El trabajo dignifica, vale. Pero qué pasa cuando trabajas en un banco y clarísimamente engañas, o digamos, informas “a medias” a tus clientes sobre pensiones y fondos de inversión porque esa es la línea del banco. Me pregunto cómo se duerme sabiendo que a través de tu gestión la gente ha perdido su dinero mes tras mes.
Pensemos por ejemplo en una bien intencionada asesoría bancaria en la que te sugieren un plan de pensiones que te “conviene” en el que podrás recibir beneficios por el dinero mensual invertido para tu pensión. Pero las cosas van mal, y las inversiones que hace el banco con tu dinero en vez de producir beneficios se van comiendo tu capital. Vale, tu arriesgaste haciendo caso a lo que te sugirió el empleado del banco con buena intención. Pero el escándalo es que mes tras mes, sigues perdiendo dinero y ese mismo empleado que tan amablemente te asesoró como persona que sabe (porque al fin y al cabo uno “se deja” asesorar porque confía en este joven tan listo y que entiende tanto del tema), pues este mismo que te vendió el plan, no te hace una llamada para avisarte que estás perdiendo íntegramente tu depósito mensual. No hace honor a la confianza que depositaste en el banco, sí, pero en él también, en lo que te pareció una buena opción para tus durillos según sus explicaciones. Y cualquier día de verano vas a actualizar la libretita del plan de pensiones que tienes en el cajón del escritorio aprovechando los días libres y te encuentras con la sorpresa.
Mi caso es bien simple y las cantidades quizá sean ridículas en comparación con las que leemos en los periódicos, pero igual os lo cuento porque al menos las rabias compartidas (al igual que las tristezas y las alegría) se llevan mejor.
Hace un par de años contraté con Sa Nostra un plan de pensiones, ponía 100 euros mensuales. Según me explicaron una parte del dinero que pongo cada mes se invierte en negocios que producen una renta más o menos fija y la otra parte renta variable. Escribo de memoria pero la cosa es más o menos así. Cuando hace un año todos empezamos a sentir que la crisis era más que mala prensa y que había que hacer recortes, pues me fui al banco y rebajé mi aporte a 50 euritos mensuales. El mismo chico amable me atendió y actualizó la cuenta según mis instrucciones. Esto fue en julio de 2011 y tenía en la libretica verde 4023 euros… Ha pasado este año en el que he depositado mis 50 euritos (bueno un poco más pues te van subiendo no me acuerdo por qué), en fin, voy al banco toda veraniega con mi libretica, la hago actualizar y miro el saldo… tengo 4024 euros. Todo lo que he depositado, un poco más de 600 euros, desapareció con la crisis bancaria… Inmediatamente por aquello de ser la reina del vaso medio lleno pensé que si no hubiera rebajado el aporte en vez de seiscientos veintitantos habría perdido mil doscientos cincuenta y más.
Por supuesto que tengo rabia con el banco; pero también tengo rabia con el empleado. ¿Que no es culpa suya? hombre, claro que no es culpa suya, es culpa del trabajo que escogió. También ha podido llamar por teléfono y decir, mire Sra. Capriles quizá le interese hacer algún tipo de cambio en su plan de pensiones ya que… y tal y tal… ¿lo tienen prohibido?, ¿en su contrato dice que no pueden avisar a los clientes cuando estén perdiendo su dinero?. No lo sé, quizá sí. Mientras, las pensiones de un montón de jubilados se han ido al carajo. Mis 600 euros de la futura (y espero lejana) jubilación son una anécdota; la de ellos no. Pero aquí seguimos; todos tan panchos.




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