un presidente enriquito

Categoría: Familia, Mundo, Rayos y Truenos
31 de Julio del 2011

Lo he contado otras veces, pero ahí voy otra vez. Cuando mi papá era chiquito, vivía en su casa de leyenda en San Esteban, un micro pueblo cerca de Puerto Cabello en Venezuela. Allí estaban su mamá, su papá, sus 13 hermanos y unas cuantas ayas que ayudaban con la gran familia. Una de estas mujeres tenía un hijo llamado Enrique que creció jugando con mi papá y sus hermanos. Pero realmente el cuento no va de Enrique, que echó pa’lante y le fue bien en la vida. Va de que mi papá, el hermano 13, hacía llorar a mi tío Felipe (el más pequeño) con descripciones de cómo eran las fiestas de cumpleaños de Enriquito, que así le decían. En aquellos tiempos, igual que ahora, los niños percibían las diferencias de estatus, y se ve que mi papá y Felipe eran particularmente sensibles a estas diferencias, pero en sentido opuesto. Y así decía mi papá cuando su hermanito le preguntaba cómo sería la fiesta de cumple de Enriquito: pues Felipe, habrá una sola botella de refresco que repartiremos entre todos, con una tartita pequeñita, y algunas bambalinitas; y quizá tenga algún regalito… y así. Y Felipe se echaba a llorar, pobre Enriquito, y mi papá gozaba un puyero mortificando al benjamín. En fin que dentro de mi familia esta anécdota que mi papá contó mil veces, todavía riéndose (nunca he entendido por qué le hacía tanta gracia, o quizá sí, pero ese es material para otro post, o para un libro) se convirtió en cotidiana, y “enriquito” pasó de ser un nombre propio a convertirse en adjetivo, que sirve para describir cualquier cosa que no llega a ser, que se queda a medio camino, que es medio de pobre, que da un poco de lastimita. Y hay bodas enriquitas, comidas enriquitas, casas enriquitas, y casi cualquier cosa puede ser enriquita.

Hasta que he llegado a encontrar el primer presidente enriquito, qué penita. Es ZP. Apenas hoy me entero de que ha adelantado cuatro meses las elecciones generales españolas. No aguantó, se le acabó un fuelle que nunca funcionó realmente a toda máquina. Quizá si no le hubiera caído encima la losa de la crisis que negó más veces que Pedro, si no le hubiera salido al revés la negociación con ETA y lo de la T4 no hubiera pasado. Quizá si hubiera escuchado más y sonreído menos, el buen talante se hubiera terminado imponiendo acompañado de tantas leyes sociales que aplaudimos en su momento. Pero como en las fiestas de Enriquito (que pensándolo bien nunca supimos si alcanzaba en realidad la merienda para todos) lo que queda es esta sensación de poquita cosa, de querer y no poder, de salir por la puerta de atrás. Especialmente de que fui presidente de un país del primer mundo; pero no me enteré. Mr. Bean, pero en triste.

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