la imprecisión criolla

Categoría: Textos y poesías, Venezuela
9 de Febrero del 2012

Cate me envía este escrito, que ni siquiera me da risa porque lo que cuenta es tal cual. Quizá hay un poco de exageración en algún punto, pero solamente por poner juntas verdades que normalmente se presentan de a una, o de a dos. En fin… ahí os lo dejo para que conozcan un poquito más las peculiaridades de la tierra de vuestra amiga.

“Si en una sala de chat me preguntaran cuál es el rasgo distintivo del venezolano, yo no vacilaría en responder: la imprecisión. La indeterminación es nuestro signo capital. Somos el país del más o menos, del más acaíta y más allaíta, más arribita y más abajito,
en eso nos parecemos a los ingleses, que jamás dicen “near” sino “not far from” tal o cual parte, ni aceptan que ninguna cosa sea definitivamente buena sino “not bad at all”. Pero nosotros vamos mucho más allá. Rozamos los límites del surrealismo en nuestro comportamiento y lenguaje cotidianos. Cualquier extranjero que nos visite por primera vez enloquecería si oyera, como
se oye corrientemente, a un electricista, plomero o cualquier técnico venezolano ordenando a su asistente: “Tráeme la vainita esa de bichar los perolitos del coroto”, lo asombroso no es la terminología en sí, lo increíble es que el ayudante comprenda perfectamente bien la orden y traiga exactamente lo que se le está pidiendo…Misterios de la lexicografía y la semántica venezolana!

El mismo extranjero tal vez moriría en el intento si tratara de comprender la nomenclatura de nuestras ciudades. Para empezar, en las urbanizaciones venezolanas, las casas no se identifican por números sino por nombres, los cuales suelen dar origen a grandes confusiones. Así, por ejemplo, siendo (por razones que desconozco) San Judas Tadeo uno de los nombres preferidos para bautizar viviendas, no es raro que en una misma calle hayan tres casas San Judas Tadeo, con la consiguiente desesperación de quien busque tal dirección. Luego tengamos en cuenta el estilo venezolano de dar las direcciones: rara vez un venezolano dice: “Avenida Principal de Altamira, Edificio Lexa, tercer piso, número 33″; la forma habitual de dar la dirección es: Mas alantico de la plaza Altamira, pasada la panadería, un edificio blanco con unos ladrillitos arriba, junto a una casa rosada con rejas verdes que tiene al lado una mata de mango”,
añadiendo de paso alguna formula misteriosa, diciendo algo como “del lado de allá, no como quien va sino como quien viene”.

En materia de tiempo, el venezolano es uno de los seres más indescifrables que existen. Solemos, por ejemplo, concretar una cita “en la tardecita” o “en la nochecita”, pero nadie sabe a ciencia cierta qué es la tardecita, pues para uno es la tarde a primera hora y para otros la última parte de la tarde, ya cerca de la nochecita, que tampoco es un concepto claramente establecido (naturalmente, como va a estar claro si es de noche!), pero en todo caso citarse a una hora es visto como cosa desconsiderada y hasta reaccionaria.

Mejor se dice “a golpe de” o “tipo seis y cuatro”, “A tiro de tres”, “A las cuatro y pico en punto”, que en todas partes es un chiste, en Venezuela es una hora que puede corresponder a una realidad. No aspiro a que me lo crean, pero en una ocasión oí decir a un locutor de una emisora radial la “hora legal de Venezuela: las cinco y media pasaditas”.

Capítulo aparte merecen nuestras relaciones con los taxistas. Hay que ser extremadamente cuidadosos en los tratos con estos caballeros que abolieron por su cuenta el uso del taxímetro sin que el Gobierno chistara y sin que nadie sepa por que sus vehículos se siguen llamando taxis. Para contratar una carrera de taxi, el francés -pongamos por caso-sube en el coche y ordena: “25 rue Caucheman”, el inglés hace lo propio e indica: “34 Penington Road”, y ya. El venezolano introduce media cabeza por la ventanilla del auto y pregunta ¿Por cuánto más o menos me lleva a Prados del Este? Es muy probable que el chofer le responda: ¿prados del este? Ah, no, yo pa’allá no voy”, y arranque obligándolo a saltar. En caso de que el taxista acceda, el pasajero no indica la dirección de su destino sino que se dedica a guiar al conductor: “En el próximo semáforo a la derecha… en la esquina a la izquierda, otra vez a la izquierda y después derechito por la subida”…

