farruquito

Categoría: De la vida y de la muerte, Mallorca, Música
24 de Julio del 2011

¿Pero este no es un delincuente? me preguntó una cantaire cuando comenté que íbamos a verle bailar. En ese momento no supe qué contestar; y creo que aún no lo sé. Su pregunta ha colado en mi cabeza unas cuántas más que me asaltaron por momentos durante la función a la que asistimos en el Teatro Trui en Palma. Entre ellas: Si un individuo cometé un delito y va a la cárcel y cumple su condena; cuándo sale ¿sigue siendo un delincuente?, o ¿perdonamos más fácilmente a un buen artista sus pecados que a un mortal común? y también, ¿debe ser juzgada a nivel social la vida personal de un artista o persona pública, sus gustos o costumbres íntimas? y una última, ¿la edad a la que se comete una falta, es realmente un atenuante válido. Acaso no sabemos desde niños lo que está mal?.

Un hermano del famoso Chacal, el mercenario/terrorista venezolano que sigue preso en París hasta el fin de sus días, contaba que cuando matas a una persona, pierdes un cierto tipo de virginidad. Ahora ya sabes qué se siente, sabes que puedes matar, y saberlo te cambia.

Supongo que se podría traducir como que un asesino lo es para siempre, porque lo es en su interior. No importa que la sociedad lo sepa, te perdone o no, que cumplas condena o no; es algo entre tu y tu mismo. Por supuesto esto no vale para los psicópatas, que no viven ningún tipo de conflicto interior.

Pero vuelvo al flamenco, y al arte, y a Farruquito. Esta en plena forma, mejor que cuando lo vimos la primera vez en el Palma Arena en el 2008, recién salido de la cárcel.  Es bueno, viene bien acompañado (igual que la otra vez), cae simpático por su sencillez y su sonrisa; y tiene una gracia especial, original.

No se te olvida toda aquella historia, pero aplaudes con las mismas ganas.
El arte tiene esto, entraña su propia redención.

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