de sagitario a libra

Categoría: Rayos y Truenos
18 de enero del 2011

Si antes iba tirando flechas y corriendo libremente por los montes, ahora busco el aurea mediocritas que añoraba Horacio. En todo caso, con el inestable equilibrio de siempre. Y ahora lo entiendo, no es que me esté poniendo vieja y tenga que distribuir las energías más equilibradamente, todo es por culpa de Ofiuco, la casi nueva constelación que ha hecho mover las fechas de todos los signos zodiacales. El problema viene en que según donde lea la información, resulta que puedo ser Libra: del 31 de octubre al 23 de noviembre (ddg) o Escorpio: del 23 de noviembre al 29 de noviembre (A pedra folosofal). Esto último me gusta menos porque siempre le he tenido un poco de respeto a estos arácnidos, primitivos y veleidosos. Por otra parte no está mal descubrir después de cincuenta años, que uno también tiene derecho a un poco de ponzoña de vez en cuando. Lo mejor viene cuando lees que todavía hay una decimocuarta constelación, Cetus, que apenas toca la banda del zodiaco, y que quién sabe, podría significar que más adelante también la incorporen a los ahora trece signos, y la cosa quizá siga cambiando. Lo que toca.

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pelotas de baseball

Categoría: Ciencia y tecnología, Cine, radio y TV
18 de enero del 2011

Este vídeo impresiona. Realizado especialmente para el programa “How It’s Made”, del canal científico de la cadena Discovery, recorre paso a paso la fabricación de una pelota de baseball, este deporte que nos es tan cercano a los del otro lado del charco. Todo me llamó la atención, desde la detallada elaboración hasta la  participación manual casi en cada paso. Y entre los operarios, mucha mano de obra de colores ¿latinos, asiáticos? (descabezados y despersonalizados como toca en un documental de este tipo), pero en ningún caso wasp, más o menos como lo que está pasando por aquí. Encontré el vídeo en Tecnoculto.

los nuevos libros

Categoría: Nuevas tecnologías, Textos y poesías
18 de enero del 2011

Nuestra biblioteca es nuestro tesoro, cada lomo y su título nos recuerda una historia que termina siendo la nuestra. Historias que se redondean con emociones, olores, apuntes en los laterales, esquinas dobladas o papelitos olvidados entre las páginas. El libro que se duerme en el pecho, que llevas en el bolso, que se te cae sobre un dedo del pie; el libro cuya contraportada lees en la tienda, el que subrayas, los kilos proporcionales a conocimientos o aventuras o tragedias… Estos libros, los que pesan, han muerto, ahora puedo decirlo con certeza. Si solamente leyeras tonterías en los libros, estos no tendrían ningún valor, tienen el valor que das a lo que has leído en ellos, a lo que has aprendido y sacado de ellos. Así que el formato que hemos amado por décadas merecía nuestro amor por lo que nos daba. Si en un nuevo formato encuentras lo mismo que has amado siempre y con ventajas, el cambio es una realidad, el tránsito un instante y la alegría del descubrimiento una novedad que merece ser contada como enhorabuena evangélica.

Mis coralistas me regalaron de cumple un Samsung eReader E65; venía con cinco títulos de regalo; entre ellos “El Hereje” de Delibes. Luego Emili me bajó “El Cementerio de Praga” de Umberto Eco con el que me deleito en este momento. Qué delicia leer en este dispositivo. No pesa, no cansa la vista porque usa algo llamado tinta electrónica y la pantalla no emite luz, paso las páginas con un mínimo movimiento del pulgar, escribo cositas en los bordes o subrayo. Como me gusta leer acostada de lado, pues lo apoyo en la camita y tapada con la manta hasta la naríz sigo leyendo sin tener que girarme cuando leo páginas pares o impares. Qué más… lo obvio, llevo como 10 libros dentro esperando turno, siempre está en mi bolso porque nunca se sabe cuándo hay que esperar y te puedes robar unos minuticos para leer.
No me imagino cargando un mamotreto de medio kilo nunca más, al menos para la literatura. No todo está digitalizado pero con lo que ya hay, nos espera un banquete. Y los precios… contra un libro de papel de 20 euros, el mismo en digital por 6, o gratis. Pero el precio no será el problema, porque poco a poco iremos conociendo las empresas que digitalizan mejor, con menos errores de tipeo, con más enlaces internos a imágenes de todo tipo; y uno siempre paga con gusto la calidad. Y cuando la presbicia nos siga aumentando, iremos aumentando el tamaño de la fuente con un clic.

Y qué pasa con el romanticismo del olor del libro, las texturas, la relación íntima con el objeto bla bla bla… pues ya les voy contando que mi lector es suave al tacto, tan blanco por fuera que se diría todo de algodón. No huele pero canta, porque puedo poner musiquita mientras leo, si quiero. Compré lana para tejerle una cubierta y protegerlo. Mi lector es Delibes y Eco, Dostoyevski y Victor Hugo, todos juntos, conmigo a cada paso. Cuánto espacio recuperaremos en casa en unos años…

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