parábola de los talentos

Categoría: Educación, Textos y poesías
15 de mayo del 2013

Evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el de los dos talentos dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el que había recibido un talento dijo: Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo. Mas su señor le respondió: Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Reflexión (tomado de Aquí)

Los talentos no sólo representan las pertenencias materiales. Los talentos son también las cualidades que se nos han dado a cada uno. La primera reflexión alude al que recibió cinco monedas y a su compañero, que negoció con dos. Cada uno debe producir al máximo según lo que ha recibido de su señor. Por eso, en la parábola se felicita al que ha ganado dos talentos, porque ha obtenido unos frutos en proporción a lo que tenía. Su señor no le exige como al primero, ya que esperaba de él otro rendimiento.

Igualmente se aplica a nosotros, según las posibilidades reales de cada individuo. Hay personas que tienen gran influencia sobre los demás, otras son muy serviciales, otras, en cambio, son capaces de entregarse con heroísmo al cuidado de personas enfermas, los hay con una profesión, con un trabajo, con unos estudios, con una responsabilidad concreta en la sociedad… Pero puede darse el caso del tercer siervo del evangelio: no produjo nada con su talento. Alguien llamado a hacer un bien, aunque fuera pequeño, y resulta que no ha hecho nada. Eso es omisión, una manifestación de pereza, dejadez, falta de interés y desprecio a quien le ha regalado el talento.

mediocridad nacional

Categoría: Mundo, Textos y poesías
23 de febrero del 2013

Me envía Xisco Montoya este texto que se atribuye a Mario Vargas Llosa en su libro “La civilización del espectáculo”.
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Quizás ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica; va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional.
Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliares para sobrevivir.
Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.

Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza. Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

viva chávez (así muera)

Categoría: Textos y poesías, Venezuela
19 de enero del 2013

Mi querida Myriam Paul envía desde Venezuela un estupendo artículo aparecido el 12 de enero en la revista colombiana “Semana“, lo firma Daniel Samper Ospina
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Siempre he admirado al presidente Chávez y por eso sentí pavor cuando Juan Manuel Santos lo declaró su nuevo mejor amigo. No es por criticar, pero cualquiera sabe el peligro que encarna volverse amigo del presidente Santos. Miren al pobre Uribe, a quien acaban de reabrirle un juicio innecesariamente, porque cualquiera sabe que Uribe ya perdió el juicio. Y miren al buen Chávez, casi alma bendita, protoespíritu en trance sobre cuya muerte se especula todos los días en las redes sociales.

Hace apenas unos meses cantaba victoria sobre su cáncer de recto y se enfrentaba a los dos retos más grandes de su presente: propagar la gran revolución socialista por toda Latinoamérica y evitar la pañalitis. Pero todo es frágil, amigos, y esta vez ni siquiera pudo posesionarse; y hoy por hoy no es claro quién heredará, ya no digamos sus banderas, sino su sudadera, al menos, que será exhibida en el gran museo bolivariano cuando sea menester –dios quiera que no– honrar su gloria.
Aún me parece verlo, enérgico y sobrepuesto a su primera operación. “Este hombre está hecho con la materia de los inmortales”, me dije: “Como el ave Fénix, como Bolívar: como José Galat”. La única queja que emitió cuando se enteró de su enfermedad era conmovedora y humilde: “Dame tu corona, Cristo, dámela, que yo sangro”, imprecaba, ante un Juan Fernando Cristo estupefacto que no tuvo más remedio que ir al odontólogo, efectivamente, para cederle una corona al comandante.

Sin embargo, Chávez resurgió de sus cenizas y se lanzó a las elecciones con más vigor que nunca. “¡Grande, Chávez! –exclamé frente al televisor–: ¡se creció en la enfermedad!”. Y lo decía literalmente: estaba muy crecido, especialmente en el abdomen. La plaza en que inscribió su aspiración parecía a punto de reventar, al igual que su papada. En ese entonces persiguió, con razón, al canal Globovisión, cuyo nombre parecía una burla al tamaño de sus cachetes, y recibió con agrado la blusa de Pipona´s que Santos le envió como gesto de amistad entre los dos países.
Pese a todo, los analistas presagiaban que el comandante iba a verse afectado por la inflación del país. Pero –gloria a dios– sucedió lo contrario: fue el país el que se vio afectado por la inflación de Chávez, y el comandante resultó reelegido. No le hizo mella la escasez de productos que reinaba en Venezuela; ni siquiera el anuncio de que se había agotado el papel higiénico: recursiva, la gente se limpiaba con lo que podía, incluyendo a los líderes chavistas, que lo hacían con la Constitución: finalmente, la Constitución es un mero formalismo.

