Acabo de ver por primera vez el famoso beso de Iker a Sara en youtube. Desde el inicial “qué quieres que te diga, qué te voy a decir” y la insistencia de ella micro en mano “pues que me digas cómo estás, cómo te sientes”. Se decide el hombre, empieza a contar, pasa a los agradecimientos donde la voz temblorosa se quiebra cuando nombra a su hermano. Sigue la Carbonero súper profesional sugiriendo cambio de tema y volver a comentar el partido. Casillas no con la cabeza, venga llave al cuello de la periodista y beso en boca sin “aviso y sin protesto”.
El que no vea que ella sube los hombros, pone la mano y se voltea en intento de volver al trabajo, es porque no quiere. El dice “me voy” y ella “madre mía” y “luego seguimos, ¿vale Jota?”.

Aquí hay todo un documento sociológico aunque España y el mundo se queden apenas conmovidos por la efusión emotiva del portero. Es lo personal desbordando lo profesional porque ganar un mundial lo valida todo. Es que las adolescentes suspiren y los sesentones escriban en los periódicos las bondades del amor y la espontaneidad. Es el portero recordándote en público que primero, eres su mujer.
“Madre mía” (Carbonero dixit).



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