don pasquale

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
28 de Agosto del 2010

Anoche en el Casal de Peguera. Una delicia. Con una orquesta reducidísima que no por ello perdió garra sino al contrario se creció en el compromiso (¿quién hizo la adaptación orquestal?). Puras estrellas animando desde el falso foso de un espacio escénico reconvertido en teatro de ópera. Todo estaba meticulosamente redimensionado para la ocasión, orquesta, vestuario, escenografía; y esto mismo puso en evidencia la categoría de los artistas que se presentaban y la inspiración de la propuesta. El trío formado por Don Pasquale (Stefano Rinaldi Miliani), el Doctor Malatesta (Bartomeu Bibiloni) y Norina (Manuela Cucuccio) fue simplemente esplendoroso, con una complicidad que nos cautivó de principio a fin. Rinaldi funcionó como eje inspirador, un vero maestro en lo vocal y la actuación. Bibiloni, que podría parecer joven para el abogado que mueve los hilos, estuvo impecable, gran voz y estupendo como actor. Y la Cucuccio, divina, divertida y espectacular en los agudos. Aquella pelea con el velo negro que se le caía y se lo volvía a acomodar mientras cantaba (no sé si casual o pautado) resume la naturalidad con que resolvió los pasajes más virtuosos.

Ernesto (Antoni Aragón) no entiendo bien por qué, resultó como aislado del resto del elenco y se escuchó un poco cansado, me cuesta definirlo, porque su gran sonido estaba allí. El Notario, interpretado por Josep Rubio, cantaire de siempre del Cor de Calviá, defendió con gracia y soltura sus participaciones cantadas y a la guitarra. Quizá lo menos brillante de la noche fue el Coro, inseguro un par de veces y fuera de tempo un par más. Una pena porque como conjunto se veían en escena cómodos y trasmitían ese gusto y alegría por el repertorio lírico que los ha caracterizado siempre. Justamente el coro realzó momentos muy bellos visualmente, en el tercer acto con aquellas ramas que los convirtieron en un bosque vivo, y al finalizar la obertura mientras barrían y limpiaban rítmicamente el escenario. Un trabajo en todo momento delicado y bello de Dominic Hull, quien materializó perfectamente la propuesta-apuesta artística de Francesc Bonnin, el brujo detrás de la batuta. ¡Enhorabuena Xisco!

Hay una segunda función el próximo domingo 29 de agosto, a las 20.00h, por poco que podais acercaros a Calviá para gozar de este Don Pasquale lleno de talento y energía revitalizadora.

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XI Festival de Ópera de Calvià
Don Pasquale (Opera buffa en tres actos de Gaetano Donizetti y libreto de Michele Accursi, estrenada en París el 3 de enero de 1843)
Orquesta de Cámara: Francisco Sard (I violín), Christine Schedukat (II violín), Marta Halter (viola), Emmanuel Bleuse (chelo), Bronnhilde Ekermans (contrabajo), Josep Miralles (flauta), Carlos Fortea (oboe), Eduardo Bernabeu (clarinete).
Coro de Calvià: Dir. Llorenç Gelabert
Dramatización y espacio escénico: Dominic Hull
Dirección artística y coordinación: Francesc Bonnin

ute lemper, arrolladora

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
4 de Julio del 2010

Como marco, el Teatro Principal; la oportunidad, la séptima edición del Jazz Voyeur Festival. Al bandoneón Tito Castro, la sensibilidad personalizada; al piano el impresionante Vana Gierig, con todo lo que un pianista de jazz (o de cualquier género) podría desear. Y llenando todo el escenario, cada esquina, cada silla, la tapa del piano… Ute. Hace lo que quiere con su voz, pasa de registro de pecho a cabeza en un plis, hace fiorituras, imita una trompeta, silba, canta en alemán, francés, castellano, inglés. Baila, se rie, hace chistes, nos cuenta historias. Y agobia. Es difícil argumentar cuando no te ha complacido la actuación de un gran profesional. Tiene que ver con lo que me faltó, ternura, delicadeza, expresividad sin ornamentos ni efectos especiales. Ese ir ganándonos poco a poco, calentando al público de forma que pudiésemos entregarnos sin reservas. Pero no es el estilo, llegó, cantó, se movió y habló de una forma tan ¿imponente? que después de la primera pieza quedé estupefacta; soltó todo lo que tenía en la bola (perdón por la referencia beisbolera) a la primera. Después siguió una Lili Marleen tristona, que le sirvió para respirar y retomar el ímpetu y el swing. Cada canción y cada movimiento controlados milimétricamente. Cantó igual (de bien) canciones de Piaff que de Kurt Weill, hubo Piazzola como estaba anunciado. De bis el guapísimo Youkali de Weill, un portento de artista sin duda alguna. Pero.

