columna vertebral

Categoría: Nuevas tecnologías, Salud
31 de Enero del 2012

Malén nos pasa un enlace interesante; forma parte de la publicidad de una clínica de quiroprácticos, se llama Chiro One Wellness Centery supongo que será básicamente un centro de masajes. El punto es que de la web, lo mejor sin duda es la columna interactiva, donde al cambiar la posición del ratón a lo largo de las vértebras, se va explicando con qué zonas del cuerpo tiene relación y cómo pueden verse afectadas si no está bien “alineada”. Instructivo y “cuchi” a la vez. Venga, a darse un paseillo educativo.

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para los de mi quinta

Categoría: De la vida y de la muerte, Salud
10 de Diciembre del 2011

Eduardo Ramírez envía esto desde Medellín, son algunas definiciones y recomendaciones del oncólogo brasileño Drauzio Varella. Llegan como power point, pero me ha parecido más práctico copiar directamente los textos y aquí están. No hay sorpresas, pero siempre está bien darle una repasada.

Tercera Edad: Oficialmente comienza a los 60 años y se supone que termina a los 80, pero no hay consenso.

Cuarta Edad o Vejez: Se inicia a los 80 años y termina a los 90.

Longevidad: Se inicia a los 90 y termina cuando mueres.

Vejez saludable: Nadie está sano después de los 50. Sanos están los jóvenes; los viejos tienen siempre uno o varios achaques que son propios de la edad. De lo que se trata entonces es de envejecer saludablemente, es decir, con los achaques controlados y sin complicaciones.

Genética: Si quieres saber cuánto vivirás y cómo llegarás a esa edad, mira o recuerda a tus padres. La carga genética es fundamental para establecer un pronóstico de vida. Quien tuvo cáncer o infarto antes de los 60 lo trasmitirá en los genes a sus hijos por lo que éstos tendrán mayor probabilidad de desarrollar las mismas enfermedades. Lógicamente el desarrollo de una enfermedad crónica requiere la presencia de varios factores, donde el genético es sólo uno de ellos.

No hay atracón gratuito: “Somos lo que comemos” dicen los naturistas y no les falta razón. Si además de tener una carga genética desfavorable te pones 3 o 4 cucharaditas de azúcar en cada café, saboreas todas las pieles del pollo asado y te relames con las cortezas de cerdo del aperitivo del fin de semana, estás convirtiendo tus arterias en cañerías atascadas. Ergo, no habrá buena circulación, no habrá buena oxigenación, lo que equivaldrá a muerte celular o, dicho de otro modo, envejecimiento acelerado o prematuro. En consecuencia, si quieres tener una vejez saludable, a partir de los 50 años cuida tu alimentación y deja de comer cosas “químicas”, de abusar de las grasas… Un buen desayuno, un buen almuerzo y una pésima cena son la clave para equilibrar tu medio interno.

Viva la bebida: Aparejada a la dieta está la bebida. Abandona todas las bebidas gaseosas; esas las pueden tomar los jóvenes y con mesura, nosotros no. Todos esos líquidos tienen carbonato de sodio, azúcar y cafeína. A nuestra edad, estas sustancias vapulean al páncreas y al hígado hasta desgastarlos. Toma mejor limonada, zumos… Hasta la cerveza es preferible ya que se hace con agua hervida, tiene componentes naturales y no contiene sodio. Por otro lado hay bastante evidencia clínica que demuestra que el consumo moderado de alcohol después de los 50 años mejora la calidad de vida pues tiene tres efectos definidos: vasodilatador coronario, disminuye el colesterol y es un sedante moderado. En consecuencia, y de forma práctica, a la hora del almuerzo o por la noche, cuando llegues a tu casa y ya no tengas que conducir, pégate un lingotazo. Los licores más recomendados son el whisky, el vino tinto y el aguardiente puro. En lugar de tomar nitroglicerina para dilatar las arterias, o estatinas para bajar el colesterol, o un valium para estar tranquilo, consigues todo eso con un buen trago. Y si lo haces en compañía de las personas que quieres, el efecto se duplica. Ahora bien, sólo una advertencia: consumo moderado equivale a uno o dos vasos, porque si te pasas todos los días, el efecto es exactamente el contrario y te matará más rápido de lo que te imaginas.

