La envía Joan VIves.
Eduardo Ramírez envía este escrito que se presta a unas cuántas reflexiones.
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En la fila del supermercado, el cajero le dijo a una señora mayor que debería traer su propia bolsa de compras ya que las bolsas plásticas no eran buenas para el medio ambiente.
La señora pidió disculpas y explicó: “Es que no había esta onda verde en mis tiempos.”
El empleado le contestó:”Ese es nuestro problema ahora. Su generación no tuvo suficiente cuidado para preservar nuestro medio ambiente”.
Tenía razon; nuestra generación no tenía esa onda verde en esos tiempos. En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosas y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la planta para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que podían usas las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.
Pero no teníamos onda verde en nuestros tiempos. Subíamos las gradas, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio y oficina. Caminábamos al almacén en lugar de montar en nuestro vehículo de 300 caballos de fuerza cada vez que necesitábamos recorrer dos cuadras. Pero tenía razón. No teníamos la onda verde en nuestros días.
Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía sacudiéndose a 220 voltios, la energía solar y eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos. Pero esa señora está en lo cierto: no teníamos una onda verde en nuestros días.
En ese entonces teníamos una televisión, o radio, en la casa, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo (se acuerdan?), no una pantallota del tamaño de un estadio. En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hagan todo por nosotros. Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no plastoformos o bolitas plásticas.
En esos tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el pasto. Usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas que funcionan con electricidad.
Pero ella está en lo cierto: no había en esos tiempos una onda verde. Bebíamos de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas plásticos cada vez que teníamos que tomar agua. Recargábamos las plumafuentes con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las hojillas de afeitar en vez de echar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.
Pero no teníamos una onda verde por entonces. En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o un omnibus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o caminaban, en lugar de usar a la mamá como un servicio de taxi de 24 horas.
Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites a kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.
Así que ¿no les parece insólito que la actual generación esté lamentándose de cuán botarates éramos los viejos por no tener esta onda verde en nuestros tiempos?…
Doctor….
no levanto cabeza, no duermo,
me río solo, no miro a nadie,
no hablo con la gente,
me hablan y no pongo cuidado…
parezco un idiota…
¿qué tengo doctor?
—Una Black Berry!
lo envía Catecap
El inspirado compositor y musicólogo venezolano Juan Manuel Sánchez adapta el famoso Capricho 24 de Paganini para violín, a una versión pianística en las que usa diferentes ritmos del folklore y la música popular venezolana. Estructurado como un tema con variaciones, a veces es el ritmo y otras la secuencia armónica, la que nos devuelve el vals sincopado, el merengue clásico en cinco por ocho, un pajarillo y otras variantes llaneras del joropo como la chipola y el gaván. El recorrido no olvida la danza zuliana y el polo que uno llama margariteño pero que es patrimonio del oriente criollo. En fin que me ha encantado descubrirlo. Gracias a Valentín Moldován por enviar este regalo.
Muchos programas online de los que usamos con frecuencia traen pequeños chistes o jueguitos incorporados. Zoltan me acaba de pasar este último: escribes en el traductor de google (que por cierto funciona bastante bien) venga rafa, y especificas que quieres la traducción del francés al español. Y mira lo que te sale!
Resolviendo urgencias de las que depende la economía y la vida de la gente. Así nos comportamos frente a la facilidad que nos brindan los móviles (y demás dispositivos) para comunicarnos. Parece que todo se vuelve urgente y que requiere ser resuelto de inmediato. “Hay” que contestar todas las llamadas y responder todos los mensajes. La consecuencia es (yo la primera) que respondemos llamadas mientras mantenemos una conversación, contestamos mensajes -que hemos leído disimuladamente-, dejamos el móvil sobre la mesa mientras comemos; y en general, contestamos y respondemos, dejando al otro, o a los otros ”a la espera” de que resolvamos nuestras urgencias telefónicas. Bien pensado es de una mala educación absoluta, es una desconsideración hacia los demás.
Tendríamos que apagar el móvil mientras conversamos, mientras estamos reunidos, mientras estamos en la mesa. Por qué el otro tiene que esperar a que resolvamos cuatro cosas que perfectamente pueden postergarse unos minutos, media hora o el tiempo que sea. Cómo es que lo virtual telefónico se impone a la presencia real de las personas, a la conversación cara a cara. Mi papá decía que si uno respeta lo que está haciendo, mientras esto dura, todo lo demás puede esperar; ahora lo veo más claro.
Me vienen a la mente estos programas de radio y televisión en los que tienen unos invitados calificados para que opinen sobre un tema, y de tanto en tanto el presentador los interrumpe para dar paso a “la llamada de un oyente”.
Si somos presidentes, físicos núcleares decidiendo sobre Fukushima o estamos en una situación de emergencia continuada que requiere de nuestras decisiones inmediatas vale, contesta siempre. Para el resto de nosotros, creo que tendríamos que reconsiderar el cómo usamos la tecnología, especialmente cuando estamos con los démás.




Foto Per Endström