requiem de verdi en palma

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
30 de Marzo del 2010

Una obra genial está más allá de cualquier interpretación, resiste las visiones personales, la flexibilidad de intérpretes y directores a lo largo del tiempo. Y muy especialmente, una obra genial está para que todos aprendamos lo que es arte. Y la mejor manera de conocer y aprender algo es entrar en contacto directo con ese algo, manosearlo, degustarlo, paladearlo. Desde la platea te acercas a medias al arte; no serás ni siquiera un poco artista si no te atreves a hacer, a cantar, a tocar, a copiar páginas de música que te permitan sentir cada nota, cada giro, descubrir las dificultades, a veces inalcanzables. Ser artista también significa arriesgar. Sólo arriesgando te mides y te encuentras con tus posibilidades y limitaciones.
Anoche escuchamos en la Catedral de Palma el maravilloso Requiem de Giuseppe Verdi, una obra resplandeciente; difícil para la orquesta, el coro, los solistas, una prueba de fuerza y “de esfuerzo” para el director. Oirla en la Catedral te da cuartelillo para escabullir la crítica, porque la acústica es simplemente horrible, todo se mezcla y se confunde. Pero el trabajo abrumador del conjunto estaba allí; imperfecto, a veces rústico, y a la vez extraordinario. Porque no tiene nada de ordinario escuchar 300 y tantas voces cantar esta obra que además se programa poco y nada; no tiene nada de ordinario escuchar a una orquesta formada por jóvenes abordar una partitura exigente más allá de dificultades técnicas, una obra verdiana que exige todo el coraje y toda la pasión que da la madurez. Siempre puedes quedarte con lo que no salió, con los fugados perdidos en la bóveda, con la gracia del Sanctus desvanecida, con algunos ataques imprecisos, con una afinación imperfecta a veces. No me quedo con eso, me quedo con el trabajo y el gusto de escuchar el Requiem, con la atención de los artistas involucrados, con la evolución de la obra a lo largo de semanas de ensayos hasta lograr un sonido hermoso en tantos momentos, con Jaehwan Jeong (tenor), con la portentosa Eugenia Bethencourt (soprano), con José María Moreno, que siempre te sorprende con su energía sin límites. Y me quedo con la organización, con esta Federación que hace magias desde la iniciativa de acercar el arte mayor a estos cantaires que cada vez quieren más, que van desarrollando el gusto por el reto y por descubrir nuevas partituras. Esta es la locomotora que hay que alimentar, la que puede en un futuro próximo arrastrar todo el tren de la música sinfónico-coral en la Isla, la que puede sorprenderte con novedades, con pasión y con proyectos extraordinarios.

y al día siguiente, pimpinela

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
7 de Septiembre del 2009

Y no es aquello de “pasar de lo sublime a lo ridículo” porque este par se las trae. Más bien podría llamar el post “Fórmulas que funcionan” y recordar la tantas veces escuchada frase de mi papá, “no cambies una fórmula ganadora”, y ellos no la cambian. Por Palma han pasado ya unas cuantas veces, creo que siempre en el Auditorium, y creo que siempre con el teatro lleno. Para nosotros fue la segunda vez, Emili tiene que ir para escribir la crítica (aunque su área sea música clásica, de vez en cuando le toca cubrir algo “popular”) y yo me apunto para recordar aquellas canciones que escuchaba en las radios de Caracas y que le encantaban a la gente sencilla (creo que esto ya lo dije hace casi dos años atrás). En fin, cuando superas el exceso de decibelios que parece ya una constante en todos los espectáculos de música popular al igual que en el cine, no puedes sino apreciar el profesionalismo de Lucía y Joaquín. Ella es un portento vocal que no te puedes creer que ya tenga 25 años dado los mismos lecos y cantando aquellas letras casi sin respirar; él hace lo que puede con lo que tiene, pero es un partenaire gentil que aguanta estoicamente la avalancha de insultos y recriminaciones: traidor, mentiroso, embustero, poco hombre… Una detrás de otra; la gracia histórica de Pimpinela y sus historias de amor “con pelea” o “sin pelea” como ellos mismos clasifican sus canciones. Joaquín compositor; canciones que son un inmenso patchwork de todo, y de ellos mismos.
El público se la pasa bomba; cultura popular, machismo y mujeres que se quejan; latinoamérica en bragas. Ya casi una caricatura en el siglo XXI.
Y sin embargo, en algún momento te da como sentimiento cuando Lucía canta …“necesito una flor, una flor, una flor…”.
Será verdad una otra frase de mi papá; “es que en el fondo, todos tenemos un cabaret en el corazón”.