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críticos

Categoría: Críticas, Música
5 de Abril del 2010

Conocí en Caracas a un estupendo crítico musical llamado Daniel Salas, y tuve la suerte de ser alumna suya en clases de Estética, una de estas asignaturas oficiales en los estudios tradicionales de conservatorio. Sus críticas sin ser del estilo “saca pellejo” eran justas a la vez que mesuradas y muy bien escritas. Un día supe que se retiraba de la crítica; en la próxima clase que tuvimos no me aguanté y le pregunté si era verdad el rumor. Me lo confirmó y quedé atónita, más por su respuesta al “por qué” que por su decisión. Me dijo que el había crecido musicalmente al lado de muchos de los artistas que ahora le tocaba criticar y que le dolía la actitud que tomaban cuando las críticas no eran favorables; resumiendo, este trabajo secundario en su vida no le compensaba los malos ratos que en ocasions vivía después de las críticas. En aquellos tiempos lo consideré una debilidad, confieso que hasta me desilusionó un poquito. Caracas no era París ni New York (supongo que aún no lo es…) donde los críticos, casi semidioses, son capaces de destruir, o elevar a un artista hasta el Olimpo. Una ciudad con un intenso movimiento musical, sinfónico, coral, de cámara, pero con una gran inmadurez para lidiar con las opiniones adversas; podría resumir aquel tiempo como una época de mucha música y pocos críticos. Con la ópera era diferente, un mundo aparte donde se esperaban las críticas y los críticos especializados se daban gusto con propios y extraños. Porque la ópera tiene esto, es territorio de melómanos, todos son expertos, público, críticos e intépretes; y las críticas le ponían pimienta a la cosa; nunca supe de depresiones ni desplantes ante una crítica, aunque seguro los hubo. Quince años después vuelvo a acordarme de Daniel Salas, justo después de un concierto aquí en Palma, en el que ha participado mucha gente querida. Me he aburrido como una ostra con una obra que debía ser de una intensidad superlativa.
Y no me siento capaz de ir más allá.

requiem de verdi en palma

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
30 de Marzo del 2010

Una obra genial está más allá de cualquier interpretación, resiste las visiones personales, la flexibilidad de intérpretes y directores a lo largo del tiempo. Y muy especialmente, una obra genial está para que todos aprendamos lo que es arte. Y la mejor manera de conocer y aprender algo es entrar en contacto directo con ese algo, manosearlo, degustarlo, paladearlo. Desde la platea te acercas a medias al arte; no serás ni siquiera un poco artista si no te atreves a hacer, a cantar, a tocar, a copiar páginas de música que te permitan sentir cada nota, cada giro, descubrir las dificultades, a veces inalcanzables. Ser artista también significa arriesgar. Sólo arriesgando te mides y te encuentras con tus posibilidades y limitaciones.
Anoche escuchamos en la Catedral de Palma el maravilloso Requiem de Giuseppe Verdi, una obra resplandeciente; difícil para la orquesta, el coro, los solistas, una prueba de fuerza y “de esfuerzo” para el director. Oirla en la Catedral te da cuartelillo para escabullir la crítica, porque la acústica es simplemente horrible, todo se mezcla y se confunde. Pero el trabajo abrumador del conjunto estaba allí; imperfecto, a veces rústico, y a la vez extraordinario. Porque no tiene nada de ordinario escuchar 300 y tantas voces cantar esta obra que además se programa poco y nada; no tiene nada de ordinario escuchar a una orquesta formada por jóvenes abordar una partitura exigente más allá de dificultades técnicas, una obra verdiana que exige todo el coraje y toda la pasión que da la madurez. Siempre puedes quedarte con lo que no salió, con los fugados perdidos en la bóveda, con la gracia del Sanctus desvanecida, con algunos ataques imprecisos, con una afinación imperfecta a veces. No me quedo con eso, me quedo con el trabajo y el gusto de escuchar el Requiem, con la atención de los artistas involucrados, con la evolución de la obra a lo largo de semanas de ensayos hasta lograr un sonido hermoso en tantos momentos, con Jaehwan Jeong (tenor), con la portentosa Eugenia Bethencourt (soprano), con José María Moreno, que siempre te sorprende con su energía sin límites. Y me quedo con la organización, con esta Federación que hace magias desde la iniciativa de acercar el arte mayor a estos cantaires que cada vez quieren más, que van desarrollando el gusto por el reto y por descubrir nuevas partituras. Esta es la locomotora que hay que alimentar, la que puede en un futuro próximo arrastrar todo el tren de la música sinfónico-coral en la Isla, la que puede sorprenderte con novedades, con pasión y con proyectos extraordinarios.

