Llegamos a las 20h y no pudimos entrar, ni siquiera después que Emili se identificó como crítico. Tranquilamente caminamos hasta la pantalla externa y ocupamos un par de sillas al aire libre donde además de la música sentíamos caer la tarde al amparo de los muros de la Catedral de Palma, de la “Seu”, como dicen aquí.//. Una vez más recuerdo a Manel Cabero y su personal explicación del “oído relativo”, ese necesario para valorar la música cuando su función social es más importante que el resultado estrictamente artístico. Casi 400 personas cantando el Requiem de Mozart, con una orquesta que colaboró sin destacar especialmente y un director que llevaba las riendas bien firmes en las manos. Cantaires de distintos coros, de variado nivel vocal, de diversa experiencia; pero todos entusiasmados dando el máximo ante el reto de esta partitura extraordinaria que comparte el Olimpo de las sinfónico-corales que puedes cantar y escuchar cien veces sin dejar de maravillarte; el Mesías, Carmina Burana, la Novena, la Pasión según San Mateo… Nada grave que referir, la obra fluyó, hubo matices y contrastes, había una idea musical y la intención de conseguirla. José María Moreno una vez más demostró su vocación de valiente (que ya le viene en el apellido), apasionado, atento y ajustado; lo que se necesita en una aventura de este tipo.//. Tremendo salto cuantitativo y cualitativo para la Federación de Coros de Mallorca, que se apunta un rotundo éxito de convocatoria y recursos. Hasta la presencia de la Reina de España y las autoridades de la Isla, vistieron de lujo un concierto que no podía ofrecer, por sus propias características, el brillo de una velada profesional. Pero cuando uno sabe a lo que va, no añora la perfección técnica, va más bien con la curiosidad de ver y escuchar cómo se resolvía la partitura, como respondía el coro ante el reto, hasta dónde podían llegar.//. El tenor Joan Carles Falcón le dio el toque exquisito a la velada, un placer escuchar su fraseo y su dominio técnico y expresivo, realmente estupendo.//. Creo que todos los participantes merecen una sincera felicitación; estas iniciativas animan, empujan, estimulan a más; y es desde la base que se transforma la cultura de los pueblos; así es como se convierte en un bien de todos y para todos.
Anoche fuimos a un concierto de la Sinfónica de las Islas Baleares que tenía de todo; bueno casi de todo porque faltaba profundidad y limpieza en la mayoría de las obras. Dos solistas, flauta (Sharon Bezaly) y violín (Shunsuke Sato). Llama la atención cuando un curriculum impresionante no concuerda con lo que ves y escuchas en el escenario; deberían eliminar los currículos de los programas de mano; en la música es el aquí y ahora, no importa si la solista tiene 20 discos grabados y es un genio desde que tenía 11 años. Tiene que presentar un discurso musical contundente, unas ideas que aunque sean distintas a lo convencional, tengan convicción y profundidad, aplomo musical, y no sólo “deditos”. No sé que me ponía más de los nervios, la chica acomodándose el vestido, el pelo, el atril, untándose cremita en la boca; o la espera de una frase que me dijera algo, que justificara todo lo que decía el programa y la flauta de 24 kilates. Quizá una mala noche.//. Y después llega el portento técnico del violinista asiático, gracia y aplomo que me dejaron con ganas de escucharlo con otro tipo de obra, donde pudiéramos valorar el fondo de su capacidad de interpretar. Sarasate no le daba más oportunidad que demostrar su preparación de gimnasta olímpico.//. Fui al concierto casi por escuchar la obra de Elliot Carter, compositor que me gusta mucho, aunque más en las obras raras, disonantes y sin final “chin pón”. La Obertura Holiday es una fiesta orquestal, pero los planos sonoros quedaron bastante desdibujados por la falta de limpieza y precisión, el sonido me resultó como apastelado por momentos. Pero contenta de todos modos por poder escuchar algo del centenario compositor que se programa poco y nada.//. La noche no dejó mucho para el recuerdo; bueno, la flauta de oro, que siempre es una curiosidad.
Cuando nos sentamos en el teatro tuvimos la primera intuición, “esto puede ser una cursilada”. 10 minutos después sabíamos que no era cursi, es que no era realmente una función de ballet. ¿Quién puede ocuparse de algo más que no sea Freddy Mercury si te lo ponen en pantalla gigante?, no importa cuantos grand jeté estuviera haciendo el bailarín o lo buenos que pudieran ser los chicos del Ballet de Essen con sus piruetas; quedaron totalmente relegados en una coreografía, más bien en una puesta en escena, que los dejó en un lejano segundo lugar. Falló el concepto desde el comienzo, una cosa es bailar música de Queen y otra hacer una revista musical sobre el genio de Mercury, que fue lo que resultó a fin de cuentas. Para este homenaje no faltó nada, hubo humo, niñitos bailando, teatro negro, pantallas que bajaban y subían, focos que se movían, moto, público haciendo palmitas, estatua emergiendo del suelo como en aquella imagen del Planeta de lo Simios, pero en vez de Estatua de la Libertad, era el brazo con micrófono del cantante. Ni siquiera puede decirse que es un mal ballet, es que el coreógrafo (Ben Van Cauwenbergh) no dejó que nos enterásemos del todo. En la primera parte donde hacían las mayores demostraciones “técnicas”, no paraban de proyectar videoclips de conciertos multitudinarios de Queen; y en la segunda, donde hubo “cuadros” más logrados (en bañador, vestidos de detectives, el final larguísimo del que sale la foto) el nivel de baile era digamos, normalito dentro del profesional.//. Uno de estos espectáculo que se te olvidan apenas atraviesas la puerta del teatro; aunque salgas cantando we are the champions.

