Estoy en el aula C-15 haciendo tutorías, viene un grupo a que les explique (una vez más) cómo es el trabajo final de la adaptación del cuento. Explico, con esquemita incluido. Vienen dos chicas a cantar, una para que le diga si ha elegido bien la canción que tiene que presentar delante de todos los compañeros, la otra, a cantar de nuevo ya que el día que lo hizo no aprobó. Buscamos las canciones por youtube, y cantan con los originales de fondo. Otra chica viene a consultar algunas preguntas del examen de teoría, buscamos algunas referencias en la wiki usando el ordenador fijo del escritorio.
Parece que ya no hay más alumnas, me puedo ir. Como tengo el youtube abierto clico mi nombre a ver cuáles fueron los últimos vídeos que subí, pero aparece Cate mirándome desde el ordenador. El día de mi cumpleaños 50, hace dos. Maribel le hizo esta pequeña grabación que hoy es para mi un recuerdo inefable.
Estoy hasta de escuchar y leer que nadie es imprescindible. Hay mucha gente imprescindible a nuestro alrededor, gente sin la cual nuestro trabajo no fluye igual, personas que nos aportan energía, alegrías, que nos ayudan a aclarar ideas y sentimientos, que nos dan perspectiva, que nos acompañan en el camino haciéndolo mejor, personas sin quienes nuestra vida es menos completa.
Si pierdes a una de estas, es verdad que la vida sigue, como sigue cuando se muere un ser querido. Pero perder, sin que sea por fallecimiento, a una de estas personas que nos dan tanto, es una pequeña tragedia. Hay personas de quienes no deberíamos nunca prescindir, porque además su misma existencia nos confirma nuestra necesidad del otro, de los otros. Nuestra debilidad e imperfección, la urgencia de completarnos como personas y como profesionales con lo que nos dan los demás.
He encontrado una nueva manera de medir lo mal que me puedo encontrar en un momento determinado. Más allá de la tristeza y la depresión. Más allá del malestar físico. No estás nada bien cuando te equivocas haciendo algo que saque de tu vida a uno de tus imprescindibles. Cuando te equivocas, y expulsas de tu lado a una de esas personas especiales.
Solo te queda intentar explicar, disculparte, arreglar el entuerto si es posible, reconocer el cómo estaré de mal si me pasa algo así, y esperar que lo bueno compartido, la historia común, y el reconocimiento de lo importante que son los otros para uno mismo, pueda ayudar a arreglar lo roto.
Esperar con fe, que el otro sea mejor que tu y sepa perdonar y olvidar.






"solo me pasa a mi" – el blog de catalina
blog del orfeó ramon llull
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la guitarra balear, blog de toni mir
tiempos (post)modernos – blog de emili gené
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