el árbol de la vida (película)

Categoría: Cine, radio y TV, Críticas
18 de septiembre del 2011

Lo menos: Sea desde la referencia cabalística o desde una mirada desprevenida; esta película tiene una ambición artística y filosófica que se desborda en bastantes ocasiones; especialmente hacia el final donde raya lo cursi por las obviedades que acumula. Una versión con 20 minutos menos de paisajismo inspirado la favorecería. Nombres como Sean Penn o Brad Pitt son un adorno y un anzuelo publicitario. El primero no aporta nada, y el segundo pone la cara y el porte, pero ni teniendo un personaje interesante y complejo entre manos logra que te olvides que solamente está actuando.

Lo más: La belleza de las imágenes naturales y cósmicas que te van envolviendo, la música seleccionada entre lo mejor de lo mejor y que por momento hace que casi prefieras cerrar los ojos. El tratamiento de la vida familiar, el cuadro costumbrista de la época, el retrato de la infancia masculina, los ardores de la primera adolescencia; son una maravilla. La narración te lleva durante las más de dos horas de proyección, a revivir escenas personales, a recuperar recuerdos, a soltar una discreta lagrimita cada tanto. Y luego está Hunter McCracke (Jack niño), puro talento natural para la actuación; pasó de jugar en el patio de su cole en Texas a hacer esta peli con un director de culto como se considera a Terrence Malick, sin anuncios publicitarios como currículo o papeles secundarios en alguna película anterior.
Al final el cielo existe, los traumas se curan, la vida tiene sentido, y resucitamos en nuestra más pura belleza.
Para la que está cayendo en el mundo, es casi una peli terapéutica; larga y costosa, como toda buena terapia.

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ser juez y parte

Categoría: Críticas, De la vida y de la muerte
15 de septiembre del 2011

Esta sentencia hace referencia a cuando se opina en asuntos en los que por una u otra razón no se puede ser neutral. O aparentemente no se puede. Se entiende que si los límites de la objetividad al juzgar son difusos a veces hasta para los profesionales del juicio, qué queda para el resto de los mortales, y entonces se recomienda no opinar.

Ya conté una vez de un querido profesor que hacía crítica musical en Caracas; dejó de hacerlas porque llevaba mal la respuesta de sus amigos artistas cuando les hacía una crítica medianamente dura, “ni siquiera mala”, me dijo, alguno hasta me ha dejado de saludar por un tiempo. Por supuesto que pensé que tan amigos no habrían sido; pero el punto es que parece cierto que los artistas en general llevan mal las críticas adversas (tendríamos que jugar más al fútbol).
Hace unos días me contaron que un músico cuyo concierto no me gustó especialmente, cosa que comenté, se había quejado en petit comité casi despectivamente de mi poca afección a su interpretación con un “pero qué fue lo que no le gustó”. Hombre, si me pregunta se lo digo, porque la verdad es que no lo escribí por una cierta ¿pereza?. Por otra parte, un otro no me contestó varias llamadas; tres años después de una crítica que escribí aquí en el blog, que no era realmente una crítica musical, más bien una opinión educativa bien intencionada.

En fin, que me animé a repasar mis críticas viejas y veo dos cosas. Una que ya tenía bastante clara, y es que me gusta hacer críticas, de música o de cualquier espectáculo. Pero especialmente de música. Cuando voy a un concierto, sea de quien sea, voy a disfrutar, llego con la mirada (con el oído) más desprevenido que puedo, dispuesta a pasar un rato estupendo; pero a la vez tengo en cuenta aquello del “oído relativo” que decía sabiamente Manel Cabero, intento tener en cuenta quién interpreta, si es un profesional o si es un artista del grupo “amateur con futuro” o del “amateur porque ama la música, sin pretensiones”. Y partiendo de esto, con todos puedo llegar a disfrutar y salir reconfortada si el trabajo presentado me mueve de alguna manera. Y luego intentar resumir las observaciones, lo sentido, hacer el esfuerzo de concentrar en pocas palabras lo que te ha dejado aquella experiencia.

