Lo envía Pere Cortés. Y nos quejamos del carril bici…
Ayer por la mañana supe que había fallecido, y desde entonces me encuentro con esa cara de grandes ojos entre mis pensamientos.
Una mirada desprevenida no hubiera podido descubrir lo que aquél cuerpo menudo escondía; detrás de aquella ropa siempre alegre y colorida, una mujer hecha y derecha, un carácter que duplicaba su estatura.
Paulina presidente eterna de la Asociación de Alumnos y Exalumnos de la UOM, incombustible. Paulina coralista que no olvidaba ni descuidaba lo que pasaba aquí, allá y más allá. Paulina pendiente de los detalles, en navidad, en fin de curso; una tarjeta, una llamada, un abrazo. Paulina riendo, Paulina enferma. Luchando como una tigra, imponiéndose ante la adversidad una y otra vez.
Pero todos nos cansamos, y su cuerpo también se cansó, y estoy convencida de que ella se dio permiso, se dijo, venga Paulina ya es hora, deja de pelear y descansa. El dolor tiene esto, nos agota, nos separa de todo y de todos.
Entre sus méritos estuvo saber reunir en torno suyo gente querida y valiosa, gente que la estimaba y que además brillaba con luz propia. Y entre todas, nos deja el regalo de conocer a Josefina, ejemplo de amistad y lealtad. El ojo de Paulina para las cosas buenas y bellas de la vida.
Estoy esperando una visita de Paulina. Por poco que sea cierto que algunas almas hacen de las suyas, vendrá a jalarme un pie una noche de estas, y nos reiremos juntas; bueno nos reiremos después que me de un buen susto. Hombre, es Paulina, no lo va a dejar así sin más.





Foto Per Endström