La última entrega de Harry Potter solo podía gustarme. Cuando eres fan eres fan, y reencontrarte con los protagonistas, los lugares, la estética, la historia; era una cita obligada que ya desde los primeros segundos estaba llena de nostalgia anticipada, sabiendo que era la última vez, que después de esta película la vida de cada uno (de ellos y de nosotros), seguiría sin la compañía de HP.
Dicho esto, qué fastidio verificar que se alargan innecesariamente escenas solamente por sacar partido a las posibilidades de la tercera dimensión. No la vi en 3D (desde Avatar -que vimos en 2 y 3D no cometo más ese error), pero igualmente mientras ves la peli vas pensando “esto es así por el 3D”, jo.
No me molestaron los cambios con respecto al libro, es una tontería juzgar una peli por lo que se parece al libro que le da origen, tiene que ser buena como película, y contar una historia coherente. En este sentido me pareció correcta, se solucionaron los grandes conflictos, se aclararon los secretos. Pero lo más flojo flojo, lo que me quitó un poco de emoción a medida que se acercaba el final, es la falta total de contenido épico que obligatoriamente debía tener esta peli. Esperaba una gran batalla, emocionante, larga, detallada, donde se pudiera observar un verdadero recorrido de todos los personajes en distintos momentos de lucha. Esperaba que se me saltaran las lágrimas; por supuesto que iba súper dispuesta a llorar y aplaudir al final; pero no. Se acabó y se acabó, sin aplausos en la sala, y sin ojos rojos. Jo.
Hombre, ya sabemos que los actores jóvenes no dan para mucho y siempre han sido de una rigidez corporal que sigue sorprendiendo después de 10 años (¿pero es que no han ido a clase en todo este tiempo?). Así que aparte de gozar una vez más de los cuadros vivos de Hogwarts, de ver a Voldemort y a Nagini, y de entrar en Gringotts (de los mejor de la peli toda la escena en el banco); son los mayores quienes salvan (una vez más) la parte actoral. Y entre ellos Alan Rickman, a quien increiblemente terminamos queriendo en su papel de Snapes.
Aunque ya lo sabíamos.
Ahora esperar a noviembre para comprar el “set” definitivo con todas las pelis y los contenidos adicionales. Y cada tanto, invitar a las peques (y a los mayores) a un encuentro con nuestro mago favorito, para siempre siempre.






Foto Per Endström