en caracas 3
Familia, Venezuela 9 de Agosto del 2010
Los seres humanos somos una vaina seria. Cuando estamos aquí queremos estar allá, cuando llegamos allá queremos estar más allá; o volver aquí. Claro que es por momentos, porque por poco que realmente lleves las riendas de tu vida, estás donde quieres estar.//. Aquí los días transcurren lentos y largos. Duermo bastante, ayer por ejemplo, me acosté a las 9 de la noche, hoy me he levantado a las 6, siempre con los pajaritos (al menos ya voy ganando media hora en 4 días).//. Nunca me he llevado del todo bien con las vacaciones, se me hacen largas. Me van bien los horarios, la agenda llena. Entrar y salir de casa.//. He descubierto varias cajas cerradas que dejé hace 11 años, creo que hoy dominguearé abriéndo alguna, estas cosas hay que hacerlas de a poco. Supongo que tendrán libros y papeles, y posiblemente haya por allí algún alijo de viejas cartas de amor (otra máquina del tiempo). Me quedo pensando que las cartas de amor jamás pasan de moda. Pueden ser más o menos románticas, puede cambiar el vocabulario, el tono y el medio (recuerdo un tiempo en que no podía esperar al cartero y me iba hasta la oficina de correos a reclamar mis cartas; o pienso en el hoy cuando son casi instantáneas y vuelan por el ciberespacio). Pero es lo mismo, la cosquilla en el estómago ante el sobre, o la inbox del servidor de correo. La emoción ante la efusión sentimental confirmada por escrito.
Pero entre escribir el primer párrafo y el segundo de este post, apareció el torbellino de mi hermana Iliana. Y nos atrapó con su energía y sus historias, que traía muchas de Colombia donde estuvo con la Orquesta. Así que hoy con Iliana escuchamos, nos reimos, tomé sangría, comí ostras, rematé con unos linguinis de salmón retechúpilis, libé un sambuquita con semillas de café y nos hicimos un montón de fotos con Cate y Renato. Como mis energías “clásicas” no dan para mucho más, me regresé a casita mientras Iliana, Negui y Francisco, seguían al ensayo de un grupo de jazz que parece que es muy bueno y otro día llevarán a Irinita… y las cajas se quedaron esperando. Pero mañana será otro día.




Foto Per Endström
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