El mundo les debe; no importa que hayan pasado 80 años o que estén obviamente machacando al vecino, ellos siempre serán las víctimas. Y si les preguntan cómo puede ser que habiendo sufrido persecusión y exterminio sean tan desproporcionados en su ataque al enemigo, no entienden la pregunta, les parece una pregunta “nefasta” y allí se quedan. Porque los muertos tienen jerarquía; los mios y los nuestros valen por supuesto más que los tuyos y los vuestros. Y si me he encargado de que a través de todos los medios audiovisuales y escritos disponibles el mundo perciba a mi enemigo como inferior, primitivo y salvaje; entonces mis muertos pesan todavía más. Y el mundo me deja hacer.
Y les han dejado hacer tanto y por tanto tiempo que ahora nadie sabe como poner un alto a las víctimas históricas agresoras.
La única novedad es que los testigos de los últimos acontecimientos son de diferentes colores y hablan diferentes idiomas.
A ver si eso nos espabila un poco.

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