Si has visto alguna vez telenovelas venezolanas o sudamericanas, recordarás que en más de una, la protagonista se queda sin voz repentinamente y después se sabe que ha sido víctima de algún trauma; con los años se cura, recupera la voz y como siempre, termina en los brazos de su amorcito. Pero quizá también tengas un conocido que se queda sin voz por un disgusto, por un estado de tensión emocional o por un susto espantoso (aquí no entran los maestros; esa es otra historia… o quizá no). La cosa es que finalmente aprendemos cómo se llama esta disfunción que lleva a la afonía, y más importante aún, que no era cosa de telenovela, que es algo que realmente pasa. Paloma me ha enviado la página web del fonoaudiólogo Marco Guzmán , donde encontramos la siguiente descripción:
Disfonía Conversiva:
Es un cuadro más frecuente en mujeres, de inicio súbito, asociado a un evento precipitante, en el cual no hay historia de enfermedad laringea previa (tabaco, cuadro catarral). Se presenta como síntoma aislado sin otros síntomas acompañantes. La calidad de la voz es variable, siendo lo más clásico la afonía, pudiendo también haber voz áspera, disfonía severa, tono restringido. Existe disociación de funciones indisociables: risa, tos, carraspeo están conservados en su sonoridad. La alteración de la voz es estable, no fluctuante ni intermitente. En la laringoscopía podemos encontrar normalidad, hipotonía con imagen de seudoparálisis o hiato longitudinal. El paciente al hablar del síntoma cambia la voz, baja el volumen, se hace inestable al igual que al hablar del evento precipitante. De base siempre hay cuadros psiquiátricos graves como incesto, depresión mayor, muerte de un familiar, abandono, etc. Siempre hay una ganancia secundaria que por lo tanto es inconciente, con trastornos de la personalidad. Por lo tanto, debe enfrentarse pensando que la disfonía es sólo un síntoma de algo más grave y no la enfermedad en sí.
Y el cuadro de “ronqueras mentales” se completa con la…
Disfonía músculo tensional (DMT):

Estos pacientes presentan una tensión laringea aumentada, con laringe elevada, tensión suprahioidea, ataque glótico duro, voz soplada, con cuerdas vocales tensas, constricción del diámetro antero posterior de la laringe y juego de bandas (pudor laringeo), hiato fonatorio posterior, presencia de edema y eritema de cuerdas vocales. Si esta situación se mantiene lleva a cambios en la mucosa cordal que es lo que definimos como alteraciones orgánicas de base funcional. El manejo es multidisciplinario, colaborando el otorrino, fonoaudiólogo y psicólogo- psiquiatra, ya que muchas veces esto es la manifestación de conflictos no resueltos.