Hace casi 15 años mi papá pasó un mes en terapia intensiva en el Hospital de Maracay, ahora mi  mamá pasa su segunda semana en la UCI del Hospital de Clínicas Caracas. Esperamos que mañana al fin pueda ir a una habitación con luz natural y rodeada de voces queridas. Fuera de la UCI, los familiares nos pasamos el tiempo en la salita de espera, esperando. Esperando los minutos de visita repartidos a lo largo del día, esperando el informe de los médicos después de la revista, esperando la compañía de otros parientes y amigos que vienen a preguntar e interesarse, esperando la hora apropiada para ir a comer. Esperando que haya cambios positivos.

Al igual que aquella vez hace 15 años, los días pasan y te vas acostumbrando a las caras y la compañía de los otros parientes, a sus lágrimas, a sus alegrías y a las propias. Llega un cura y se va. Ha muerto el señor de UCI-4, muchas personas tristes y lágrimas, aunque el señor tenía 87 años. Qué importa la edad, el dolor es siempre el mismo, ese para el que nunca estás del todo preparado. Aunque parece que el dolor propio es más. Y es más porque es tu papá, tu mamá, tu abuela, tu hermana. Y sentimos y entendemos a través de estos vínculos. Escuchas a una señora que dice “es que era tan especial”, y piensas mi mamá sí que es especial. Y la otra señora de la otra familia del enfermo de la otra cama de la UCI que está un poco más allá pensará lo mismo, “mi abuelo sí que es especial”. Y todos tenemos razón, porque el cariño y el dolor son únicos e intransferibles. No hay traductores, ni medidores, ni sistema de unidades capaz de convertir o igualar los sentimientos. Esta señora que está cada día allí en la esquina con su libro, que se come sus galleticas a las 13h como aperitivo y que pide templanza a la pariente que llora desconsolada, ¿siente menos?. Quién lo sabe, quién puede juzgarla y ser justo.

Entra un señor vendiendo libritos de oraciones. Las máquinas de café y meriendas (galleticas, peras, yogurt, patatillas…) funcionan a todo vapor. El lavabo es un anexo que compartimos como propio. Las escaleras que nos llevan del sótano 2 al primer piso donde está la cafetería, un espacio de confidencias y lágrimas discretas.

Pasa otro día en este paréntesis del paréntesis del paréntesis. A veces no sé dónde vivo en realidad; pero sigo sabiendo quién soy.



2 Comentarios en “hospitales, enfermos y parientes”

  1. Luis Andrade | 18/05/2012 a las 14:59:03

    Querida Irina, si estuviera allí no te daría uno, sino muchos abrazos de esos de oso que resultan tan reconfortantes y terapéuticos. Qué bueno que estés allí junto a tu mami y que ella reciba también apapachos reparadores, que se sienta querida y acompañada, espero que pronto salga de la UCI. Besos

  2. francisca Balaguer | 20/05/2012 a las 20:34:49

    Querida Irina, supongo que ya estás aquí, con el corazón dolorido por haber dejado a tu madre tan enfermita. Creo que todos, al menos yo nos sentimos un poco madre, hermana o pariente cercano que ahora te acompañaremos con el cariño y la alegria de tenerte otra vez entre nosotros, ben vinguda a sa “roqueta” y un fuerte abrazo.

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