En un tiempo lo eran; y según el rango de edad del grupo en que te muevas algo queda de aquella idea. Las cenas se organizaban por parejas, un soltero o una soltera como que abrían un pequeño abismo de costumbres entre el grupo, había que buscarle novia o novio y casi se tocaba con la mano la lástima o la desconfianza. Las reuniones y viajes de parejas también daban (¿dan?) una sensación de seguridad; al estar cada oveja con su pareja parece que hay menos peligro de que alguna se salga del redil…
Recuerdo que siendo joven escuché en más de una oportunidad cosas como “sigue soltero (o viviendo con su mamá), debe ser homosexual”, “sigue soltera… es que no hay quien la aguante”, “veo difícil que como soltero/a le den el puesto”. Soltería prolongada como evidencia de comportamiento sospechoso.
La vida en pareja como logro social, como demostración de estabilidad, como situación ideal santificada no solo por la iglesia, también por el cine y las demás artes. Y hay que decir que el cine como industria moderna y fuente infinita de referentes sociales y culturales, ha contribuido y no poco a esta maximización del ideal de pareja como sinónimo de vida feliz. Y aunque las cifras actuales de solteros y solteras desmontan totalmente esta imagen (véase un sencillo artículo al respecto aquí) el cine, la televisión y la publicidad siguen insistiendo en que en pareja se vive mejor.
Es interesante leer las explicaciones del auge de la soltería, se atribuye a la dificultad de conciliar vida familiar y laboral, a la precariedad laboral, al precio de la vivienda… y un poco menos explicado se aduce que un mayor nivel educativo incide en más individuos solteros (deben haber aprendido algo que a nosotros se nos pasó), para llegar finalmente al cambio de valores y muy especialmente al individualismo postmoderno. Aquí sobrevuela otra vez la sospechosa soltería, son solteros porque son egoístas, chicos malos.
Le pregunté a una soltera feliz que aprecio mucho si no le hacía falta el calorcito humano en invierno; me contestó que por cuatro meses de calor humano no iba a sacrificar ocho de frescura cotidiana. Por supuesto solté la carcajada y la acompañé al aeropuerto, donde iba a por uno de sus viajes por el mundo.
El tema pendiente siguen siendo los hijos. La fórmula cada vez más interesante de juntos pero cada uno en su casa (o en la casa de los padres, o en el piso compartido con los amigos), complica -por decir lo menos- la logística y el mensaje no verbal implícito en vivir unidos bajo el mismo techo. Seguimos llegando tarde a las novedades del siglo.