Y para cerrar el capítulo del transporte, recordemos que los colectivos, aunque tengan paradas fijas establecidas, por lo regular no se detienen en ellas sino donde lo exija el pasajero, según la fórmula universalmente aceptada “Por donde pueda señor…” Podría seguir citando ejemplos de nuestra afición por la imprecisión y la vaguedad, pero para no cansar a los lectores concluyo con uno que considero perteneciente al propio reino de la poesía. En todas partes, para expresar el sentimiento que inspira cualquier hecho o circunstancia se suele decir, “me da miedo”, “me da rabia”, “me da asco” o “me da” lo que sea según el caso; en Venezuela decimos “me da cosa”… ¿Qué es cosa? ¡Vaya usted a saber!
Viene sin autor.

palabras de amor

Categoría: Música, Textos y poesías
31 de Enero del 2012

gracias

por favor

te escucho

lo siento

estoy aquí

qué bien lo has hecho

confío en ti

París

palabras

Categoría: Textos y poesías
10 de Enero del 2012

Una de las cosas que me ha costado más aceptar al hacerme mayor, es que no siempre es cierto que hablando se entiende la gente. Mi parte racional había estado convencida, y desde bien jovencita, de que en la palabra estaban todas las vías de entendimiento; que solamente se requería que las partes se escuchen con mente abierta, buena voluntad y se hablen con respeto; y que con este tándem no podía sino llegarse a la comprensión del otro. Pero la experiencia te va mostrando (desde el conflicto más cotidiano y doméstico hasta las guerras más devastadoras) que hay contextos donde las palabras ni ayudan ni aclaran ni aportan, e insistir dando o pidiendo explicaciones no es más que una pérdida de tiempo y energía. Unos se terminan matando, otros dan la espalda y se van, otros se quedan mirando sin entender nada. Duro como aceptar que hay cosas que no se arreglan, y que hay hechos irreversibles; la muerte, el olvido, la pérdida de la inocencia, el desamor. Quizá el error está en considerar que somos iguales al escuchar, por lo que tendríamos que responder al estímulo de la palabra de la misma manera. Cuando solamente tenemos en común las orejas. Lo que entiende el que oye varía enormemente según el nivel educativo, la experiencia vital, los sufrimientos acumulados, los rencores, complejos, prejuicios, el grado de realización personal. Las mismas palabras terminan significando cosas diferentes, porque activan referentes diferentes en cada uno. Cómo luchas contra los celos; el celoso sufre y ve lo que quiere ver, no importa los datos que se le presenten. El envidioso escucha con rabia al sabio, intentando buscar el fallo, desmontar la virtud. El hijo alienado por un progenitor sentirá desconfianza hacia el otro aunque los testimonios demuestren el engaño. Quien se ha criado en el desprecio hacia un colectivo humano, interpretará cualquier discurso sobre el tema en clave de “a favor o en contra”, sin grises. Si no se ha recibido alimento intelectual fundamentado en la palabra, la observación y el razonamiento lógico, difícilmente se tendrá interés, curiosidad por saber. En cada caso explicarás y explicarás, y perderás la voz en el intento.

Y están las otras palabras. Las que no entendemos.

final de año de borges

Categoría: Textos y poesías
31 de Diciembre del 2011

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere
y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.