Resultó reelegido, sí, pero la vida es frágil. Y ahora corren rumores de que el comandante es un precadáver que esconden en La Habana. Algunos afirman que su salud es estacionaria; que incluso ha perdido la conciencia. Pero son malintencionados comentarios de la oposición: la verdadera noticia, en ese caso, sería que alguna vez la tuvo.
Como resultaría paradójico que la ausencia del comandante desate una lucha intestina –ahora que de luchas intestinas él mismo nada quiere saber–, aprovecho este espacio para lanzar una petición al pueblo venezolano: mi petición es que acepten lo que dijo el Tribunal Supremo de Justicia y hagan de cuenta que no sucede nada. Permitan que el comandante siga ejerciendo la Presidencia como está. La salud, si uno lo mira bien, es un mero formalismo. No es necesario que el presidente esté sano. Aún más: no es necesario que esté vivo, como en el caso de Fidel. Chávez puede gobernar su país ya no digamos en estado de sitio, sino incluso en estado de coma.

Seamos francos: ninguno de sus herederos le llega a los talones. Maduro está muy biche, si me celebran el juego de palabras. Y un país que pretenda ser serio no puede permitir que lo gobierne alguien llamado Diosdado Cabello: ¿a quién se le ocurre llamarse de semejante manera? ¡Parece el anuncio de un milagroso remedio capilar! ¿Por qué no lo llaman Regaine, directamente? ¿Quién será el nuevo embajador, el exmagistrado Valencia Copete, acaso? ¿No parece todo una tomadura de pelo? ¿Dónde estaba Cabello cuando el comandante se quedó calvo en la quimioterapia?
Me dirán que alguien que tiene un pie en el más allá no puede ejercer el poder. Pero Navarro Wolff también tiene un pie en el más allá y es de lo mejorcito de la izquierda. Y si es verdad que Chávez necesita estar conectado a un aparato para sobrevivir, qué mejor que ese sea al aparato estatal, que él mismo se encargó de remodelar a su justa medida.
Nadie puede negarlo. En estos momentos el comandante al fin se comporta como un estadista: luce sereno y calmo, como nunca. No da alocuciones eternas; no enriquece amigos; no entona joropos ni comenta sus problemas estomacales en la mitad de un discurso. No persigue medios de comunicación ni abraza guerrilleros; no expropia empresas ni amedrenta opositores. Estamos, amigos, ante el mejor Chávez. Permítanle continuar en ese estado. Me dirán que no está en sus cinco sentidos: nunca lo estuvo. Me dirán que es posible que haya muerto: no importa. De todos modos él siempre se creyó un mandatario del otro mundo. Y estar vivo, en el fondo, también es un mero formalismo.

el fin del mundo por laureano márquez (en venezolano)

Categoría: Rayos y Truenos, Textos y poesías
23 de diciembre del 2012

Helen Vanderpil envía este artículo que fue el editorial del 21 de diciembre del periódico caraqueño El Universal. Laureano Márquez es un conocido humorista venezolano y aquí nos deja un resumen con las instrucciones y reflexiones para despedir el planeta.
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Hoy se acaba la vaina, hoy era un día como para no escribir, sino sentarse a esperar el cumplimiento de las profecías Mayas. Yo hablé con el director de este diario:

- Teodoro, ya que se acaba el mundo, ¿no me puedes dar el día libre?, que lo voy a recibir en Margarita en casa de Guillermito que tiene una vista espectacular…

- Ni de vaina, chico, ¿tú como que te volviste loco? -me respondió Teodoro-…No, no, no, a mí ya una vez se me acabó El Mundo y aquí sigo echándole bolas. ¡En este periódico se hace editorial hasta el día del fin del mundo, chico, no me hagas arrechar!

Ante esa contundente respuesta no me quedo otra que escribir este editorial del día de hoy, cuya lectura recomiendo temprano porque el acontecimiento en cuestión es a golpe de cinco de la tarde (hora imprecisa Maya, que como buenos pre-latinos, son impuntuales). Imagínense como estará Caracas esta tarde: el mundo acabándose y la gente apurada tratando de hacer las últimas compras navideñas, las licorerías abarrotadas, comprando whisky todos para recibir el fin del mundo en familia y rascaos. Seguro que hasta la lechuga se cotiza hoy a 50 porque aquí, ante cualquier incertidumbre, la lechuga sube.

Bueno, igual quería despedirme de ustedes por si la vaina es verdad, que, de todas maneras, cuando uno ve lo que le espera a Venezuela el próximo año, casi que uno siente un respirito. Gracias por todo, por leerme los viernes y por el apoyo que le dan al periódico. Gracias por aquella vez que me pagaron la multa, queridos lectores. Nunca lo olvidaré. Si en la eternidad hay periódicos, allí seguiré escribiendo. Teodoro: Nunca me aumentaste el sueldo, esa no te la perdono, ni aquí ni en el otro mundo. Gracias a la gente del “Comité para la protección de periodistas” (CPJ, en inglés), por el apoyo brindado para seguir luchando por la libertad de expresión. La verdad ni sé por qué me estoy despidiendo si el fin del mundo es la cosa más democrática que existe, nos fregamos todos por igual.

