Cuando yo era chiquita, tenía una “mae” de inglés llamada Nancy, era en un colegio muy progre donde enseñaban “matemáticas modernas” estas donde todo eran conjuntos y pintabas más que sumar. No tenías cuadernos o libretas, sino folios a líneas, cuadriculados y en blanco, ponías tu nombre, hacías las lecciones, y a fin de año te los entregaban encuadernados con lana roja y tapas de cartón con tus propios dibujos. En ese cole (se llamaba “Artes y Ciencias”) recibí mis primeras lecciones de piano, miré por el primer microscopio, hice ballet, y me embelecé mirando a Michael Gibbs, que decía iba a ser de mayor físico nuclear y jugador de rugby. Allí estudié hasta quinto grado, me gustó el inglés, la ciencia, la música, el ballet; y los chicos listos y con pecas. Y mi maestra de english era Nancy, siempre guapa y sonriente, como salía en un folleto del colegio, donde en otra página también estaba yo con mi malla negra haciendo un sur le-coud-de-pie.// Mi primera escuela de música “en serio” fue la Juan Manuel Olivares, iba a clases de solfeo, piano y coro; y mi mamá iba a clases de armonía, historia de la música y guitarra; y tenía una compañera que le prestaba sus exámentes de historia todos con 20 puntos, que eran perfectos para estudiar, por el contenido y por la caligrafía impecable. Esta amiga tenía un novio que la esperaba a la salida de la escuela; mi mamá decía que cantaba muy bien y que a veces salía en la tele.//. Cuando ya fui mayor y decidí que no era el microcopio ni el ballet, sino la música coral, canté varios años en un coro fantástico e inolvidable, la Schola Cantorum de Caracas. Allí cantaba un tenor muy especial, por su voz, su feeling y su calidez y calidad humana; era Julio Felce, el esposo de Nancy, la amiga de mi mamá y mi teacher de inglés…
Cuando me vine a vivir a Mallorca hace diez años, me traje mis discos, mis fotos, mis libros de piano y mis partituras de música coral. En muchas de esas partituras hay solos que resuenan en mi memoria con la voz de Julio, “Quisiera ser”, “El Bambú”, “Mata del Anima sola”, “Compae Facundo”… Hace unos años me contó mi mamá por teléfono que el hijo mayor de Nancy y Julio, Julio Alexander, se venía a vivir a Palma con su esposa Matilde… qué sensación más rara. Y ahora están aquí los viejos amigos; han venido a visitar al joven matrimonio. De pronto la máquina del tiempo vuelve con sus trucos y el paisaje mediterráneo se confunde con nombres venezolanos, con anécdotas viejas y nuevas, con chismes y risas y una emoción que se nos escapa a cada momento. A Julio se le ponen los ojos “aguaos”, porque siempre ha sido un sentimental, Nancy se rie y disfruta, yo los miro y los escucho, y todo me parece irreal y fantástico porque además nos acompaña Abril que impone su/mi realidad, con sus ocho mallorquines años de edad.//. Los invito al ensayo del Requiem de Rutter y Julio al final pide la palabra y me regala un saludo público de la gente de allá, del Sistema, de los Coros, de los amigos; Julio Felce hablando a mi realidad de hoy desde el cariño caraqueño de los músicos de allá.//. Después nos vamos de excursión, la UIB, Valldemossa, cocas de patatas, más historias, Abril tomándonos una foto… tengo resaca de esta globalización del corazón.

