loritos
Animal, Vegetal y Mineral 24 de Junio del 2010
Entre los recuerdos queridos que tengo de Caracas están los que tratan de animales, de la diversidad de bichos más guapos y más feos que te puedes encontrar por las calles o en las casas, y no hablo de gatos y perros. Ver volar una bandada de pericos o guacamayas que cruzan la ciudad para resguardarse en el jardín botánico; estar en un atasco interminable en la autopista y descubrir una iguana que te mira desde la acera. Que te cuente tu mamá que ayer Dorita tuvo que llamar al jardinero porque tenía una serpiente enrrollada en la lámpara del porche y le daba miedo pasar debajo. Estar en casa de una amiga apenas un par de kilómetros fuera de la ciudad y escucharla decir que antes de ponerte los zapato debes sacudirlos acaso no haya un alacrán dentro. O recordar un juego elemental en el jardín: pasar la mano rápido por el cesped (”la grama”) y ver como saltan los grillos. Escuchar sapos y ranitas de noche, ver una pereza en la plaza Bolívar. Y para no perder el toque poético, dejo de lado la interminable variedad de insectos.//. Hoy al salir de la universidad en Sa Vileta, después de una larga mañana de entrevistas con alumnas y corrección de memorias de prácticas, reconocí el vuelo inconfundible de loros, una parejita verde con cabezas negras que fue a posarse en la antena de una casa frente a mi coche, y desde allí mirar todo lo que les rodeaba. Así me quedé como ellos, mirándo. Sonriendo y acordándome del verdor y los bichos libres de mi país. Será la proximidad del regreso.
Cuando vuelves, vuelves a muchas cosas que no tienes presentes, hasta que ves dos loros con cabeza negra volando en un barrio de Mallorca.




Foto Per Endström
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