El tema del bilingüismo en Mallorca es complejo, tanto que cualquier aproximación rápida es siempre superficial y frívola. Las posturas (y las hay diversas y de todo signo político y cultural) son casi siempre irreconciliables y admiten poca discusión; ni hablar si opina un foraster. Pero como siempre, más allá de los discursos están los hechos, las realidades cotidianas, y especialmente el mundo de los afectos, que no entiende de bilingüismos porque el cariño es el verdadero idioma universal.
El veinte de Abril, se presentó en la Galería de Arte Sampol Sampol de la calle Blanquerna, el libro de Bernardo Martí Cañellas “Memorias de un editor enclaustrado”, meditaciones en forma novelada sobre la vida real y ficticia del editor que se llama igual, o casi, que Bernat. Las palabras iniciales estuvieron a cargo de su amigo Antoni Figuera, poeta y profesor de literatura. Bernat tiene entre sus muchos méritos personales y profesionales el estudio y desvelamiento de la obra en castellano de diversos autores mallorquines. Parte de este trabajo fue publicado por Lleonard Muntaner con el título “Antología de escritores baleares en castellano” (1994) y tenía como antecedente el “Voces de las letras baleares” publicado por BMC.
Sirvió la ocasión para recuperar una anécdota juvenil de Emili, cuando estuvo preso por asistir a una conferencia de Antoni Serra. Era el año 1967 o 68; Emili estudiaba bachillerato y había llegado a la Casa Regional Catalana por esa mezcla de curiosidad y casualidad tan dada a ofrecer recuerdos memorables y frutos sorprendentes. En el furgón al cuartelillo iban seis personas, entre ellas Josep Maria Llompart, Miguel Angel Femenías, Emili, Antoni Figuera y Antoni Serra. Los tres últimos se reencontraban el 20 de abril en la presentación del libro de Bernat, amigo de todos.
De este encuentro que unía letras mallorquinas en castellano con recuerdos juveniles casi novelescos, y diálogos que un segundo eran en mallorquín y el siguiente en castellano para volver y quedarse en la lengua de Llull, después de un “entenc perfectament, per favor xarrau en mallorquí” mio, quedan estas fotos. Que son más de lo que muestran. Allí estamos con Bernat y su esposa Francisca, quien canta en la Capella Mallorquina, cuyos muchos viajes dieron origen a otro libro de Bernat, “Viajes y límites” (1996) en los que participó acompañando a la soprano con quien comparte la vida. Hay una imagen de la presentación y otra de los Antonis y Emili; y al final una frase de “El Infante de Mallorca“…



“¿Así habláis de Mallorca? ¿Desestimáis el valor de una piedra porque no excede al tamaño de una esmeralda? Ah! Vos no conocéis ese hermoso país: yo lo tengo grabado en el corazón. No, nunca podré olvidarlo…”