Uno de los hijos de la tía Lala tiene cáncer de esófago. Mi primo hermano ya es un hombre de 64 años, empresario de éxito, viajero incansable, gran comedor, cabeza de familia numerosa, y hombre bastante amoroso según el repaso que hago del brevísimo catálogo de recuerdos comunes. Los hijos de Lala forman un todo en mi memoria que asocio con dos lugares, su casa del Country Club de Caracas donde celebraron siempre fiestas estupendas (también mi primer matrimonio y los quince años de Iona) y su casa de Chichiriviche. Los primos Topel Capriles; judíos como su papá y católicos como su mamá; una vuelta histórica a los bisabuelos mitad judios mitad católicos; ellos seguramente lo explicarían mejor.
Ese todo apenas he podido individualizarlo con Raissa, la prima que vive en Barcelona, con Joe, el abogado de mi papá y con Raquel en los encuentros casuales y fugaces donde adivinas una simpatía y una identificación apenas explorada.
Ahora Beni en esta nueva y dura etapa escribe un blog; me lo dijo Raquel en casa de Gody cuando celebramos en Caracas el cumple de Negui, en este encuentro especial de las cinco hermanas; y a la vez de las cinco con padre. Raquel me lo dijo en su estilo directo y sin rodeos, “tiene cáncer y va contando cómo se siente, las cosas que hace y sus reflexiones”.
Hoy he terminado de leer todos los posts, me ha sorprendido identificar situaciones y anécdotas que podrían ser de mi propia casa familiar, vainas de mi papá y mi mamá, de nosotras. Pensaba que se podría hacer una especie de minidiccionario, lo que ellos dicen tal, en mi casa se decía cual, y así. Beni cuenta sobre su enfermedad y el tratamiento que sigue en Houston, pero también comienza a organizar recuerdos e historias. De Venezuela, con todo el torbellino absurdo que le ha robado la tranquilidad y la seguridad a tanta gente, del reciente viaje a Suecia donde viven sus hijas mayores con sus maridos e hijos. De pronto recordé que Karol y Melito habían estado aquí en casa con sus dos hijos el verano pasado. Y va reuniendo, como en un cajón de sastre, anécdotas de todos colores y texturas. Escribe fluido y lo leo con gusto y cariño. No hay tragedia sino naturalidad, lo bueno y lo malo con el desparpajo y el toque de irreverencia familiar. También con la dureza de los hombres crecidos en el mundo de la calle, este de los negocios, las empresas, los trámites con el gobierno, los éxitos y los fracasos que se pagan en dólares; tan ajeno al mundo de los artistas, o al de los funcionarios públicos del primer mundo europeo.
El papel y la pluma, y los folios que se quedaban en un cajón. Hoy el ordenador e internet, que son una ventana al mundo. Estamos lejos primo, pero hoy con tus posts te he sentido muy cercano. Dale plomo; a las dos cosas.

Carlos Luis (hijo del tio Felipe), Carlos, Renato, Rebeca y Beni. En el cumple 77 de padre.