La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Jorge Luis Borges

apellidos venezolanos, por jaime tello

Categoría: Educación, Textos y poesías, Venezuela
26 de Diciembre del 2011

Extraído del interesantísimo artículo “Sobre apellidos venezolanos” aparecido en THESAURUS. Tomo XL. Núm. 1 (1985), y que puede consultarse online en el Centro Virtual Cervantes.
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Más o menos hasta el siglo catorce los apellidos en España se formaban por el sistema patronímico: Álvarez, hijo de Alvaro; Rodríguez, hijo de Rodrigo; Pérez, hijo de Pero, etc., de la misma manera que en los idiomas sajones se formaban agregando el sufijo -son al nombre de pila: Anderson, Williamson, Johnson, etc. Los galeses los formaban agregando simplemente una s al nombre: Rogers, Williams, Evans, etc. Los irlandeses simplemente colocaban la preposición of entre dos nombres: William of Neill, que pronto se redujo a una o con apóstrofo: William O’Neill. Los idiomas eslavos, por su parte, agregaban el sufijo vich, que significa “hijo de”: Basil Ivanovich. Árabes y judíos, por su parte, colocaban el correspondiente ben entre los dos nombres, significando asimismo “hijo de”: Simón ben Isaac, por ejemplo. (Curiosamente, fue mi propio apellido el primero en fijarse en España. Ya en el siglo noveno, un tal Tel Pérez, del señorío de Meneses, tuvo dos hijos, uno de los cuales se llamó Tello de Meneses, y el otro Téllez, de donde salieron las dos ramas que ya se mantuvieron como es el uso actual: ya no era el caso de que Gonzalo Pérez tenía un hijo que se llamaría Pero González, y este otro que se llamaría Juan Pérez, y este a su vez otro que se llamaría Diego Ibáñez, quien a su vez procrearía otro llamado Gonzalo Diéguez, lo que hace tremendamente difícil seguir el rastro de las familias en los árboles genealógicos). Ya para el siglo catorce empezaron a inventarse los apellidos. La pista la obtuvieron, tal vez, los españoles, de los antiguos romanos, quienes usaban nombres y apellidos como ahora lo hacemos: Marcus Tullius. Esto implicaba que había un Marcos, perteneciente a la gens (familia) Tullía. Pero como habría varios con el mismo nombre propio, se le agregaba a cada quien un apodo (cognomen). Así Cicerón se llamaba Marcus Tullius Cicero (Cicero significa “garbanzo” —de donde viene el castellano “chicharro”—), pues tenía una verruga en la nariz. De igual modo, Publius Ovidius Naso (”narigudo”), Qintus Horatius Flaccus, etc….

La mayoría de los apellidos venezolanos son de origen castellano, canario y gallego, aunque a partir del siglo dieciocho, con el establecimiento de la famosa Compañía Guipuzcoana, empezaron a abundar los apellidos vascos, hasta el punto de que don Vicente Amézaga, historiador de dicha compañía, ha compilado una lista de más de mil quinientos. Más tarde vinieron las inmigraciones de diversos países de Europa, especialmente italianos y portugueses, que se establecieron definitivamente en Venezuela, hasta el punto de que apellidos como Pietri y Abreu son hoy típicamente “criollos”. Lo propio ha acontecido con inmigrantes de otras regiones, por lo que Venezuela ofrece hoy el más rico mosaico étnico de cualquier país de América Latina. Abundan, asimismo, los apellidos de origen judío sefardita. Son apellidos originalmente portugueses o españoles, de individuos que, huyendo de la persecución religiosa, emigraron a los Países Bajos primero, y de allí a Curaçao, de donde pasaron a tierras venezolanas, especialmente entrando por Puerto Cabello donde se establecieron y echaron raíces….

En el catálogo que se ofrece a continuación solo se toman en cuenta los apellidos de origen castellano, canario y gallego, sin incluir los numerosos apellidos vascos o catalanes. (Al decir ‘castellano’ me refiero al idioma, no a la región). Se incluyen, asimismo, los apellidos sefarditas. Debe tomarse en cuenta que la mayoría de los nombres de santos, usados como apellidos, fueron un arbitrio a que apelaron los judíos conversos (’marranos’), para asegurar sus vidas ante la implacable persecución religiosa desatada por el Santo Oficio. Así, apellidos como Santamaría, Sanjosé, Sanvicente, Sampedro, son de origen sefardita….

[De las enormes listas que presenta Tello y que impresionan por la variedad de apellidos, copio los de origen sefarditas]:

Abraham-Adán-Ahijado-Almea-Almosny-Asorraf-Bemergui-Benacerraf-Benadiba-Benadón-Benador-Benaiges-Benaím-Benalal-Benallán-Benamor-Benamu-Benaroia-Benaroyo-Benarroch-Benarroyo-Benasayag-Benasayeg-Benassy-Benatar-Benatuil-Benayán-Benazar-Benbunan-Bencecry-Bencid-Bencomo-Benchetrit-Benchimol-Benchocrón-Bendahán-Bendavíd-Bendayán-Benezra-Benguiqui-Benhaud-Benhayán-Benhayoum-Benhonou-Benjamín-Benmerguí-Bennazar-Benshimol-Bentata-Benzaquén-Benzecry-Beracasa-Berah-Beraha-Beraja-Capriles-Curiel-Chocrón-Daniel-David-De Sola-Diamante-Gabriel-Henríquez-Hermano-Isaac-Isaías-Jacobo-Jairo-Joaquín-León-Leví-Lucas-Maduro-Manuel-Mateos-Matías-Miguel-Moisés-Moreno-Muchacho-Noé-Obadía-Pablos-Padrin-Pariente-Pinedo-Pinto-Quijano-Rafael-Rafaela-Ricardo-Sabas-Salas-Salomón-Salvador-Samuel-Sananes-Sanjosé-Santamaría-Simón-Tobías-Toledano-Tomás-Vicente-Zacarías.