Auditorium de Palma, 24 de enero.
El 23 fuimos a escuchar el concierto del grupo vocal mallorquín Cap pela en el Teatro Principal. No los había visto en vivo y tenía curiosidad, en parte debido al programa de villancicos de su último disco. Tengo que decir que no es un estilo vocal que me entusiasme, llámese jazz o pop vocal a capella, me cansa rápido la armonía cerrada y los dum dum, chabadabas o uuus que terminan limitando los arreglos. Sin embargo, me gusta todo lo que se hace con seriedad y musicalidad así que me dispuse a disfrutar. Lo que me gustó: simpáticos, guapos, afinados (no en todas las canciones, pero intuyo que fue algo puntual), trasmiten buen rollo y el repertorio navideño estuvo bien seleccionado, un poco de aquí y allá como toca, unas rápidas otras sentimentales. A pesar de no tener voces extraordinarias sacan provecho de su material.//. Lo que me faltó: más soltura en el escenario, desparpajo, movimiento, colorido (desterraría el negro a menos que fuera charol, cuero, terciopelo o “lentejuelas”). Cantando con micrófono pueden cantar de espaldas, de rodillas, moverse con más libertad; jugar y arriesgar más… y bailar. Creo que sus antecedentes corales y el gen tímido mallorquín les pasan factura. No me gustaron los parlamentos, entre ingenuos de mentira y condescendientes. Vale que era “concierto familiar” con niñitos por todo y público que canta villancicos, pero creo que hay que evitar la tentación del camino fácil. Me gustó mucho el arreglo del “Noi de la mare”; y el éxito del cd está asegurado, ya está rodando por internet un pps de navidad con el “Fum Fum Fum” de fondo!!

Llegamos, cantamos, y nos fuimos a casa.//. El coro de escenario (Voces de Al Ayre Español) bien, la orquesta (Al Ayre Español) bien. Los solistas muy buenos; lo más interesante de la noche. La voz de la contralto (Patricia Bardon), dividía las opiniones, demasiado Amneris para algunos; pero de una categoría musical incontestable. La soprano (María Hinojosa), una princesita entre Heidi y Julie Andrews; estupenda pero con varias notas desafinadas en los ornamentos. El tenor (Helge Ronning) más que apropiado, muy en este estilo de interpretación barroca un poco afectada que gusta tanto. Y el bajo (Marek Rzepka), que me encantó en sus primeras intervenciones, fue pasando cada vez más trabajo con estas velocidades impuestas, una batuta (Eduardo López Banzo) indiferente a lo que su voz necesitaba para estar cómoda. En los tresillos del “Why do the nations”, sufrí. El otro extremo fue el “He was despised” súper lento, se sostuvo sin desarticularse por completo por la calidad de la mezzo.//. Y aquí llegamos al meollo del Mesías de este año. Me encanta la creatividad en un intérprete, especialmente agradezco nuevas propuestas en músicas muy conocidas (por ejemplo el trabajo de la orquesta en las arias); pero forzar al bajo, sentir el “Hallelujah” como una cancioncita intrascendente interpretada entre piano y mezzoforte, comenzar el “Glory to God” a media voz, perdiendo la oportunidad de esa explosión de sonido maravillosa con un gran coro al que se suman las trompetas por primera vez en toda la obra; pedir a este coro que cante el “The Lord gave the word” rapidísimo sin importar que las semicorcheas desaparezcan por completo; ya es mucho. Súmese el total abandono a su suerte del coro participativo y aparece un problema importante de concepto. De concepto musical y de entender este Mesías que organiza tan profesionalmente La Caixa; una cita que esperamos cada año con ilusión y ganas de cantar, de cantar cada vez más números!.
Las especialidades musicales son casi infinitas, como cualquier disciplina que se ha ido enriqueciendo con los siglos. Hay quienes han hecho su tesis doctoral en temas como las licuescencias de la notación messina (va de canto gregoriano) y hay quienes dominan todos los textos teóricos sobre estética musical desde Pitágoras. Los hay especialistas en acústica vocal (tengo un libro insólito de un estudioso sueco que analiza cada timbre y su efecto en diferentes salas, por supuesto lleno de ecuaciones matemáticas y gráficos, y poquísimas notas). Y están los intérpretes expertos, por épocas, por autores, por estilos, por géneros… y así casi ad infinitum.//. Y entonces llegan los directores. Los directores profesionales son, primero que nada, directores. Es decir que si son especialistas en algún género, compositor o estilo, esto es secundario. Primero dirigen, y dirigen de todo. Son los técnicos de la dirección, los que han trabajado el gesto, el uso del tiempo de ensayo, el vocabulario preciso para comunicarse con la orquesta o el coro; los que hablan con las manos. Pueden expresarse en cualquier idioma, pero siempre te enteras de lo que quieren, porque primero que nada saben lo que quieren, cómo lo quieren, y cuál es la forma más rápida de conseguirlo. //. Cantar o tocar con directores profesionales es una dicha. Luego vienen las exquisiteces.




Foto Per Endström