba quedando un poco sorda y ponía el equipo a toda pastilla; los vecinos, como es normal, empezaron a quejarse. Un día conseguimos llevarla a unos grandes almacenes para que eligiera los cascos que más le gustaran y cómo no, cogió unos enormes de color rosa, de esos profesionales que utilizan los DJ’S. Parecía una Dama de Elche viejecita venida del futuro.

La abuela siempre quiso tener muchos nietos pero hubo de conformarse sólo conmigo. Pasó una temporada indignada  porque decidí que me gustaba más Platón que Aristóteles. Ella decía que la gente es platoniana por comodidad, porque Aristóteles es un pelín más complicado y no se suele entender a la primera de cambio. Así que, se le ocurrió  tirarme a la cabeza un libro  que tenía en su casa: “Cinco Lecciones de Filosofía” de Zubiri, que claro,  yo no leí, y claro, ella de morros.

En Marzo se le murió el único viejo amigo que le quedaba y a partir de entonces se puso imposible. Dijo que no estaba dispuesta a sobrevivir a nadie más.

Se volvió gruñona, no quiso leer más libros, -para qué-, decía. Dejó de escuchar ópera y se pasó a las Misas de Requiem y al Officium Defunctorum de Victoria. Mi padre se subía por las paredes, discutiendo con ella constantemente.

A todo esto empezó a aficionarse a tomar valerianas, con lo que se quedaba dormida a cada rato. – A lo mejor en una cabezada de estas   no me despierto, que  ya va siendo hora a mis 84 años- declamaba en plan dramático.

El domingo pasado fuimos como siempre a desayunar con ella.

En casa de mi abuela entra mucha luz natural,  la de la luna también, y se filtra la escarcha de la madrugada.

Al llegar la vimos dormida en la chaise longue entre las flores de la tapicería como un duende extraño, diminuta con sus auriculares de insecto gigante. Tenía en el regazo una partitura abierta pero la música hacía tiempo que se había acabado. Mi padre hizo ademán de ir a despertarla pero al primer paso se detuvo en seco. Se la quedó mirando mientras se llevaba las manos a la boca, mientras decía -no- con la cabeza.

 En casa de mi abuela entra el agua de la lluvia primaveral y es como si las paredes lloraran.

Se acercó  mi padre para hacerle una especie de última caricia y apartando la partitura, con voz rota dijo: - Mondnacht, Schumann-  Yo me eché a llorar.

sólo una fachada ortográfica

Categoría: Textos y poesías
26 de Septiembre del 2010

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la tristeza es un boomerang

Categoría: De la vida y de la muerte, Textos y poesías
22 de Septiembre del 2010

Vuelven a mi memoria las caras de tres hombres que lloran
lado a lado
cada uno su pena, que es diferente y la misma
esposa, madre
quizá hay un niño que añora a su abuela.
Cada abrazo rebobina la tristeza.
Cuando termina tu turno en un segundo
Parece que te vas, pero te quedas
porque el dolor nunca es ajeno.

bolívar soy yo

Categoría: Textos y poesías, Venezuela
16 de Septiembre del 2010

El domingo pasado, en el diario  venezolano “Tal cual“, apareció el siguiente artículo de Ibsen Martínez. Lo transcribo a continuación porque además de trasmitir el sabor de la escritura latinoamericana, lo que nos cuenta puede estar más cercano de lo que parece.
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1.-

Hace poco, en la población colombiana de Bucaramanga, se dieron cita, como ocurre desde  hace varios años, numerosos escritores internacionales y del país vecino en su cada día más prestigiosa feria del libro. Las estrellas fueron el español Fernando Savater, el muy querido por los venezolanos Héctor Abad Faciolince, y Juan Gabriel Vásquez, el joven y talentoso novelista bogotano radicado desde hace años en Barcelona, autor de “Historia Secreta de Costaguana”.

Entre los eventos pautados por los organizadores estuvo un “conversatorio” en el que participó, entre otros panelistas, el cineasta colombiano Jorge Alí Triana. Triana, nacido en Ibagué en 1944,  es hoy por hoy uno de los grandes nombres de la cinematografía latinoamericana en cualquier época. Formado originalmente en el teatro, Triana se ciñe a la mejor tradición shakespereana en eso de haber sido a la vez actor y dramaturgo y director teatral.

