Leo en un artículo de opinión de Enrique Lázaro en el diario Última Hora de Palma, que las novelas de ficción que tratan de historias de amor entre vampiros, hombres lobo, extraterrestres, etc. y humanos; conforman un exitoso género de literatura juvenil, especialmente dirigida a adolescentes lectoras y enamoradizas, llamado “romanticismo mágico”. Después de leerlo olvidé rápidamente el resto del contenido que iba sobre la feria del libro gótico, creo, y me quedé con la idea de que la frase que acuña el género es basante redundante, “romanticismo mágico”. El romanticismo siempre es mágico. Siempre es sobrenatural, inexplicable, trascendente. La etapa romántica del enamoramiento es el milagro disponible; casi el único milagro al alcance de todos los mortales, aunque no se llamen Edward y Bella, o Melinda y Jim. Es capaz de alargar las horas cuando esperas, y recortarlas cuando estais juntos, capaz de hacerte flotar sobre la vulgaridad del mundo, de ponerle color y brillo a todo lo que tocas.
Leí en otro artículo de opinión, que los milagros duran mientras dura la capacidad de seducción del estafador. La otra cara de la moneda. El cine, las novelas y la memoria, nos dicen que el milagro existe; aunque sea efímero, lábil, frágil, inestable…
Jesús ya no camina sobre las aguas, pero seguimos creyendo.





Foto Per Endström