Restaurants. Hay uno en Caracas, otro en Madrid, en New York, en San Juan de Puerto Rico, por supuesto en Roma. Y Palma tiene el suyo. No sé si será casualidad, o que el nombre impone, pero los restaurantes con este nombre se esmeran. En la calle Fábrica del barrio de Santa Catalina esta el Via Appia mallorquín. Hoy hemos ido a celebrar y estoy todavía en una nube rememorando el menú. Mejillones al vino blanco, carpaccio de atún rojo y ruccola. Me animé con unos raviolis de trufa y ricotta que mmm… todo regadito con una botella de chardonay catalán. Postres, cafecito. La calle está en obras, de estas profundas que se tardan semanas y semanas, así que éramos cuatro mesas; los comensales discretamente separados unos de otros. El servicio estupendo. Justo de aire acondicionado, sin agobios de temperatura. Sin música.
Al salir; no tenía muy claro en qué punto entre Roma y Brindisi me encontraba. En Castel Gandolfo seguro que no.

Nuestra mesa estaba justo detrás de la ventana de la izquierda.




Foto Per Endström