Cuando ves mucha tele, sea en canales públicos, privados o por cable, se te llega a olvidar que hay otra forma de usar las mismas palabras. Que casi el mismo vocabulario cotidiano puede llegar a trasmitir emociones e ideas profundas, complejas, importantes, y en la boca de otros que también son actores, pero caray, qué diferencia.//. Fuimos a la Sala Mozart del Auditorio a ver esta obra de García Lorca. Fue hace 3 días y todavía vibran en mi aquellas palabras, un texto potente y bello que te traspasa. Una historia que dentro de unos años seguramente necesitará traducción para las nuevas generaciones; ya puedo anticipar las preguntas de Abril y Lucía… “mamá pero por qué no se divorcia”, “mamá pero no le podían hacer inseminación artificial… ¿no puede adoptar?”, “por qué no se va de ese pueblo miserable”… Esta vida rural y simple, este rol de la mujer limitado a sirvienta y madre será muy pronto incomprensible; y sin embargo el arte con que está escrito llegará y golpeará siempre, porque esa es la dimensión de grandeza del arte, esta capacidad de arrancarnos de la vida común y elevarnos y hacernos trascendentes.//. Y tengo que decir que el montaje de este grupo dirigido por Pedro Victory, resultó convincente y maduro, aunque se me hicieron muy largas las transiciones y a veces el flamenqueo sobraba, no creo que porque sea Lorca tenga que saber a gitano siempre; esta historia podría ocurrir en cualquier parte.//. Y finalizo con la emoción de haber visto y oído a Carmen Feliú en todo su esplendor; el papel parecía escrito para ella. Que orgullo que cante en la CUOM, y nos contagie esa experiencia y ese arte que la acompaña.
Ya lo he comentado antes, el máximo esplendor masculino hoy en día no está en el futbol, ni en el tenis, ni dirigiendo orquestas ni tocando piano… está en el Ballet.//. La muerte del cisne, en coreografía del propio Yebra sobre la obra “El Cisne” de Saint-Saëns, fue impresionante. Introducción sin música, absolutamente espectacular, se te empieza a caer la mandíbula poco a poco, absoluta entrega y concentración, suavidad, precisión, belleza, y un cuerpo que Dios le dio donde no sobra un músculo ni falta un centímetro. Había bailado un par de cosas antes, un pas de deux de Giselle (un ballet histórico que cada vez es más cursi), y Sonatine con música de Ravel; pero no fue hasta El Cisne donde lo vimos resplandecer.//. Del resto del ballet, un fantástico Adagietto de Mahler, con una coregrafía maravillosa, moderna, tierna e intensa; y el final, anticlimático pero guapísimo, Purcell en plan teatro, La Pavana del Moro del coreógrafo mexicano José Limón.//. Todos eran solistas de primera y casi todos (Yebra no) parecían un poco desconcentrados, como trabajo de conjunto todo bueno pero imperfecto, o faltaba ensayo o faltaba cabeza. Bajó un pelín el nivelazo de lo que normalmente es la temporada de ballet en el Auditorium.
XIII Temporada de Ballet de Mallorca, Gala de Estrellas del Ballet de la Opera de Burdeos.
Se estrenó en Perú una nueva obra de César de María. Es teatro infantil, las protagonistas se llaman como sus hijas, salió de un cuento para antes de dormir y terminó en el Teatro Británico de allá lejos. También escribió la canción que abre la obra; y dice así:
“El que abre un libro despierta:
Parece que está soñando
Pero un libro es una puerta.
Pon un viaje entre tus manos
Con sus alas de papel
Agárrale fuerte el lomo
Sumérgete bien en él
Abre la mente y los ojos:
Un libro es una cajita
Un gran universo guarda
Susurra, murmulla, grita
Ronca y ruge, canta y habla.
Un libro no es un tesoro:
Es el baúl que lo encierra.
Brota un olmo de esa tierra.
Su fruto es la pera de oro”.
¿a que casi se oye la música?
de cuál nación? de cualquiera…
Dice César de María…
“Un país que no se ve a sí mismo en escena es un país de espaldas a su imagen, un país sin autoestima y sin impulso para salir adelante. Y una entidad cultural que no considera al teatro y a nuestra dramaturgia como una oportunidad de hablarle en peruano a los peruanos, desaprovecha no sólo sus oportunidades de acercarse al público sino también el potencial del producto dramático que se crea en nuestro país”.
(Del prólogo a la edición de las obras premiadas en el concurso “Ponemos tu obra en escena”)
Nada de Carmen la trabajadora del tabaco, medio desnuda y peleona. Aquí Carmen lleva los vestidos más impresionantes con largas colas y foulards. Estética posmo en todo el montaje: todo negro, rojo y poquito de blanco, cero decoración, música flotante que no va a ninguna parte; minimalismo flamenco, bonito y aburrido, música con nubes de salsa y espumas africanas (así como en la nouvelle cuisine). La primera hora y media me preguntaba, entre bostezos, por qué le pusieron Carmen, porque Carmen, sea de Bizet o de Saura es pura fuerza telúrica y aquí lo que apetecía era comer sushi. La última media hora la cosa se puso intensa (ya tocaba) y el taconeo de Sara Baras nos convenció, como siempre. Es como si tuviera un motorcito en los pies, tiquitiquitiquitiqui.//. Para sorpresa de todos, nadie la mata, indecisa entre dos amores se suicida (y yo esperando la sorpresa de que fuera Escamillo quien le diera la estocada final), ¿Carmen indecisa?.//. El público de pie al final del espectáculo y Sara Baras más contenta que unas pascuas; pero hasta el fin de fiesta donde bailan los músicos y va así en plan familiar-informal resultó como desabrido. Será el posmodernismo que es así.