venezuela, ese país que queda allá lejos

Categoría: Textos y poesías, Venezuela
23 de Diciembre del 2011

Laureano Márquez y Claudio Nazoa, son dos humoristas-intelectuales venezolanos (o al revés, ya no sé) que mantienen y dan vida a la mejor resistencia ante el desaliento que hay en aquél país donde nací. Aquí un artículo de Laureano que envía Helen. Baste saber que la “Harina Pan”, la harina de maíz blanco con la que se hacemos nuestras amadas arepas, bollitos, empanadas y hallacas de toda la vida, es una marca comercial, de exportación, que además conseguimos aquí mismo en Carrefour, en el Syp, y en cualquiera de los chiringuitos-locutorios que venden productos sudamericanos, además de contectar a tanta gente de tres continentes con su familia.
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Que la gente le encargue a uno “harina PAN” cuando uno viaja al imperio, no puede ser algo normal. Montañas de este producto que la errática política económica ha hecho desaparecer de los anaqueles de nuestros mercados, se encuentra en abundancia en todos las pulperías  de Miami, al punto de que amigos y familiares, lo primero que me encargaron, cuando supieron que iba a viajar, fueron varios kilos de  nuestra emblemática harina de maíz. Yo se que con frecuencia se nos dice en cadena de radio y televisión que el imperio está a punto de hundirse, que lo que le falta es un empujoncito para terminar de desmoronarse por culpa del capitalismo salvaje, mientras nosotros, gracias al Socialismo del siglo XXI, avanzamos hacia el progreso y el bienestar. No sé por qué,  pero cuando escucho esta sentencia me viene a la mente aquella frase que decía el Tenorio: “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”, porque, en honor a la verdad, este derrumbe da cierta envidia: como 200 tipos de leche (entre “fat free” y “fat in jail”), aceite de maíz, café y -sé que no me lo van a creer-  hasta papel toilette se consigue. Las hallacas ya no van de Caracas a gringolandia, como en otros tiempos, sino que vienen del Doral o de la llamada Westonzuela a nuestro país, porque allá son ya tan comunes que hasta las venden en los supermercados y  hay, incluso, gente que prefiere hacerlas allá y traerlas, porque es más fácil y sale más barato viajar hasta el norte y conseguir allí los ingredientes de calidad. Además, como las hallacas se hacen en familia y la mitad de la familia está fuera, sirve de reencuentro. De hecho, creo que hasta la embajada está ofreciendo una visa especial del tipo “H-1 hallaca-visa”, que permite hasta 20 días de permanencia para el “making off”

harina-pan-que-llora.gif

Los venezolanos que andan por allá, cuando quieren hacerlo sentir mal a uno lo llevan a un supermercado de esos que venden desde cauchos de carro hasta alfileres, pasando por toda clase de productos comestibles. El estante del café, por poner un ejemplo, tiene tal variedad y marcas, que uno, que no está acostumbrado, se bloquea y prefiere no comprar. Claudio Nazoa insistía, como veníamos de vuelta a Caracas en un avión de Islandia, un país vecino al Polo Norte, en que trajéramos hielo para los tragos de diciembre, porque el hielo de Miami, según él, amén de ser más barato es de mayor calidad. Whisky si no trajimos, porque sabemos que ese producto de primera necesidad, nunca va a escasear en Venezuela. Los funcionarios de aduana del Seniat, ya no saben qué hacer porque a la planilla de declaración, la gente le anexa, simplemente, la lista del mercado de todos los productos nuestros que se consiguen allá y no aquí y como son productos nacionales, no pagan impuestos.

Nos tocará este diciembre partir el año con hallacas “made in Usa” y pavo de Walmart en vez del tradicional cochino.  Pero, por otro lado, nos cabe una pequeña satisfacción: ellos nos dominaran, pero nosotros, los derrotaremos desde adentro a punta de gastronomía, porque allí fui a una arepera por allá perdida en el “79th Ass of the world avenue y 25th st” y esa vaina estaba a reventar, no solo de venezolanos, sino de nativos del imperio y no es por nada, las arepas y empanadas más sabrosas que en Caracas, y cómo no van a ser, si las hacen con la genuina “harina bread”.