Si quisiera aprovechar para darles algunas recomendaciones para cuando llegue la hora:

* No se pongan a inventar con juegos pirotécnicos. Por más que venga una bola de fuego del espacio, no es cuestión de andar provocando uno la vaina.

* No lancen globos con deseos, total no se van a cumplir. No solo por el fin del mundo, sino que los deseos los maneja el CNE.

* Guarden bien las cosas de valor y no anden esta noche por la calle con cadenas de oro ni relojes caros. Días como hoy los malandros aprovechan.

* Cómanse a medio día todas las hallacas que hayan hecho. Da como rabia el trabajo que da hacerlas para que se pierdan. No importa si se empachan, total es el fin.

* No cuiden hoy la salud, hagan todo lo prohibido, cometan excesos. No regañen a los chamos, por hoy que hagan lo que quieran. Si mañana ven que no se acabó, le dan su cueriza.

* Desenchufen la nevera, apaguen el calentador y las luces, acuérdense de que CORPOELEC te persigue hasta el fin del mundo, ya lo dijo su ministro eléctrico. Imagínense la cuenta que les van a pasar por toda la eternidad.

* Dicen que una de las eventualidades para esta tarde es una invasión extraterrestre. Pobrecitos a los que les toque Venezuela, cuando lleguen pensarán que ya aquí se había acabado antes.

En fin, hoy es el fin. Pero viéndolo bien, cada noche se acaba el mundo y cada mañana resucitamos de esa pequeña muerte que es el sueño y volvemos a comenzar, movidos por el extraordinario motor de la esperanza. Pásenla bien, por más que se acabe el mundo no molesten a los vecinos con música a todo volumen. De todas maneras, tengan confianza en el destino misterioso que se ha ensañado en los últimos tiempos con nosotros: estoy convencido de que si se acaba el mundo, aquí sigue, los venezolanos no tenemos tanta suerte.

Sea lo que sea, feliz fin del mundo y próspera eternidad nueva. Como diría Leónidas, el general espartano, nos vemos esta noche en el infierno, es decir, donde mismo.

oración para mujeres

Categoría: Textos y poesías
2 de noviembre del 2012

Tal cual como rodaba en la red en 2006…
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Señor, tú sabes mejor que yo, que estoy envejeciendo…

No permitas que me haga charlatana y sobretodo que no adquiera el hábito de creer que tengo que decir algo sobre cualquier tema, en cada ocasión.

Libérame de las ansias de querer arreglar la vida de los demás.

Que sea pensativa pero no taciturna; solícita pero no mandona.

Con el vasto acopio de sabiduría que poseo, parece una lástima no usarla toda, pero tú sabes, Señor, que quiero que me queden algunos amigos al final.

Mantén mi mente libre de la recitación de infinitos detalles del pasado.

Dame las alas para ir derecho al grano.

Sella mis labios para que no hable de mis achaques y dolores. Ellos van en aumento con el pasar de los años, como también mi gusto por recitarlos.

Pido la gracia de poder escuchar con paciencia el relato de los males ajenos.

Enséñame la gloriosa lección de que, a veces, es posible que esté equivocada.

Mantén en mí una razonable dulzura. No quiero ser santa. Es difícil convivir con algunas de ellas; pero una vieja amargada es una de las obras supremas del diablo.

Ayúdame a extraer de la vida toda la diversión posible. Nos rodean tantas cosas divertidas, que no quiero perderme ninguna.

Amén.

(Oración escrita por una monja. Siglo XVII)

juan beroes (1914 – 1976)

Categoría: Textos y poesías
27 de octubre del 2012

Pregúntale a ese mar

Pregúntale a ese mar donde solía
llorar mi corazón, si por su arena,
con dulce silbo de veloz sirena
cruzó la virgen que me viera un día

contar los granos de la arena mía.
Y a ese virgen nocturna de serena
vestidura, lunar, túrgida y llena,
pregúntale si el mar que la veía

despedirse llorando en mi memoria,
escribió por la arena aquella historia
con su pulso de espuma, triste y suave…

¡Tu también, corazón, vé a la ribera,
y con voz de esa brisa que te oyera
pregúntaselo al mar, que el mar lo sabe!

 

(del Libro de los Sonetos, XIII. 1944 – 1946)

 

Soneto en las arenas del mar íntimo

                                              “Pregúntale a ese mar donde solía…”

¿Pero, dime: la mar que te desviste,
serenísima y honda en la lejana
juventud de su luz salobre y vana,
es la misma que antaño conociste?

¿Aquella mar tan marinera y triste
que abrió un aire de espuma a la mañana,
y tu nombre grabó en la arena llana
con largas olas que en mi sangre viste?

¡Deshójate en la mar, viajera pura,
y grábale a la arena que perdura,
tus pisadas de virgen mensajera!

¡Que yo de pie, junto a la mar del cielo,
como un adiós sin brisa y sin pañuelo
te esperaré por siempre en la ribera!

 

(De Sonetos amorosamente escritos. Edit, 1964)