El tema que congregó a los panelistas de aquella mesa fue el de las representaciones dramáticas que han tenido a Bolívar como figura central. El relato de Triana – en adelante, Jorge Alí, como le conocen todos en Colombia –, desplegado con la enjundia y el gracejo que le son característicos, fascinó a todos los presentes. Uno de los mas señalados éxitos cinematográficos de Jorge Alí ha sido, sin duda, su film “Bolívar soy yo” (2002). Laureado en muchos festivales internacionales, el estupendo film es, a la vez, una hiriente  sátira sobre el culto bolivariano y un envidiable despliegue de irónica consciencia de nosotros mismos como sociedades fracasadas.

Lo más memorable para mí del encuentro que vengo reseñando fue escuchar a Jorge Alí contar la génesis de su película, algo que se remonta a lo tiempos en que dirigió algunos episodios de corte histórico para la televisión de su país. Quienes hayan visto “Bolívar soy yo” recordarán lo esencial de su argumento que, por cierto, sólo en apariencia luce disparatado: el protagonista de una telenovela basada en la vida del Libertador enloquece y, sintiéndose imbuido del espíritu de Bolívar, abandona el set de televisión y se las apaña para ser admitido en una cumbre presidencial que se realiza –¿dónde más?–, en Santa Marta. Al parecer, quiere dirigir un discurso a los mandatarios.

El presidente de la república colombiana no ve con malos ojos el arrebato del popular actor y le procura un discurso de ocasión. Pero el ya desquiciado actor desecha el discurso que le ha dado el presidente y se desfoga, en plan “antipolítica”, contra los mediocres gobernantes que han hecho imposible, a lo largo de doscientos años, la concreción del sueño de Bolívar: la Gran Colombia. La trama se tuerce y se hace deliciosamente espesa cuando un grupo guerrillero, un trasunto ficcional del M-19, asalta la cumbre y secuestra al presidente …y a Bolívar. No voy a a contarles la película a quienes no la han visto porque lo que realmente importa a estas notas es, como vengo diciendo, lo que Jorge Alí nos reveló a los allí presentes acerca de cómo se le ocurrió el argumento de “Bolivar soy yo”.

2.-

La cosa es así: en los años noventa, hubo un actor en la televisión de Colombia llamado Pepe Montoya. En diversas miniseries y episodios históricos dramatizados, algunos de ellos dirigidos  por Jorge Alí, Montoya hacía  invariablemente el papel de Bolívar. El conjunto de episodios estaba basado en una idea de Gabriel García Márquez y se llamaba “Crónica de una generación trágica”. La generación trágica era la de los independentistas, claro. O tal vez se trató de “ El Hombre de las dificultades”, otra serie de tema histórico, algo anterior a la de García Márquez, dirigida también por Jorge Alí y en la la que Pepe Montoya, como era ya costumbre,  hacía de Bolívar. El caso es que, en su cotidiano interactuar con el actor,  Jorge Alí comenzó a  notar extraños cambios en  la conducta de Pepe Montoya.

Al principio, no prestó atención a ellos, atribuyéndolos a la proverbial vanidosa excentricidad de algunos actores. Para empezar, Montoya no se quitaba jamás el uniforme ni los bigotes – como se sabe, Bolívar gastó bigote por algún tiempo – y se iba así, caracterizado de Padre de la Patria, a echarse los tragos del fin de jornada con sus panas . O se presentaba así vestido en alguna fiesta de amigos o se iba a cenar a “Andrés Carne de Res”, siempre ataviado como lo habría hecho Simón Bolívar. Todo el mundo celebraba la ocurrencia, le pagaban las copas, le festejaban sus chistes y hasta ahí parecían que llegarían las cosas. Poco a poco, sin embargo, la mirada, los gestos y el hablar de Pepe Montoya cuando estaba fuera del set, comenzaron a tornarse la mirada, los gestos y las palabras sentenciosas y visionarias de un hombre  llamado a cambiar el curso de la Historia. Se apartaba de todos entre escena y escena; para sentarse a estudiar los libretos adoptaba la pose del cuadro “Mi delirio sobre el Chimborazo”.

