Qué grande es. Esta noche escuchamos en el Auditorium de Palma la Cuarta Sinfonía con la Simfónica Ciutat de Palma dirigida por Salvador Brotons. Yo no estaba en un buen día de escucha con diez temas dándome vueltas en la cabeza, apenas disfruté el Concierto para Oboe de Richard Strauss, aunque la calidad de Javier Arnal es patente siempre, delante de la orquesta o desde su atril. Si mi hija Catalina hubiera ido al concierto se le habrían salido las lágrimas con “el oboe de Gabriel” de Ennio Morricone (La Misión), que Arnal intepretó como bis cobijado por un cuarteto de cuerda impresionante. Pero la Sinfonía me sacó de mis elucubraciones, la Orquesta sonaba inspirada, el instrumento y el repertorio, uno para el otro. Brotons enfático como siempre y cumplidor idem, puso lo suyo y funcionó. Me encantó el cuarto movimiento, el tercero menos, el segundo más. Todo Tchaikosky podría ser ballet, su música baila, viene a por ti y te lleva.









Foto Per Endström