en caracas 2
De la vida y de la muerte, Familia, Venezuela 6 de Agosto del 2010
Las cinco y venintiseis. Abrí los ojos a las 4.55 encantada de salir de una pesadilla en la que dirigía un concierto sentada y no podía levantarme. Dirigía una obra y el coro cantaba otra, un híbrido entre “El Encobijao” y un madrigal que ya no reconozco, y además se iban moviendo de puesto sin orden ni concierto (nunca más exacto). Lavabo y una segunda oportunidad a la camita, pero ya no había nada que hacer, estaba irremediablemente despierta. Me concentré en lo que escuchaba, sapitos, ranas, grillos, los primeros pajaritos, naturaleza que envuelve. Y en otra capa lejana pero muy clara, coches, una sirena, el peso de un camión cargado en el que imaginas la arena bajo la lona derramándose por los costados. Aquí todo es así; realidades paralelas, mundos y submundos, dos o tres dimensiones humanas y económicas que coexisten, y las gentes viven en una o en otra, o en otra… y algunos bucean entre varias. Se teletransportan, porque las distancias son inmensas. Pero colindan.
Ayer casi todo el día en casa. Vino Negui que mientras está en Caracas se queda donde su mamá que vive casi al lado, me contó cómo decidió cambiar de Miami a Richmond, la gota fue que asaltaron su casa, se llevaron todo lo que pudieron. Estuvimos viendo vídeos de youtube, la semana pasada se fue a Colombia con la Orquesta y tocó el trombón en el baile. Hacía 17 años que no tocaba trombón con la Orquesta, cuando dejó de ser la subdirectora y se fue a Boston. Cuenta que fue una experiencia fantástica, 4mil personas en el baile, recuperar el repertorio, la relación con los otros músicos, la gente. En la tardecita vino Gody que tiene con la prima Pilar una empresa de distribución de marquesas. Es un postre, una especie de tarta con base de galleta dulce y mil y una variante, de cremas, frutas, chocolates; les va muy bien y trajo “muestras” de unos 8 sabores, los abrimos todos a la vez, sacamos cucharitas y hasta que no vimos fondo no paramos. Negui nos hace ver una guacamaya azul en la antena de la finca de al lado, preciosa. Albertico me mostró su alucinante robot con mando a distancia; mide como 50 cm de alto, camina, baila, recoge objetos, dice cosas; casi da miedo.//. Repaso los libros de la biblioteca familiar, es una verdadera máquina del tiempo, recuerdo que me encantaba ordenarla, reconozco títulos, los gustos diferentes de mi papá y mi mamá, biografías e historia él; más narrativa ella; cosas curiosas ambos. Echo en falta algunos títulos, también es verdad que la bioblioteca ahora está fraccionada, antes quedaba en la segunda planta, ahora está abajo y se reparte entre el estudio donde estoy atrincherada, la habitación de Cate y diversas estanterías aquí y allá.//. La enfermera de mi papá también cocina, y preparó para la comida “carne mechada”, frijoles, arroz con fideitos y plátano frito con queso rallado por encima. Un “pabellón criollo” con variaciones. Respiré profundo pensando que ya no como carnes, y acometí la agradable tarea de zamparme el pabellón. Un vaso grande de “papelón con limón” acompañó la comida. Cambias de país y cambias de sabores y olores. Viene en el billete, y no te cobran un plus. No se han dado cuenta.
Al final de la tarde acompañé a mi mamá a la clínica, tenía cita para revisar unos exámenes. El médico era un encanto, recordé que este trato con los galenos es bastante común aquí, llamas a la consulta y el médico te devuelve la llamada, hacen chistes, están disponibles, tienes su busca y hasta su móvil para emergencias. Medicinas, médicos, revisiones, exámenes. Mientras iba en el coche recordé una conversación de hace poco con Emili, después de cierta edad la salud se vuelve tema de coversación habitual, es una relalidad insoslayable; “tengo me pasa, tiene le pasa” y la gente se muere. Es lo que hay.//. Intermitentemente leo “Gusanos de arena de Dune” que me traje de Palma, así que voy de la ciencia ficción del libro a la multidimensionalidad caraqueña y de mi familia en particular. Dejo dos vídeos de la vista desde la terraza de Cate; el primero lo tomé casi a las 6, el segundo a las 6.30h. Empieza un nuevo día. Hoy toca desempolvar la libreta telefónica.




Foto Per Endström
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