¿Cuántos malos conoces?, a veces parece que los malos sólo están en el cine, la tele, la literatura, y las páginas de sucesos de los diarios. Están los estafadores, chantajistas, ladrones, timadores, y demás embaucadores y mentirosos, entre los que ocupan lugar destacado los políticos enriquecidos a través de un cargo público. Pero estos son otro tipo de malos, en el fondo casi víctimas de la infinita capacidad corruptora del poder. Pobrecitos, habría que internarlos en una institución mental… y tirar la llave. Ahora, cuántos traficantes de drogas, asesinos, pederastas, violadores, o terroristas conocemos personalmente. Ninguno o casi ninguno en realidad. Así que aparte de los corruptos de toda raza, los mentirosos profesionales y algún conocido involucrado en un crimen pasional, sólo nos quedan los hijos de puta cotidianos. Aquí la lista se abrevia y aparece un grupo compacto integrado por los envidiosos, los chupasangre y los cagaos. Y todos hemos conocido a lo largo de nuestra vida unos cuantos bichos de estos. De los envidiosos poco hay que aclarar, son peligrosos porque no tienen límite en su resentimiento, el mundo les debe, siempre hay alguien que tiene lo que ellos quieren. Sus herramientas van desde el chisme y la mentira hasta la zancadilla oficial; son activos y por eso mismo, hay que ir con cuidado. Los chupasangre son pasivos-activos, van de víctimas o de héroes no reconocidos, siempre dispuestos a consumir los recursos a su alcance, pero siempre los recursos de los demás. Materiales, emocionales, de conocimientos, de contactos; el chupasangre es un espabilao por naturaleza; son temibles porque suelen tener carita de ángel. Quedan los cagaos, pasivos del todo; pero pasivos como el lado obscuro de la resistencia pacífica. Son los que callan ante la injusticia, los que ven para otro lado, los que “no se enteran”, los que no están cuando hay que dar un paso al frente. Su peligro radica en que hasta que no llegan “las chiquiticas” (el momento de la verdad) no los reconoces; porque en los tiempos de bonanza todos somos buenos y felices, un encanto.

Seguro que hay más malos, pero estos son los que ultimamente reconozco con  más facilidad. Será la crisis.



Un comentario en “de malos y malísimos”

  1. cecilia | 23/05/2010 a las 19:58:03

    …y así se nos van cayendo los mitos, uno tras otro.

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