Lectura para el funeral de mi mamá en Palma, el lunes 18 de junio 2012 a las 20h. Iglesia de Santa Catalina Thomás, Plaza de Santa Payesa. Celebró el P. Miquel Gual, compañero profesor del Centre Universitari Alberta Giménez.

Lo primero que quiero hacer ahora, es dar las gracias a todos los que están esta tarde aquí con nosotros. Especialmente a los cantaires del Cor de la AUOM quienes tomaron la iniciativa amorosa de hacer una misa para mi mamá; la suegra de Emili; la abuela de Zoltan, Cate Catalina, Abril y Lucía, quienes no tuvieron oportunidad de decirle adiós en Caracas, de darle un beso y pedirle la bendición, como se acostumbra allá con los seres queridos, y que es un signo de cariño más que de fe religiosa, que también.

Dar las gracias al P. Miquel, que ha hecho una homilía de tanta categoría intelectual, con tanta generosidad para los que comparten en diferente grado la fe. Y como para recordar lo inescrutable de los caminos de Dios, aquí están Nancy y Julio Felce, amigos de Cate y de mi casa desde hace más de 40 años, que han venido a Mallorca a “celebrar la vida”, por el nacimiento de su primera nieta.

Sentía que era necesario tener una oportunidad de recordar a Cate, de “hablar de la abuela”; ocasión que me han regalado y que ahora se convierte más que en unos minutos familiares e íntimos, en un momento de amistad, un rato de confidencias compartidas fraternalmente ante gente que nos quiere… y además estoy segura de que a Cate le hubiera encantado (ella que era muy chula) esto de que la recordásemos de los dos lados del océano, y especialmente en este otro continente donde ha crecido parte de su familia.

Mi mamá se parecía a todas las mamás y a todas las abuelas; era más o menos como se espera que seamos: amorosa, protectora, nos hacía montones de regalos, nos hacía reír, tenía un sinfín de anécdotas e historias. Nos contaba cuentos, aún de grandes, y nos daba muchos besos y abrazos. En sus mejores momentos, lograba que nos sintiéramos distintas y especiales, verdaderas princesas hijas de una reina única.

También era dominante, celosa de nuestras amigas y novios, pensando siempre que nadie era demasiado bueno para sus hijas. Mi mamá era dura al criticar, sabía desnudar las miserias humanas y exponer las debilidades de la gente de una forma, “quirúrgica”, diría; de una manera que a veces dolía y mucho; pero que también orientaba, te abría los ojos, te empujaba a reflexionar y a madurar.

A veces, para molestarla, yo le decía “Carmen Teresa, tal cosa”, así, bien en “venezolano” la llamaba por su nombre de pila en vez del “Cate” que ella misma escogió y perfiló casi como nombre de artista; como símbolo de la mujer que fue construyendo a lo largo del tiempo. Porque Cate fue muchas cates; una para cada etapa, para cada circunstancia que le impuso la vida… la Dra. Cate que hablaba de “tú a tú” con los médicos sin haber pasado por ninguna facultad de medicina. Con ella estabas bien tranquila si la tenías al lado en el hospital, porque si estaba allí, no te podía pasar nada malo…  era también la “Miss Guárico y primera finalista del Miss Venezuela”, la que enamoró a mi papá con su belleza, su inteligencia y su gracia… y la que supo disimular los malos momentos económicos de nuestra familia al punto de que vivir en una casa sin muebles era una maravilla para correr y jugar, un espacio hecho a la medida de “sus niñitas”… y Cate fue también la valiente que se separó, arriesgando posición y comodidades, y sacó el bachillerato y un título universitario ya con tres hijas mayores. Y una nueva y casi desconocida Cate apareció hace poco, humilde para decir “no puedo más, esto es demasiado” cuando la doblegó el dolor de la enfermedad, que pudo más que ella a pesar de su fuerza y su coraje.

Así que cuando escribía estas líneas pensaba, de cuál Cate me gustaría hablar a mis hijos, a mis amigos. Y me di cuenta de que no hay forma de resumirla aquí; no puedo hacerle justicia a mi mamá.

Estoy convencida de que a cada uno nos toca el trabajo, el deber, quizá hasta la responsabilidad para con nuestros propios hijos, de intentar conocer y entender a nuestros padres. Entender sus motivaciones, sus circunstancias, sus limitaciones y sus esfuerzos. Comprender sus luchas, sus batallas ganadas y también aquellas que perdieron a lo largo de sus vidas. Porque lo que hoy soy, es la continuación de esas historias. Siento profundamente que esto es así; y que si no entiendo cada vez más y mejor a mi mamá y a mi papá, cometeré y repetiré sus errores… pero también haré cosas buenas y grandes sin saber agradecer que muchas de ellas las imité, las aprendí y las recibí de ellos.

Mamá, deseo tanto que descanses en paz.
Todavía no te he llorado lo suficiente… he estado muy ocupada. Pero todo se andará. Ojalá y pudieras enviarme una vez más tu bendición.



3 Comentarios en “cate”

  1. Antònia M. Mora Vich | 19/06/2012 a las 17:56:46

    Hola Irina, me ha emocinado tu carta para Cate, pués está llena de sentimientos y cariño. Todos los que tuvimos la suerte de conocer a tu mamá coincidimos en que era toda una señora, elegante, educada y muy divertida a la vez. El dia de tu cumpleaños dijo: “siempre supe que Irina seria una persona muy especial” y no se equivocó porque lo hemos podido comprobar todos los que te conocemos y compartimos el dia a dia contigo.
    Y es bien verdad, como dices, que has heredado de ellos tu afición por la música y tu “savoir fer”.
    Un abrazo y un recuerto emocionado para tu mamá..!!!

  2. MALEN | 26/06/2012 a las 14:29:45

    No conocí a tu mamá, pero tus palabras al describirla creo que han superado con creces cualquier otro tipo de conocimiento, porque surgen de lo más hondo, de donde salen los verdaderos sentimientos forjados a través de los años pasados a su lado, de las vivencias compartidas, de la experiencia de estar lejos en la distancia pero cerca del corazón…
    Seguro que ya ha revolucionado medio cielo con sus cosas ahora que el dolor ha dejado paso a la paz.

  3. Carlos Jose Garcia | 28/06/2012 a las 19:46:02

    Hola Irina, con gran pesar recibo la noticia de la partida a “La Casa del Padre” de tu mamá, desde ahora goza toda tu familia (hijos, hermanas, Papá, sobrinos, …) de un angelito que, al lado de Dios, velará por todos e intercederá ante él. Tienen ya otro Angel de La Guarda que los guiará y protegerá. Mis acompañamientos a toda tu familia: a tu papá, tus 4 Hermanas, hijos y sobrinos…

    En todo hogar bien formado existe siempre “una gran mujer” y en tus palabras de despedida describes diáfanamente a “ESA GRAN MUJER”

    Con todo afecto,

    CARLOS JOSE (Medellín-Colombia)

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