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jaume mas porcel (1909-1993)

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
6 de Septiembre del 2009

Asistir a un concierto donde toda la música es del mismo compositor requiere una cierta disposición; pero si además al compositor no lo conoces sino de nombre, empiezas a preparar mentalmente un plan alternativo para la huida en la media parte. Claro que si tienes que participar en el coro cantando un par de canciones al final, pues entonces ya vas resignada y buscas una silla en un lugar sombrío para echar un sueñecito discretamente hasta que toque el momento coral. Pero en este caso no fue necesario ni huir ni dormirse.

La primera parte era toda de piano. Un desfile de buenos pianistas, de distintas edades y estilos, que fueron desgranando su visión de las obras del compositor mallorquín. A los 10 minutos de escucha atenta y curiosa, me rendí ante la calidad y la belleza de una música escrita con gracia, inspiración y con mucho conocimiento del instrumento. Para mi gusto demasiado impresionista todo, especialmente considerando la música que se escribía en Europa entre 1930 y 1950, periodo al que pertenecía todo el repertorio presentado. Ya centrada en el estilo, me encantó la brevedad de todas las obras, en cada una, el compositor mostraba oficio y un toque de humor que se refleja en títulos como “pour un philosophe kantien” o “pour un champion de natation” (de Metéores, 1935) o la Sonatine esportiva (1942). Pasaba el tiempo y te iba dejando con ganas de más, con curiosidad por escuchar la próxima pieza. Fue un concierto largo larguísimo, pero fluyó gracias a la calidad de la música. Tocaban piano Bartomeu Jaume, Joan Moll, Andreu Riera, Ramón Coll y Miquel Estelrich (amoroso adalid de esta socialización de Mas Porcel) y cada participación implicaba entre cuatro y diez piezas breves. Cuando llegó el intermedio no solamente estaba despierta y bien despierta, sino con un buen humor que sólo podía ser producto de un alimento espiritual exquisito, favorecido por una brisa veraniega que lo bendecía todo.

La segunda parte fue vocal, Eulàlia Salbanyà acompañada al piano por Bartomeu Jaume, Antoni Aragón acompañado por Andreu Riera y Joana Llabrés por Miquel Estelrich. Los poemas, de Paul Verlaine y Miquel Forteza Pinya. Aquí encontré más variedad entre los estilos usados por el compositor, disfruté especialmente el lirismo casi italiano de las tres canciones con poemas de Verlaine cantadas por Eulália Salbanyà y una vez más aprecié la categoría vocal de Antoni Aragón. Siguió a los solistas vocales la “Balada para dos pianos” interpretada por Albert Díaz y Xavier Mut, con un Mas Porcel un poco más moderno, aunque sin alejarse mucho de las brumas sonoras que tan bien dominaba. Terminó el concierto con la Cançó de bressol (1934) por parte del coro (un heterogéneo grupo captado por la Federación de Corales de Baleares), con Joana Llabrés como solista, y el coro final de la ópera “El Castell d’ irás i no tornaràs” (1953). La adaptación de la canción de cuna (que habíamos escuchado previamente en la Suite Mallorquina, para piano) más que una adaptación, es una transcripción poco afortunada. Una línea de sopranos incantable para cualquier coro, que hasta a una solista con el oficio de Llabrés le dificultó la intepretación que precisa. Sin profundidad en las voces graves (los bajos apenas cantan un do2) y con una línea de tenores sacrificada cuando finalmente llevan la melodía. Una partitura que se dormirá en la biblioteca de cualquier director a pesar de la belleza del original. Con el coro final del “Castell” me he quedado con las ganas de escuchar la ópera completa; intenso, un bloque sonoro que impone su fuerza armónica y el mensaje del texto; Albert Díaz y Xavier Mut, en el acompañamiento a dos pianos, estupendos. Lástima la heterogeneidad coral antes comentada, que impidió tanto un mayor control vocal como seguir con mayor fidelidad las claras indicaciones que el director Joan Company había dado en los ensayos previos. La ocasión merecía un coro más grande y una organización que garantizara poder sacar más provecho de la partitura, y del director. El ensayo general, aún con menos cantaires, fue superior a lo que pudimos mostrar esa noche. Que penita. Pero queda Jaume Mas Porcel y su música, que fue lo que nos reunió y a casa llena, un éxito de concierto en todos los sentidos. La bandera mallorquina bajo el retrato del compositor, que al principio me pareció una cosa como cursi en un concierto, al final la consideré como un llamado a la autoestima de la gente de esta tierra, por contar con otro compositor del que sentirse orgullosos.