La otra cosa que vi repasando posts viejos, es que no me corto un pelo. Con alguno de estos escritos he pensado ahora (bien a la venezolana) y un par de años después, “qué bolas tengo yo”. Pero especialmente porque al pasar el tiempo, unos años en los que he ido sembrando y cuidando un trabajo artístico del que estoy cada vez más contenta, resulta que empiezo a querer colaborar con gente que en algún momento he criticado, artísticamente hablando, obviamente. Y aquí cerramos el círculo. Cuando no te atienden un mensaje, o cuando uno tal se siente ofendido, pues te repiensas si vale la pena decirlo todo, aunque vayas sin maledicencia alguna

sol mallor anoche en el principal

Categoría: Amigos, Críticas
8 de septiembre del 2010

Patrocinado por el Consell de Mallorca, el programa “Mallorca, artefacto de ciudadanía” presenta exposiciones, ciclos de cine, conferencias y un espectáculo musical multicultural. Esta iniciativa del Consell que comenzó el día 3 de septiembre  se extenderá hasta el 16 de septiembre, y ha incluido la presentación de la agrupación teatral Imagonem-Teatro sin Fronteras con la obra “Sol Mallor”, escrita por la venezolana Idanis Álvarez Ayesta y dirigida por Erick Bürger. Joan Bauzá fue Chopin y Marianna Mambie George Sand, acompañados de Mar Esteban como Solange; Alejandro Rubio como Maurice, y Marielva Risquez, representando a Amélie, la mucama.

Es complicado y a la vez emocionante describir una función en la que te consideras amigo de casi todos los que participan. Como estaba anunciado fue una “fusión del teatro con el audiovisual”, la parte más cinematográfica a cargo de Mauricio Tejada. Mucho trabajo, que quedó ampliamente de manifiesto, soporta esta presentación con todo el elenco rindiendo al máximo. Joan comedido y sufriente como tocaba, y defendiendo sus nocturnos con sobriedad; Marielva pispereta, que nos hubiera gustado escucharla decir más cosas, Marianna volcánica, Idanis desde la pantalla, estupenda, con esa voz tan matizada y desgranando con sabiduría unos parlamentos que sentía desde lo profundo. Alejandro Rubio fluido y natural, y en un apartado especial, la niña Mar Esteban, impresionante. Sin ser una compañía profesional, Imagonen, con Erick llevando la batuta, convenció a través de la convicción de todos en la propuesta. Un ojo más objetivo sugeriría algunos recortes para evitar un discurso que llega a ser reiterativo, al igual que el diálogo escena-pantalla que se agota pronto, y ya que estoy, moderar el tono enfático de la escritora, por las mismas razones. Todo lo último dicho para poder llamar a este post crítica y no solamente un abrazo muy apretado para Erick, Idanis, Marianna, Joan y Marielva, y enviarle la bendición a Mar, la actriz-niñita.

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don pasquale

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
28 de agosto del 2010

Anoche en el Casal de Peguera. Una delicia. Con una orquesta reducidísima que no por ello perdió garra sino al contrario se creció en el compromiso (¿quién hizo la adaptación orquestal?). Puras estrellas animando desde el falso foso de un espacio escénico reconvertido en teatro de ópera. Todo estaba meticulosamente redimensionado para la ocasión, orquesta, vestuario, escenografía; y esto mismo puso en evidencia la categoría de los artistas que se presentaban y la inspiración de la propuesta. El trío formado por Don Pasquale (Stefano Rinaldi Miliani), el Doctor Malatesta (Bartomeu Bibiloni) y Norina (Manuela Cucuccio) fue simplemente esplendoroso, con una complicidad que nos cautivó de principio a fin. Rinaldi funcionó como eje inspirador, un vero maestro en lo vocal y la actuación. Bibiloni, que podría parecer joven para el abogado que mueve los hilos, estuvo impecable, gran voz y estupendo como actor. Y la Cucuccio, divina, divertida y espectacular en los agudos. Aquella pelea con el velo negro que se le caía y se lo volvía a acomodar mientras cantaba (no sé si casual o pautado) resume la naturalidad con que resolvió los pasajes más virtuosos.

Ernesto (Antoni Aragón) no entiendo bien por qué, resultó como aislado del resto del elenco y se escuchó un poco cansado, me cuesta definirlo, porque su gran sonido estaba allí. El Notario, interpretado por Josep Rubio, cantaire de siempre del Cor de Calviá, defendió con gracia y soltura sus participaciones cantadas y a la guitarra. Quizá lo menos brillante de la noche fue el Coro, inseguro un par de veces y fuera de tempo un par más. Una pena porque como conjunto se veían en escena cómodos y trasmitían ese gusto y alegría por el repertorio lírico que los ha caracterizado siempre. Justamente el coro realzó momentos muy bellos visualmente, en el tercer acto con aquellas ramas que los convirtieron en un bosque vivo, y al finalizar la obertura mientras barrían y limpiaban rítmicamente el escenario. Un trabajo en todo momento delicado y bello de Dominic Hull, quien materializó perfectamente la propuesta-apuesta artística de Francesc Bonnin, el brujo detrás de la batuta. ¡Enhorabuena Xisco!