y al día siguiente, pimpinela

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
7 de Septiembre del 2009

Y no es aquello de “pasar de lo sublime a lo ridículo” porque este par se las trae. Más bien podría llamar el post “Fórmulas que funcionan” y recordar la tantas veces escuchada frase de mi papá, “no cambies una fórmula ganadora”, y ellos no la cambian. Por Palma han pasado ya unas cuantas veces, creo que siempre en el Auditorium, y creo que siempre con el teatro lleno. Para nosotros fue la segunda vez, Emili tiene que ir para escribir la crítica (aunque su área sea música clásica, de vez en cuando le toca cubrir algo “popular”) y yo me apunto para recordar aquellas canciones que escuchaba en las radios de Caracas y que le encantaban a la gente sencilla (creo que esto ya lo dije hace casi dos años atrás). En fin, cuando superas el exceso de decibelios que parece ya una constante en todos los espectáculos de música popular al igual que en el cine, no puedes sino apreciar el profesionalismo de Lucía y Joaquín. Ella es un portento vocal que no te puedes creer que ya tenga 25 años dado los mismos lecos y cantando aquellas letras casi sin respirar; él hace lo que puede con lo que tiene, pero es un partenaire gentil que aguanta estoicamente la avalancha de insultos y recriminaciones: traidor, mentiroso, embustero, poco hombre… Una detrás de otra; la gracia histórica de Pimpinela y sus historias de amor “con pelea” o “sin pelea” como ellos mismos clasifican sus canciones. Joaquín compositor; canciones que son un inmenso patchwork de todo, y de ellos mismos.
El público se la pasa bomba; cultura popular, machismo y mujeres que se quejan; latinoamérica en bragas. Ya casi una caricatura en el siglo XXI.
Y sin embargo, en algún momento te da como sentimiento cuando Lucía canta …“necesito una flor, una flor, una flor…”.
Será verdad una otra frase de mi papá; “es que en el fondo, todos tenemos un cabaret en el corazón”.

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jaume mas porcel (1909-1993)

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
6 de Septiembre del 2009

Asistir a un concierto donde toda la música es del mismo compositor requiere una cierta disposición; pero si además al compositor no lo conoces sino de nombre, empiezas a preparar mentalmente un plan alternativo para la huida en la media parte. Claro que si tienes que participar en el coro cantando un par de canciones al final, pues entonces ya vas resignada y buscas una silla en un lugar sombrío para echar un sueñecito discretamente hasta que toque el momento coral. Pero en este caso no fue necesario ni huir ni dormirse.

La primera parte era toda de piano. Un desfile de buenos pianistas, de distintas edades y estilos, que fueron desgranando su visión de las obras del compositor mallorquín. A los 10 minutos de escucha atenta y curiosa, me rendí ante la calidad y la belleza de una música escrita con gracia, inspiración y con mucho conocimiento del instrumento. Para mi gusto demasiado impresionista todo, especialmente considerando la música que se escribía en Europa entre 1930 y 1950, periodo al que pertenecía todo el repertorio presentado. Ya centrada en el estilo, me encantó la brevedad de todas las obras, en cada una, el compositor mostraba oficio y un toque de humor que se refleja en títulos como “pour un philosophe kantien” o “pour un champion de natation” (de Metéores, 1935) o la Sonatine esportiva (1942). Pasaba el tiempo y te iba dejando con ganas de más, con curiosidad por escuchar la próxima pieza. Fue un concierto largo larguísimo, pero fluyó gracias a la calidad de la música. Tocaban piano Bartomeu Jaume, Joan Moll, Andreu Riera, Ramón Coll y Miquel Estelrich (amoroso adalid de esta socialización de Mas Porcel) y cada participación implicaba entre cuatro y diez piezas breves. Cuando llegó el intermedio no solamente estaba despierta y bien despierta, sino con un buen humor que sólo podía ser producto de un alimento espiritual exquisito, favorecido por una brisa veraniega que lo bendecía todo.

