Un par de domingos al mes nos reunimos unos 60 coralistas a preparar dos obras sinfónico-corales, el Requiem de Faurè, y el Gloria de Karl Jenkins. Ambas las cantaremos en Londres en julio, el Gloria será un estreno mundial. Pero estos dos hechos no los tengo presentes los domingos, ni me acuerdo que hay un viaje pendiente o que será histórico participar de un estreno mundial. Lo mejor de estos días es cantar. Desde el piano y mientras dirijo el ensayo, aprovecho y me canto todas las voces, y es una gozada. El doble placer de cantar y además buena música. Todos vamos como en procesión, nos encontramos para cantar mientras otros están en su casa preparando la comida, leyendo o descansando. Estamos allí tres horas, de 11 a 14, hacemos una pausa como a las 12.40 y seguimos. Cuando veo el reloj y ya son las 2, no lo puedo creer, dónde se fue el tiempo, no me doy cuenta. Salgo del ensayo y sigo cantando y repasando la partitura, en el coche, en el ascensor… no me imagino un trabajo mejor.

Ensayando el Mesías en la Fundación La Caixa.





Foto Per Endström