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Imagen del blog de Nanda Ramón.

acústica

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
20 de Julio del 2009

Fuimos ayer al concierto de la Jove Orquestra Balear en la Iglesia de la Cartuja de Valldemossa; un concierto a media tarde que permitía llevar a las niñas, dar un paseo por el pueblo que se encuentra de fiesta con su Beata Sor Tomaseta y disfrutar una vez más de Eduardo Bernabeu (clarinete) como solista. Debía ser entonces un placer de principio a fin ya que sabíamos del buen nivel del grupo (reforzado desde su fundación con sendos músicos de la Sinfónica de Baleares) al que se sumaba el atractivo de un repertorio bueno, bonito y breve: una obra estupenda de Josep Prohens, “Homenatge a l’Himne de Felanitx”, de estas que uno piensa “mmm… me gustaría dirigirla…”; el Concierto para clarinete en la menor (k.622) de Mozart, y la Sinfonía “La Poule” (nº 83) de Haydn.//. Pero la iglesia no ayudó para nada con una acústica que mezclaba todo lo que salía de los instrumentos; se perdieron ataques y articulaciones, los matices se enmascaraban unos a otros por una reverberancia que no se acababa nunca, el pobre Mozart se convirtió en un pasticho sonoro (muy afinado eso sí) en el que apenas logramos disfrutar del buen hacer y la inspiración de Bernabeu. Menos se sacrificó la obra de Prohems pues sus sonoridades largas y tensas soportaron mejor la acústica de la iglesia. De la sinfonía nada que decir porque nos fuimos en los aplausos después del concierto, más repertorio clásico allí era seguir sacrificando la música. Joan M. Barceló fue un director tranquilo, comedido y bastante seguro, aunque lo encontré un poco laxo en cuanto a la tensión muscular necesaria para llevar las riendas del grupo y sacar más intensión a las interpretaciones.

La apuesta de esta orquesta como alternativa cultural turística a la oferta de sol y playa mallorquina (más o menos lo que dice el programa de mano sobre la justificación de su fundación) no sé si termina de convencerme; durante la primera obra del concierto los turistas salieron y entraron a sus anchas, con chancletas y sin chancletas, con sombreritos y sin, entraban se sentaban cinco minutos y salían. La puerta franca en un concierto de música clásica no es una buena idea, no solo perjudica la concentración de todos, sino que además terminará cansando a los propios músicos que sentirán que van por allí haciendo bolos, indiferentes al público y finalmente a la música… y estos jóvenes que suponemos llenos de ilusión se convertirán en los típicos músicos de atril, apáticos, estos de los que están llenas las orquestas profesionales.

novena sin beethoven

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
25 de Mayo del 2009

La interpretación más deprimente de la novena sinfonía que he escuchado en 20 años fue la que sonó el jueves 21 en el Auditorium de Palma. Ni la muy buena sección de madera de la Simfónica de Balears en el segundo movimiento ni el coro en el último fueron capaces de salvar una presentación descontroloda, desafinada, con una orquesta gris, sin vida ni tensión. Hasta el solo de los chelos en el ultraconocido tema del “escucha hermano la canción de la alegría”, estuvo desafinado, increíble pero cierto. Hubo un momento en que dudé de lo que escuchaba, pero no; era cierto. Ataques inseguros, incluso en el coro (integrado por la Coral Universitaria y el Coro del Teatro Principal) que no es precisamente de principiantes, pero en quienes se notaba la desconfianza que le tenían al director; el “Alle Menschen” y el “Ihr stürzt nieder, Millionen?” fueron ejemplos.//. Qué fastidio que no te dejen disfrutar una obra tan maravillosa, y más cuando vas con la mejor disposición, con ganas de pasártela bomba. Es difícil entender lo que puede estarle pasando a Philippe Bender, más allá del desencanto que parecen presentar los directores de la Simfónica despúés de unos añitos con esta Orquesta.

cuom en la guitarra balear

Categoría: Blogósfera, Críticas, Música
21 de Mayo del 2009

Nuestro amigo Antoni Mir, ha tenido la amabilidad de dedicarle un espacio en su blog sobre La Guitarra Balear al concierto que realizara el Cor de la Universitat Oberta per a Majors el jueves 7 de mayo. Toda una semblanza del concierto incluyendo programa, currículos y comentarios. Muchas gracias Toni!

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