memoria
Amigos, Textos y poesías, Venezuela 16 de Agosto del 2010
Hay personas con un don especial para recordar datos e información de todo tipo; luego está lo que se hace con ese don, la capacidad para organizar y sacar provecho del material que se guarda en la memoria. En estos días he vivido dos experiencias muy diferentes y muy bonitas con personas que lo tienen. La primera con Ibsen Martínez, de quien siempre es una delicia escuchar no sólo sus proyectos literarios sino también disfrutar del cúmulo de información que maneja con tanta comodidad. Curiosidades, fechas y datos no se le resisten, y vienen envueltos en su particular oralidad, una gozada. Se suma el cariño de siempre al gusto de escucharlo.
La otra experiencia fue en la antesala de la clínica mientras esperábamos para una consulta. Al llegar, mi mamá identificó a Ramón J. Velázquez, quien además de gran historiador y periodista, fue presidente interino de Venezuela. Estaba con dos de sus nietos quienes le acompañaban a una cita médica. Por cierto un encanto de muchachos, educados y atentos con su abuelo. Pues la Cate se instaló con el señor a darle a la sin hueso, hablaron de libros, de salud, de mi tío Miguel de quien dijo que le había dado su primer trabajo como periodista y siempre se lo había agradecido y de alguna otra cosa más que se me escapa. La conversación, que yo espiaba desde la fila de sillas de adelante, fluía llena de datos y comentarios lúcidos, directos y documentados. Le ofreció un libro a mi mamá y le pidió la dirección que anotó uno de los nietos.
Se me olvidaba acotar que Ramón J nació en 1916.
El epílogo de la anécdota ocurrió cuando el escritor salió del médico y mi mamá estaba con el suyo. Ya junto al ascensor, le escuché preguntar a sus nietos si habían tomado nota de los datos de la señora con quien habían conversado; para enviarle el libro pendiente.




Foto Per Endström
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