Cuando hicimos la visita a la finca de Vicki me impresionó recostarme de uno de los caballos y quedarme allí unos momentos. Sentir el volumen inmenso del animal y su respiración. A veces asociamos más la vida animal con seres pequeños, pájaros, las mascotas de casa, un insecto que ahora está vivo y ahora muerto. O la respiración y el movimiento de un sapo o un murciélago cuando lo aprisionas en la mano. Pero sentir a los grandes animales es totalmente diferente, creo que es porque se parecen a ti, pero no eres tú, son mucho más. Apenas recuerdo lo que sentí de niña una vez que monté un elefante y otra vez un camello; creo que el bamboleo era lo que me impresionaba más, el susto de poder caerme, pero era sólo esto, subir, avanzar unos minutos y abajo. En cambio este rato que pasé pegada del caballo de Vicki, me ha acompañado este verano, ese calor. Y luego verle los ojos y hacerle caricias, es especial. Creo que repetiré.





Foto Per Endström