Las cinco de la mañana, en la casa todos duermen. Estoy en el estudio de mi mamá viendo como amanece a través de las correderas de vidrio que dan a un largo balcón. El ático de Cate está bien al este de Caracas así que por la derecha el cielo empieza a a ser de un azul clarito y a la izquierda todo es negro aún. Me levanto de su ordenador para retirar el cenicero, que aunque está vacío me marea con el olor a colillas de cigarrillo. Es raro que Samba no esté por aquí saludándome (tampoco tendré que salir a pasearla).
Después de un largo viaje, salimos de casa a las 6.30 de la mañana, avión a las 8, esperar varias horas en Madrid y luego un vuelo de casi 9 horas, finalmente me encontré sacando mi pasaporte venezolano en el aeropuerto de Maiquetía. Diversos y gigantes paneles con mensajes y fotos del presidente te dan la bienvenida, todos tienen al final la frase “Patria, socialismo o muerte”. Es inquietante que te reciban con esta advertencia. El aeropuerto está estupendo, la atención de los funcionarios idem. Al salir con las maletas me encuentro un cartelito que dice “Tritrina”, mi malnom cómico entre las hermanas, lo levantaba entre la gente José, quien lleva a mi papá de aquí para allá y es un gran colaborador del Blog de Los Melódicos. Nos conocíamos finalmente después de más de un año recibiendo de él fotos y comentarios para al Blog. Cate y Renato me esperaban un poco más allá. Abrazos y besos, los dos estupendos.
El aeropuerto no queda en Caracas, sino en una zona costera llamada Maiquetía (el nombre es de un cacique del S.XVI, jefe de la tribus de la misma zona). 30º y 88% de humedad que te golpean al salir del aire acondicionado. Para ir a Caracas a unos 45 minutos y 900 msnm, se asciende entre montañas por la autopista Caracas-La Guaira (otro nombre indígena) y allí a principios del ascenso por la autopista, nos quedamos varados cuando el coche se averió por segunda vez. Unas dos horas (¿o más?) esperando hasta que la grúa nos elevó sobre su lomo y nos llevó hasta la plaza Venezuela donde un amigo de José finalmente nos trajo a casa de Cate en Macaracuay (sí, también indígena). Estaban esperándonos Negui, mi hermana que vive en Estados Unidos, mi otra hermana Iona y su pareja Francisco y mi sobrino de 11 años Alberto Rafael. Iliana está en Colombia con la Orquesta, a mi otra hermana, Gody, espero verla hoy. Después llegó el otro hijo de Iona, José Renato, quien me enseñó sus trabajos de diseño de la Universidad. Vimos las fotos que llevé con mi vida de Mallorca, nos tomamos una cerveza, nos reimos… Sigo recuperando el paisaje y cada esquina de la casa.
Ya es de día.



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