No te pases, tampo hay que ponerse entrechos: Esto quiere decir que todas estas pautas son buenas, pero sin exagerar y, sobre todo, sin dogmatizar. Si haces una barbacoa para tu familia o tus amigos, no vengas con que “no como chorizo porque es muy grasiento” o “mi médico me ha dicho que solo beba dos copas y punto”. Nada reemplaza la alegría y el placer de compartir con los que te quieren; no hay grasa ni copa que no se pueda metabolizar en una buena tarde de esparcimiento. Los mecanismos de compensación de nuestro cuerpo son aún poco conocidos, pero así sucede: si disfrutas verdaderamente, el “pecado mortal” dietético se transforma en “venial”.

Nadie me quitará lo bailado: Eso es absolutamente cierto porque todo lo que comas y bebas te dejará huella y, cual retrato de Dorian Gray, tu cuerpo lo mostrará en la vejez. Las noches de juerga, los atracones, los excesos de todo tipo harán la vida de viejo muy desgraciada. Y no solamente a ti, sino a tu familia.

Pérdidas: La principal desgracia para un anciano es la soledad. Lo habitual es que las parejas no lleguen a viejos juntas; siempre alguien se va primero, con lo que se desequilibra todo el statu quo que sostenía a los componentes de la pareja. El viudo o viuda comienza a ser una carga para su familia. Mi recomendación personal es que traten de no perder - mientras tengan lucidez - el control de su vida. Eso significa, por ejemplo: yo decido cuándo y con quién salgo, qué como, cómo me visto, a quién llamo, a qué hora me acuesto, qué leo, en qué me distraigo, qué compro, en dónde vivo, etc. Porque, cuando ya no puedas hacer todo eso, te habrás transformado en un plomo completo, en un lastre para la vida de los demás.

cuidar las transiciones

Categoría: De la vida y de la muerte, Salud
27 de Noviembre del 2011

Cambiamos de una actividad a otra casi sin darnos cuenta, nos levantamos de un salto, nos desperezamos lo mínimo y bostezamos menos aún. Pero la mente necesita preparar cada nueva actividad a la que va a dedicarse, y el cuerpo debe acompañar esta preparación; o al revés, con la preparación y el calentamiento del cuerpo, preparamos la mente, la ponemos a punto. Una vez hablamos del cooling down de la gente de teatro, y como nos conviene incorporar este concepto a los que hacemos alguna actividad artística. Pero al seguirle dando vueltas al ciclo de energías y concentranción que envuelve una actuación o un concierto, llego a la conclusión de que cada actividad de nuestra vida diaria, aunque sea cotidiana y rústica, necesita una transición que la prepare y la despida. Detenerse y enfocar la mente y el cuerpo en lo que vamos a hacer, estar en el presente, en este momento único; estar con todos los sentidos.

Continuamente escapamos; hacia atrás y hacia adelante, la queja por lo que no hice, la preocupación por lo que está pendiente. Y pasamos a veces semanas viviendo simultáneamente tres dimensiones temporales que no nos dejan disfrutar y afrontar plena y completamente el presente, que siempre está comprometido con deudas o con espectativas.

Cuidar las transiciones ayuda a sacar más provecho del presente; te dices por ejemplo, y ahora me voy a dar un baño, y observas con atención cada prenda de ropa que te quitas, tomas conciencia de la temperatura del grifo cuando lo tocas, escuchas el sonido del agua al correr, colocas la toalla a mano para cuando hayas terminado, y teniendo todo a punto, y estando como Dios te trajo al mundo; respiras y metes el primer pie en el agua. Y estás absolutamente allí, disfrutando de ese pequeño regalo cotidiano; tu contigo, el agua, el vapor, el olor de un jabón rico, y después el contacto de una toalla domesticada por el uso.