La segunda parte fue vocal, Eulàlia Salbanyà acompañada al piano por Bartomeu Jaume, Antoni Aragón acompañado por Andreu Riera y Joana Llabrés por Miquel Estelrich. Los poemas, de Paul Verlaine y Miquel Forteza Pinya. Aquí encontré más variedad entre los estilos usados por el compositor, disfruté especialmente el lirismo casi italiano de las tres canciones con poemas de Verlaine cantadas por Eulália Salbanyà y una vez más aprecié la categoría vocal de Antoni Aragón. Siguió a los solistas vocales la “Balada para dos pianos” interpretada por Albert Díaz y Xavier Mut, con un Mas Porcel un poco más moderno, aunque sin alejarse mucho de las brumas sonoras que tan bien dominaba. Terminó el concierto con la Cançó de bressol (1934) por parte del coro (un heterogéneo grupo captado por la Federación de Corales de Baleares), con Joana Llabrés como solista, y el coro final de la ópera “El Castell d’ irás i no tornaràs” (1953). La adaptación de la canción de cuna (que habíamos escuchado previamente en la Suite Mallorquina, para piano) más que una adaptación, es una transcripción poco afortunada. Una línea de sopranos incantable para cualquier coro, que hasta a una solista con el oficio de Llabrés le dificultó la intepretación que precisa. Sin profundidad en las voces graves (los bajos apenas cantan un do2) y con una línea de tenores sacrificada cuando finalmente llevan la melodía. Una partitura que se dormirá en la biblioteca de cualquier director a pesar de la belleza del original. Con el coro final del “Castell” me he quedado con las ganas de escuchar la ópera completa; intenso, un bloque sonoro que impone su fuerza armónica y el mensaje del texto; Albert Díaz y Xavier Mut, en el acompañamiento a dos pianos, estupendos. Lástima la heterogeneidad coral antes comentada, que impidió tanto un mayor control vocal como seguir con mayor fidelidad las claras indicaciones que el director Joan Company había dado en los ensayos previos. La ocasión merecía un coro más grande y una organización que garantizara poder sacar más provecho de la partitura, y del director. El ensayo general, aún con menos cantaires, fue superior a lo que pudimos mostrar esa noche. Que penita. Pero queda Jaume Mas Porcel y su música, que fue lo que nos reunió y a casa llena, un éxito de concierto en todos los sentidos. La bandera mallorquina bajo el retrato del compositor, que al principio me pareció una cosa como cursi en un concierto, al final la consideré como un llamado a la autoestima de la gente de esta tierra, por contar con otro compositor del que sentirse orgullosos.

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Imagen del blog de Nanda Ramón.

acústica

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
20 de Julio del 2009

Fuimos ayer al concierto de la Jove Orquestra Balear en la Iglesia de la Cartuja de Valldemossa; un concierto a media tarde que permitía llevar a las niñas, dar un paseo por el pueblo que se encuentra de fiesta con su Beata Sor Tomaseta y disfrutar una vez más de Eduardo Bernabeu (clarinete) como solista. Debía ser entonces un placer de principio a fin ya que sabíamos del buen nivel del grupo (reforzado desde su fundación con sendos músicos de la Sinfónica de Baleares) al que se sumaba el atractivo de un repertorio bueno, bonito y breve: una obra estupenda de Josep Prohens, “Homenatge a l’Himne de Felanitx”, de estas que uno piensa “mmm… me gustaría dirigirla…”; el Concierto para clarinete en la menor (k.622) de Mozart, y la Sinfonía “La Poule” (nº 83) de Haydn.//. Pero la iglesia no ayudó para nada con una acústica que mezclaba todo lo que salía de los instrumentos; se perdieron ataques y articulaciones, los matices se enmascaraban unos a otros por una reverberancia que no se acababa nunca, el pobre Mozart se convirtió en un pasticho sonoro (muy afinado eso sí) en el que apenas logramos disfrutar del buen hacer y la inspiración de Bernabeu. Menos se sacrificó la obra de Prohems pues sus sonoridades largas y tensas soportaron mejor la acústica de la iglesia. De la sinfonía nada que decir porque nos fuimos en los aplausos después del concierto, más repertorio clásico allí era seguir sacrificando la música. Joan M. Barceló fue un director tranquilo, comedido y bastante seguro, aunque lo encontré un poco laxo en cuanto a la tensión muscular necesaria para llevar las riendas del grupo y sacar más intensión a las interpretaciones.

