mario puzo

Categoría: De la vida y de la muerte
4 de julio del 2012

Termino de ver un capítulo de “Mentes criminales” donde parejas de gitanos psicópatas raptaban niñas para convertirlas en esposas de sus hijos, a quienes además volvían asesinos al enseñarles a matar a los padres de las niñas; un dulce. Al final del capítulo sale una frase del escritor de “El Padrino” que decía algo así, las familias son como el ejército, su éxito depende de la lealtad ciega de sus miembros; palabra más palabra menos. Se me queda en la cabeza y me da vueltas a lo largo de los días. Tiene razón Puzo; qué vaina.

Ambas instituciones (en la aproximación más tradicional) se levantan sobre  la disciplina de la obediencia, el respeto incuestionable, la ausencia de crítica sobre las normas; la falta de actualización de roles y realidades (bueno, en el ejército puedes ser ascendido; cambiar los roles que se establecen en la infancia es bastante más difícil). Y vuelvo a Puzo… el tema de la lealtad… “Los trapos sucios se lavan en casa”, “Al que escupe pa’rriba le cae encima”, “Quien le pega a su mamá se arruina”… La disfuncionalidad de las familias, esa realidad tan común y tan poco publicitada, que aparece apenas rascas un poquito la superficie. Violencia, abuso de poder, manipulación, secretismo; y el manto de lealtad y silencio, convertido en rasgo venerable, en ejemplo de funcionamiento ideal que se proyecta como anhelo en todo grupo humano. Donde lo máximo parece ser el poder decir “somos una familia”, “nuestra gran familia”… Recuerdo al director de una entidad cultural muy “nuestra familia”, que desquiciaba a sus asistentes con sus continuas exigencias de lealtad; no eficiencia, no talento, no iniciativa; lealtad era su demanda. Esa misma que describe Puzo.

La posmodernidad va imponiendo su estilo desarraigado y cambiante, donde la ausencia de compromiso a largo plazo, con la empresa, con el pueblo natal, con las referencias “de siempre” favorece la exploración y descubrimiento de nuevas opciones y condiciones, laborales, y sociales. Una nueva forma de libertad propia de estos tiempos y que nos plantea asuntos que nos interpelan. No nos debemos nada, cambiamos cuando las condiciones cambian, cuando ya no estamos satisfechos; compartimos afectos, intereses y hasta empleos con diferentes jefes, líderes; simultánea o sucesivamente. Ejército, iglesia, familia… los nuevos tiempos dinamitan la base de estructuras que desde hace décadas hacen aguas. 

Pero con qué las sustituiremos, las sustituímos. Pasará quizá como con la democracia, que seguimos defendiendo como la mejor opción política, pero reconociendo internamente que la opinión de la mayoría es bien poco fiable.