Hoy terminó la asignatura “Formación Rítmica y Danza” que doy en la UIB. La combinación de temas, tanto en la teoría como la parte práctica, fue toda una muestra de las tantas caras que tiene el trabajo corporal. Mona Belizán nos visitó y habló del método Cos-Art que aunque tuvo sus orígenes en Argentina se desarrolló e irradia desde Barcelona; sus palabras resumieron la convicción de que somos una unidad cuerpo-mente sensible y educable; en la parte práctica nos dejó con ganas de más. Entre los alumnos había dos exposiciones pendientes, tan distintas y tan ricas ambas. Presentaron una propuesta de danza del vientre que fue una gozada, especialmente para borrar prejuicios y descubrir toda una disciplina dancística, armoniosa y bella. Con el último grupo terminamos la clase bailando “Balanguera”, después de haber probado un par de puntos de jota. No se me olvidará la entrada de este equipo de jóvenes tocando flabiol y tamborí, xeremies, castañuelas y rasguñando una buena botella de anís el mono. Hasta el próximo año.
Los conoces por separado, la música de Cage (piano preparado, música desde el azar, aquel 4′33” revolucionario), sus ideas políticas y filosóficas, las críticas y burlas recibidas y el reconocimiento final. Y Merce Cunningham, emergiendo del abrazo de Martha Graham mamá de la danza contemporánea y luego labrando una historia propia; primero bailando, después como coreógrafo y pensador del movimiento. Y así sigue, desde su silla de ruedas, dirigiendo su compañía de danza en New York y usando las nuevas tecnologías para seguir creando y pensando. Y entonces como quien encuentra un periódico guardado hace años y lo lee con curiosidad, te enteras que fueron pareja casi desde que se conocieron en 1942 hasta la muerte de Cage en 2002… porque una cosa era saber que trabajaban juntos y otra que se quisieran. Me ha encantado, como cuando dos amigos se enamoran y te parece que eres parte de esa relación porque los conocías individualmente. El arte y el amor son así, siempre te pueden sorprender.

El por qué me había referido a los bailarines clásicos como super hombres. Esta idea hace referencia al post de hace unas semanas sobre la existencia o no de un proyecto masculino como género. Me preguntaba dónde estaban los hombres realizados, plenos como conjunto, que expresaran con un discurso contemporaneo su identidad masculina. Hace un mes mientras veía el Ballet de Düsseldorf en el Auditorium (”Carmina Burana” y “Paganini” coreografiadas por Youri Vàmos) tuve la iluminación, “aquí están”. Estos hombres eran extraordinarios, gigantes con cuerpos esculpidos milimétricamente, es verdad que tanta perfección parecía provenir de un casting implacable, a su lado las mujeres eran mosquitos famélicos (valga la redundancia). Pero no era esto solamente, porque en “Paganini” la estética variaba; a una pareja protagonista típica se oponían figuras sin género, misma malla, mismo corte y color de pelo, indefinidos y atractivos a la vez, movimientos perfectos, fuerza, convicción, trabajo en equipo; por unos casi imperceptibles bultos reconocimos que eran hombres. Y aquí está la cosa, hombres hiper realizados en su arte. Lo que me impactaba más profundamente (después del dulce embeleso inicial) era la fuerza del colectivo, allí había identidad, ganas de trasmitir unidad, pertenencia. Si son gays o no, si al salir del escenario alguno es tan cretino como cualquier hombre o mujer de a pie, no tiene importancia.//. Vale, me pueden decir que los futbolistas también, pero en ellos no encuentro trascendencia, siempre parecen niñitos mimados, que juegan y recogen sus laureles.



Foto Per Endström