Hay conocimientos que incorporamos a través de vivencias y experiencias sensoriales, sin referencias teóricas previas. Lo sabes porque lo has sentido, no pensado o reflexionado. Cuando nos topamos luego con que este tipo de experiencia está documentada, nos decimos, “lo sabía”, “el cuerpo me lo decía”, o simplemente respiras con cierto alivio porque “pasa”, y no solamente te ocurre a ti.
Para unas clases que estaba preparando, Paloma me prestó sus apuntes como estudiante de arte dramático del ESADIB. Allí descubrí sobre el papel las fases que en un espectáculo coinciden con las de cualquier ritual. La Separación, la Fase Liminal, y la Reagrupación. La primera y la última representan transiciones, el entrar y salir de este espacio único que es el momento de la actuación, el concierto, el discurso público, cualquier actividad representativa en la que dejas de pertenecer al común para convertirte en observado y protagonista, en transformador de lo que sienten los otros. Y esta es justamente la fase liminal, que contiene aquello que percibimos concientemente a través de los sentidos (así como subliminal es lo que percibimos inconcientemente); el tiempo de la adrenalina, de la concentración total, del dar.
Así como en la separación nos distanciamos; con los recursos propios de cada manifestación ritual, en la reagrupación volvemos a la vida convencional, y esto requiere tiempo, y algo más. La gente de teatro y ballet lo tiene claro, la cena después de la función, el brindis, la conversación acelerada sobre cómo resultó todo. A esta fase la llaman cooling down, el enfriamiento progresivo y necesario para poder integrarte a la normalidad, donde metabolizas toda esa adrenalina que está al máximo cuando termina la función, el concierto, la conferencia. Porque por más profesional que seas, no estás en el escenario 24 horas al día, y el tránsito entre estas dos vidas hay que aprender a manejarlo. Cooling down también es el conjunto de ejercicios suaves que hacen los deportistas al finalizar una competición o un entrenamiento intenso. El progresivo camino al reposo. Lo necesita el cuerpo, y también la mente.
Encuentro en el libro de Richard Schechner Between theater and anthropology la siguiente explicación:
Así que esta necesidad de hablar del concierto, de que te cuenten cómo fue, de compartir con los compañeros y desear un tiempo para celebrar, no es una frivolidad, no es halagar el ego; es más una terapia para prepararnos a ser lo que somos durante la mayor parte del tiempo, pareja, padres, profes…
Reagruparnos.
A veces es difícil. Puede que te encuentres a media noche con aquel dolor en la boca del estómago, después de un ensayo importante, sabiendo y valorando el compromiso que se avecina. Con el zumbido en los oídos, repasando una y otra vez fortalezas y debilidades.
El cooling down también hay que perfeccionarlo…







Foto Per Endström