Siempre corto de recursos, Jorge Alí se las arreglaba , de resuelve en rebusque, para lograr que la producción de sus episodios tuviesen verosimilitud de época. Así, un día debían filmar la llegada de Bolívar, después de Boyacá, a una pequeña, remota  y desolada población de Cundinamarca. Jorge Alí recurrió, como siempre hacía,  al alcalde y al cura locales y les pidió que dijeran a los campesinos de la región que cooperasen con el rodaje vistiendo a la usanza del siglo XIX, o que al menos, no viniesen con jeans y botas de goma. El cura y el alcalde se dieron  la tarea de propalar que Bolívar, el Libertador, llegaría a la población el día domingo y solicitaron lo indicado.

Los campesinos vinieron vestidos  como se les pidió: con ruanas, sombrero alón  y alpargatas. Trajeron también gallinas, papas sabaneras, lechoncitos y canequitas de aguardiente para Pepe Montoya quien, ya para entonces, estaba más cucufato de lo que se pensaba. Y, al igual que en la segunda parte del Quijote, todos lo tomaban por el Libertador y él  los trataba en consecuencia.

Fue entonces cuando Jorge Alí sorprendió a un grupo de campesinos que, en una pausa del rodaje, planteaba con toda franqueza y candor al Libertador sus necesiades más acuciantes: agua, dispensario, escuela, caminos, protección contra el criminal bandolerismo de las Farc y de los paramilitares, etcétera… El Libertador los escuchaba, muy atento y tomaba nota. Y cuando todos los cuitados terminaron de hacerle solicitudes, Montoya les dijo, ya definitivamente loco y bastante  exasperado: “ ¡Sí,sí, sí: todo eso hay que hacerlo! Pero ahora no puedo, hermanos, compréndanlo: tengo todavía que ganar las batallas de Bomboná, Pinchincha, Junín y, más adelante, Ayacucho. Sólo cuando haya terminado la gesta emancipadora podré encargarme de toda esas pendejadas que me piden”.

Ni más ni menos que como Hugo Chávez, pensé , quien primero tiene que acabar con el imperialismo yanqui y el capitalismo globalizador antes de ponerse a recoger la basura, ocuparse de los apagones y ponerle coto al malandraje.

El 26-S vota contra la bota.

¿será verdad?

Categoría: Textos y poesías
1 de Septiembre del 2010

Sé que los periódicos (unos más que otros) no son lo objetivos y veraces que debieran, y que orientaciones políticas y amiguismos tiñen las noticias e informaciones hasta un punto en que a veces es difícil separar los hechos de la simple efusión literaria. Hoy mientras cuidaba el primer examen de septiembre leí en El Mundo una columna que hacía referencia a la Ministra de Cultura… aquí dejo el resumen y que cada uno saque sus conclusiones.

Carreras de caballos en la playa de San Lúcar. La ministra, Angeles González-Sinde dice:

-Puedo aseguraros que esta muestra de la cultura española no tiene por qué desaparecer aunque se empeñen los catalanes.

El escritor del artículo cuenta que le aclara que son carreras de caballos, no corridas de toros, y cuenta que la alcaldesa del lugar la invita a tomar una manzanilla, a lo que la ministra agrega…

- Qué bien; en la cultura árabe se toman infusiones calientes para combatir el calor.

Le dicen que esta manzanilla es un vino, y cambian de tema comentando que Fernando Savater también está en el lugar porque le encanta la hípica. Al saludar al filósofo le dice Doña Angeles:

-  Te admiro muchísimo me he leído como cinco veces tu libro “Hípica para Amador”.

La corrigen que es “Etica” y ella replica que en la “Etica” también salen caballos ¿no? a lo que supuestamente contesta Sabater que más bien en la “Epica”… y así sigue la cosa hasta el final.

¿Es esto posible, o es puro ensañamiento?

meter el hombro, darle plomo, pa’lante es que brinca el sapo…

Categoría: Textos y poesías, Venezuela
20 de Agosto del 2010

echarlepichon.jpg

O trabajar, abocarse, darle caña…