La apuesta de esta orquesta como alternativa cultural turística a la oferta de sol y playa mallorquina (más o menos lo que dice el programa de mano sobre la justificación de su fundación) no sé si termina de convencerme; durante la primera obra del concierto los turistas salieron y entraron a sus anchas, con chancletas y sin chanqletas, con sombreritos y sin, entraban se sentaban cinco minutos y salían. La puerta franca en un concierto de música clásica no es una buena idea, no solo perjudica la concentración de todos, sino que además terminará cansando a los propios músicos que sentirán que van por allí haciendo bolos, indiferentes al público y finalmente a la música… y estos jóvenes que suponemos llenos de ilusión se convertirán en los típicos músicos de atril, apáticos, estos de los que están llenas las orquestas profesionales.

novena sin beethoven

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
25 de Mayo del 2009

La interpretación más deprimente de la novena sinfonía que he escuchado en 20 años fue la que sonó el jueves 21 en el Auditorium de Palma. Ni la muy buena sección de madera de la Simfónica de Balears en el segundo movimiento ni el coro en el último fueron capaces de salvar una presentación descontroloda, desafinada, con una orquesta gris, sin vida ni tensión. Hasta el solo de los chelos en el ultraconocido tema del “escucha hermano la canción de la alegría”, estuvo desafinado, increíble pero cierto. Hubo un momento en que dudé de lo que escuchaba, pero no; era cierto. Ataques inseguros, incluso en el coro (integrado por la Coral Universitaria y el Coro del Teatro Principal) que no es precisamente de principiantes, pero en quienes se notaba la desconfianza que le tenían al director; el “Alle Menschen” y el “Ihr stürzt nieder, Millionen?” fueron ejemplos.//. Qué fastidio que no te dejen disfrutar una obra tan maravillosa, y más cuando vas con la mejor disposición, con ganas de pasártela bomba. Es difícil entender lo que puede estarle pasando a Philippe Bender, más allá del desencanto que parecen presentar los directores de la Simfónica despúés de unos añitos con esta Orquesta.

cuom en la guitarra balear

Categoría: Blogósfera, Críticas, Música
21 de Mayo del 2009

Nuestro amigo Antoni Mir, ha tenido la amabilidad de dedicarle un espacio en su blog sobre La Guitarra Balear al concierto que realizara el Cor de la Universitat Oberta per a Majors el jueves 7 de mayo. Toda una semblanza del concierto incluyendo programa, currículos y comentarios. Muchas gracias Toni!

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mozart para todos

Categoría: Críticas
7 de Abril del 2009

Llegamos a las 20h y no pudimos entrar, ni siquiera después que Emili se identificó como crítico. Tranquilamente caminamos hasta la pantalla externa y ocupamos un par de sillas al aire libre donde además de la música sentíamos caer la tarde al amparo de los muros de la Catedral de Palma, de la “Seu”, como dicen aquí.//. Una vez más recuerdo a Manel Cabero y su personal explicación del “oído relativo”, ese necesario para valorar la música cuando su función social es más importante que el resultado estrictamente artístico. Casi 400 personas cantando el Requiem de Mozart, con una orquesta que colaboró sin destacar especialmente y un director que llevaba las riendas bien firmes en las manos. Cantaires de distintos coros, de variado nivel vocal, de diversa experiencia; pero todos entusiasmados dando el máximo ante el reto de esta partitura extraordinaria que comparte el Olimpo de las sinfónico-corales que puedes cantar y escuchar cien veces sin dejar de maravillarte; el Mesías, Carmina Burana, la Novena, la Pasión según San Mateo… Nada grave que referir, la obra fluyó, hubo matices y contrastes, había una idea musical y la intención de conseguirla. José María Moreno una vez más demostró su vocación de valiente (que ya le viene en el apellido), apasionado, atento y ajustado; lo que se necesita en una aventura de este tipo.//. Tremendo salto cuantitativo y cualitativo para la Federación de Coros de Mallorca, que se apunta un rotundo éxito de convocatoria y recursos. Hasta la presencia de la Reina de España y las autoridades de la Isla, vistieron de lujo un concierto que no podía ofrecer, por sus propias características, el brillo de una velada profesional. Pero cuando uno sabe a lo que va, no añora la perfección técnica, va más bien con la curiosidad de ver y escuchar cómo se resolvía la partitura, como respondía el coro ante el reto, hasta dónde podían llegar.//. El tenor Joan Carles Falcón le dio el toque exquisito a la velada, un placer escuchar su fraseo y su dominio técnico y expresivo, realmente estupendo.//. Creo que todos los participantes merecen una sincera felicitación; estas iniciativas animan, empujan, estimulan a más; y es desde la base que se transforma la cultura de los pueblos; así es como se convierte en un bien de todos y para todos.