Hay una segunda función el próximo domingo 29 de agosto, a las 20.00h, por poco que podais acercaros a Calviá para gozar de este Don Pasquale lleno de talento y energía revitalizadora.

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XI Festival de Ópera de Calvià
Don Pasquale (Opera buffa en tres actos de Gaetano Donizetti y libreto de Michele Accursi, estrenada en París el 3 de enero de 1843)
Orquesta de Cámara: Francisco Sard (I violín), Christine Schedukat (II violín), Marta Halter (viola), Emmanuel Bleuse (chelo), Bronnhilde Ekermans (contrabajo), Josep Miralles (flauta), Carlos Fortea (oboe), Eduardo Bernabeu (clarinete).
Coro de Calvià: Dir. Llorenç Gelabert
Dramatización y espacio escénico: Dominic Hull
Dirección artística y coordinación: Francesc Bonnin

ute lemper, arrolladora

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
4 de julio del 2010

Como marco, el Teatro Principal; la oportunidad, la séptima edición del Jazz Voyeur Festival. Al bandoneón Tito Castro, la sensibilidad personalizada; al piano el impresionante Vana Gierig, con todo lo que un pianista de jazz (o de cualquier género) podría desear. Y llenando todo el escenario, cada esquina, cada silla, la tapa del piano… Ute. Hace lo que quiere con su voz, pasa de registro de pecho a cabeza en un plis, hace fiorituras, imita una trompeta, silba, canta en alemán, francés, castellano, inglés. Baila, se rie, hace chistes, nos cuenta historias. Y agobia. Es difícil argumentar cuando no te ha complacido la actuación de un gran profesional. Tiene que ver con lo que me faltó, ternura, delicadeza, expresividad sin ornamentos ni efectos especiales. Ese ir ganándonos poco a poco, calentando al público de forma que pudiésemos entregarnos sin reservas. Pero no es el estilo, llegó, cantó, se movió y habló de una forma tan ¿imponente? que después de la primera pieza quedé estupefacta; soltó todo lo que tenía en la bola (perdón por la referencia beisbolera) a la primera. Después siguió una Lili Marleen tristona, que le sirvió para respirar y retomar el ímpetu y el swing. Cada canción y cada movimiento controlados milimétricamente. Cantó igual (de bien) canciones de Piaff que de Kurt Weill, hubo Piazzola como estaba anunciado. De bis el guapísimo Youkali de Weill, un portento de artista sin duda alguna. Pero.

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críticos

Categoría: Críticas, Música
5 de abril del 2010

Conocí en Caracas a un estupendo crítico musical llamado Daniel Salas, y tuve la suerte de ser alumna suya en clases de Estética, una de estas asignaturas oficiales en los estudios tradicionales de conservatorio. Sus críticas sin ser del estilo “saca pellejo” eran justas a la vez que mesuradas y muy bien escritas. Un día supe que se retiraba de la crítica; en la próxima clase que tuvimos no me aguanté y le pregunté si era verdad el rumor. Me lo confirmó y quedé atónita, más por su respuesta al “por qué” que por su decisión. Me dijo que el había crecido musicalmente al lado de muchos de los artistas que ahora le tocaba criticar y que le dolía la actitud que tomaban cuando las críticas no eran favorables; resumiendo, este trabajo secundario en su vida no le compensaba los malos ratos que en ocasions vivía después de las críticas. En aquellos tiempos lo consideré una debilidad, confieso que hasta me desilusionó un poquito. Caracas no era París ni New York (supongo que aún no lo es…) donde los críticos, casi semidioses, son capaces de destruir, o elevar a un artista hasta el Olimpo. Una ciudad con un intenso movimiento musical, sinfónico, coral, de cámara, pero con una gran inmadurez para lidiar con las opiniones adversas; podría resumir aquel tiempo como una época de mucha música y pocos críticos. Con la ópera era diferente, un mundo aparte donde se esperaban las críticas y los críticos especializados se daban gusto con propios y extraños. Porque la ópera tiene esto, es territorio de melómanos, todos son expertos, público, críticos e intépretes; y las críticas le ponían pimienta a la cosa; nunca supe de depresiones ni desplantes ante una crítica, aunque seguro los hubo. Quince años después vuelvo a acordarme de Daniel Salas, justo después de un concierto aquí en Palma, en el que ha participado mucha gente querida. Me he aburrido como una ostra con una obra que debía ser de una intensidad superlativa.
Y no me siento capaz de ir más allá.