decir adiós
De la vida y de la muerte, docencia 29 de Mayo del 2010
Ayer di la última clase de Formación Rítmica y Danza, no solamente era la última del curso, también es la última ocasión en que se dictaba esta asignatura que desaparece del nuevo plan de estudios. Se daba en las instalaciones deportivas de la Universidad, en la sala de aerobics, un lugar que sólo he visitado para dar estas clases. Cuando me iba y traspasé el portal pensé “nunca más voy a pasar por esta puerta”, y tuve ganas de mirar atrás, pero no lo hice, recordando a la mujer de Lot. Esta conciencia de saber que no regresarás, la he tenido más de una vez. En el tren mientras salía de China para ir a Hong Kong; veía por la ventana y sabía que era un one way ticket. La salida de Urubichá en jeep, un pueblo de indígenas guarayos en Bolivia donde había trabajado en un proyecto musical precioso. Y está la despedida de un amigo colombiano que partía a París; sabía que no lo volvería a ver. La sensación tiene que ver también con personas, pero la he sentido especialmente con lugares. Hace mil años me preguntaba un novio al salir de la habitación, ¿no se te queda nada?. Y aunque no lo dije en voz alta porque me pareció muy cursi, pensé que siempre se te queda algo en los lugares donde has sido feliz.




Foto Per Endström
Hay lugares con “genio”. El genio del lugar tan antiguo como los Antiguos, lo llamaban genius loci, aparece en momentos que observamos la relevancia de personas que han significado algo en nuestra vida relacionadas a un espacio físico. Sobretodo en despedidas y/o reencuentros. La toma de consciencia del lugar y del tiempo nos ayuda a morder la vida con más fuerza, no? Uno prevé experiencias que seran únicas y irrepetibles. Pero, al fin y al cabo, todas lo son. Desde el ritual cotidiano (del café y la ducha) al proyecto premeditado. Tu entrada me ha hecho pensar en mi “geografia genial”. Un beso
qué guay, así es. Bst