sinfónica con pandereta

Categoría: Críticas, Música
6 de Marzo del 2009

Anoche fuimos a un concierto de la Sinfónica de las Islas Baleares que tenía de todo; bueno casi de todo porque faltaba profundidad y limpieza en la mayoría de las obras. Dos solistas, flauta (Sharon Bezaly) y violín (Shunsuke Sato). Llama la atención cuando un curriculum impresionante no concuerda con lo que ves y escuchas en el escenario; deberían eliminar los currículos de los programas de mano; en la música es el aquí y ahora, no importa si la solista tiene 20 discos grabados y es un genio desde que tenía 11 años. Tiene que presentar un discurso musical contundente, unas ideas que aunque sean distintas a lo convencional, tengan convicción y profundidad, aplomo musical, y no sólo “deditos”. No sé que me ponía más de los nervios, la chica acomodándose el vestido, el pelo, el atril, untándose cremita en la boca; o la espera de una frase que me dijera algo, que justificara todo lo que decía el programa y la flauta de 24 kilates. Quizá una mala noche.//. Y después llega el portento técnico del violinista asiático, gracia y aplomo que me dejaron con ganas de escucharlo con otro tipo de obra, donde pudiéramos valorar el fondo de su capacidad de interpretar. Sarasate no le daba más oportunidad que demostrar su preparación de gimnasta olímpico.//. Fui al concierto casi por escuchar la obra de Elliot Carter, compositor que me gusta mucho, aunque más en las obras raras, disonantes y sin final “chin pón”. La Obertura Holiday es una fiesta orquestal, pero los planos sonoros quedaron bastante desdibujados por la falta de limpieza y precisión, el sonido me resultó como apastelado por momentos. Pero contenta de todos modos por poder escuchar algo del centenario compositor que se programa poco y nada.//.  La noche no dejó mucho para el recuerdo; bueno, la flauta de oro, que siempre es una curiosidad.

bailar a queen

Categoría: Críticas, Danza y teatro
26 de Enero del 2009

Cuando nos sentamos en el teatro tuvimos la primera intuición, “esto puede ser una cursilada”. 10 minutos después sabíamos que no era cursi, es que no era realmente una función de ballet. ¿Quién puede ocuparse de algo más que no sea Freddy Mercury si te lo ponen en pantalla gigante?, no importa cuantos grand jeté estuviera haciendo el bailarín o lo buenos que pudieran ser los chicos del Ballet de Essen con sus piruetas; quedaron totalmente relegados en una coreografía, más bien en una puesta en escena, que los dejó en un lejano segundo lugar. Falló el concepto desde el comienzo, una cosa es bailar música de Queen y otra hacer una revista musical sobre el genio de Mercury, que fue lo que resultó a fin de cuentas. Para este homenaje no faltó nada, hubo humo, niñitos bailando, teatro negro, pantallas que bajaban y subían, focos que se movían, moto, público haciendo palmitas, estatua emergiendo del suelo como en aquella imagen del Planeta de lo Simios, pero en vez de Estatua de la Libertad, era el brazo con micrófono del cantante. Ni siquiera puede decirse que es un mal ballet, es que el coreógrafo (Ben Van Cauwenbergh) no dejó que nos enterásemos del todo. En la primera parte donde hacían las mayores demostraciones “técnicas”, no paraban de proyectar videoclips de conciertos multitudinarios de Queen; y en la segunda, donde hubo “cuadros” más logrados (en bañador, vestidos de detectives, el final larguísimo del que sale la foto) el nivel de baile era digamos, normalito dentro del profesional.//. Uno de estos espectáculo que se te olvidan apenas atraviesas la puerta del teatro; aunque salgas cantando we are the champions.

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Auditorium de Palma,  24 de enero.