en caracas 4
De la vida y de la muerte, Venezuela 14 de Agosto del 2010
Hace calor, pero sopla esta brisita que refresca todo. Ya es viernes y comienza la cuenta regresiva para volver a Palma. Quizá lo mejor de viajar, de vivir una realidad tan diferente a la cotidiana es que te recuerda que el mundo no se encuentra entre los límites de tu ciudad. Te da perspectiva. Creo que fue ayer que me preocupaba no ser ya de aquí, no sentirme demasiado venezolana, no identificarme con tantas de las cosas que encuentro; y luego pensaba que tampoco soy del todo mallorquina (la mallorquinidad no te la otorgan los mallorquines -aunque algunos crean que sí- te la otorgas tu misma cuando te comprometes con la gente, con la cultura, con el paisaje).
Por un momento sentí un vacío, pero luego pensé en otros lugares que son míos hace años, que conforman mi mapa nacional personal, entonces me di cuenta de lo poco que significa el pasaporte.
Vuelvo a la perspectiva. Tener un pie en cada orilla del Atlántico, y le pasará igual a tantos inmigrantes, hace que los problemas que dejas y los que encuentras en cada sitio tengan una dimensión más proporcionada, como la literatura y el cine; que tienen esa capacidad de abrir horizontes, de sacarte de la realidad inmediata y catapultarte a otros mundos, a otras realidades familiares, a otras dimensiones humanas. Lo bueno y lo malo se aprecian de una forma, como decirlo, más artística y menos pasional; puedes lograr ese punto de distanciamiento tan importante para el juicio objetivo.
Creo que hay que tener experiencias con otros destinos que no sean el de tu ciudad o tu pueblo, hay que conocer gente distinta a uno, compartir con ella profundamente, vivir aunque sea poco tiempo en otros sitios - el viajecito recreativo no entra aquí porque casi siempre ves desde el piso alto del autocar con aire acondicionado- y no olvidar estas experiencias al volver; incorporarlas como referencias y tenerlas a mano cuando te asfixia la realidad inmediata, cuando los problemas de la casa y el trabajo parecen tan grandes, o tan definitivos, o tan importantes.
Dar un paso atrás, y conectar con el mundo ancho y profundo que llevamos dentro.




Foto Per Endström
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