Estar totalmente allí, o aquí, o allá. En lo dulce y en lo amargo, observando y comprometiéndose con la realidad tangible. Y para cada actividad, respirar antes, enfocar los objetivos, tensar (o relajar) los músculos en su justa medida y lanzarse a por ello.

hatha yoga

Categoría: Educación, Salud
13 de Agosto del 2011

Después de la más que satisfactoria experiencia de la pasada semana con las sesiones de yoga, me ha quedado curiosidad por saber un poco más de esta disciplina originada en la India y que tiene más de tres mil años. Así que lo primero fue preguntarle a Matilde Meire la profe, qué tipo de yoga estábamos practicando. Me explicó que es hatha yoga, algo así como la parte más corporal dentro del yoga difundido en Occidente. Forma parte de la raya yoga (también llamado ashtanga yoga), que en su forma más completa consta de ocho pasos o disciplinas que según lo que voy entendiendo, buscan tanto el bienestar físico y mental como la unión con lo divino o al menos con una postura de mayor espiritualidad.
El hatha yoga, reúne tres de estas disciplinas: los asana (las diferentes posiciones físicas), la pranayama que es el control respiratorio (prana es energía o más bien “energía mística” para los hindúes), y la savasana o relajación. Entre los otros cinco se encuentras los relativos a normas de conducta (no robar, no mentir, no violencia, abstinencia sexual y falta de apegos), preceptos más relacionados con la relación con lo divino (recitar los vedas, ofrecerse a Dios, limpieza física y mental), la meditación, la alimentación (el poco comer), la concentración y como consecuencia de todo, la trascendencia total que llaman samādhi.

Como reflejo de la propia vivencia estos días puedo comentar que la simple respiración, que se hace exclusivamente por la nariz ya ha sido una novedad. Por el canto, necesitamos respirar por la nariz y por la boca y según la música tomando todo el aire que se pueda cuando tienes una frase larga, así que esto de respirar sólo por la nariz con su limitación de volumen de aire mientras realizas trabajo físico pues me desconcertó al principio. De los varios aspectos que me han gustado diría que muy especialmente la lentitud de los movimientos, este moverse a conciencia y poco a poco, estirando un poco más y otro poco más; y la busqueda del equilibrio (básicamente el equilibrio sobre un solo pie, que más de una vez terminé casi cayéndome mientras buscaba una posición). Y luego está lo guapo de seguir instrucciones, de dejar que otro te guíe, de centrar la atención en una voz que escuchas, a veces con los ojos cerrados, y que va marcando el proceso, con tranquilidad y seguridad, sin titubeos. Este cambio de llevar la responsabilidad de dirigir a pasar a ser dirigido lo encuentro especialmente agradable.
Lo que hasta ahora me cuesta más (mal dicho, lo que no logro), y supongo que seguirá así un buen tiempo, es relajarme al punto de apagar o poner en standby la mente. Por momentos me doy cuenta que ha pasado algo, y tengo hasta microsueños, algún segundo en que el pensamiento va, como “a su bola”. Más en cuatro sesiones ya sería mucho, especialmente cuando todavía estás descubriendo el lenguaje, la velocidad, el propio cuerpo y sus limitaciones.

Es difícil juzgar los méritos técnicos de un docente cuando no tienes conocimiento de la materia que enseña, pero sí que puedes opinar sobre la seguridad con que trasmite la información, la tranquilidad con la que comunica (especialmente en algo como el yoga), del ritmo del discurso y el “hasta donde” insistir en un punto de la sesión; y la verdad es que Mati es estupenda. Ojalá y podamos compartir mucho tiempo profundizando en el yoga, que además de darnos la oportunidad de vivir mejor también te permite redescubrir a gente que creías conocer.

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una opción que no esta mal…

Categoría: Danza y teatro, Salud
21 de Junio del 2011



Visto en Tecnoculto

en zaragoza tenía que ser

Categoría: Salud
21 de Febrero del 2011

Cati Vilaret nos envía esta receta médica, siempre atenta a comunicar buenos consejos. La compañía de seguros y la Dra. Fernández se anotan un punto en atención a la salud conyugal… si el cuerpo aguanta ;-)

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