
Ayer di la última clase de Formación Rítmica y Danza, no solamente era la última del curso, también es la última ocasión en que se dictaba esta asignatura que desaparece del nuevo plan de estudios. Se daba en las instalaciones deportivas de la Universidad, en la sala de aerobics, un lugar que sólo he visitado para dar estas clases. Cuando me iba y traspasé el portal pensé “nunca más voy a pasar por esta puerta”, y tuve ganas de mirar atrás, pero no lo hice, recordando a la mujer de Lot. Esta conciencia de saber que no regresarás, la he tenido más de una vez. En el tren mientras salía de China para ir a Hong Kong; veía por la ventana y sabía que era un one way ticket. La salida de Urubichá en jeep, un pueblo de indígenas guarayos en Bolivia donde había trabajado en un proyecto musical precioso. Y está la despedida de un amigo colombiano que partía a París; sabía que no lo volvería a ver. La sensación tiene que ver también con personas, pero la he sentido especialmente con lugares. Hace mil años me preguntaba un novio al salir de la habitación, ¿no se te queda nada?. Y aunque no lo dije en voz alta porque me pareció muy cursi, pensé que siempre se te queda algo en los lugares donde has sido feliz.
“No hablamos de enfermedad en los años jóvenes, donde los resfriados resbalan por los escotes y las mangas cortas sin rozarnos, y como mucho aparece un hueso roto, una tarde con dolor de cabeza, o de ovarios. Son los años de la invulnerabilidad, el periodo en que somos dioses, hasta que el primer pinchazo de espalda, o en los riñones no desaparece tras una noche de sueño; y una contractura en el hombro, un susto en el pecho, son la herencia birriosa de nuestros padres y abuelos que se revela en mala piel, o varices que amoratan las piernas.Y de pronto pasa la vida y ya todo es salud, ya todo es enfermedad, hablamos de ello, nos hablan de ello, preguntan en el teléfono por el abuelo y bajan la voz los hijos al contestar, comienzan las broncas, queremos saber la verdad, siempre que la verdad sea lo que deseamos, y las gripes, esas tonterías que hace unos años significaban cuatro días en cama se perfilan terribles, se tiñen de muerte. Los nietos, resfriados, con las mismas otitis que nosotros, y los hijos se quejan de las cervicales, y nos parece vivir una historia muchas veces repetida. El verano parece terrible por sus calores, el invierno por el frío, el otoño blande una guadaña que siega vidas. Y qué fue de nosotros los fuertes, los niños insensibles al frío, los adolescentes con hígado fresco, los adultos que sentíamos los músculos como una delicia, qué fue del tiempo, cómo corrió tan rápido, qué fue de las enfermedades, que nos hacían sentir vivos, qué fue de la vida, que se escapa, que pareció tan breve…”.
Estupendamente explicado, lo pongo en los pollitos para tenerlo a mano cuando me anime. Pero si os animais antes, me podeis invitar…
De pronto comencé a cantar esta cancioncita sacada de no sé cuál cajón de mi memoria. Se la canté a todo Dios por casa y nadie la conocía, así que me fui a san youtube, y allí estaba. Resulta que el grupo es muy famoso (The Doors) y que los solos de órgano y guitarra eléctrica son guaoo según los fans. Para mi es la canción del mosquito y ya está. Aquí os la dejo.

Marielva Risquez participó la semana pasada en esta interesante jornada realizada en la Sala de Actos del Edificio de Sa Riera de la UIB . Aunque sea tarde valga un reconocimiento a estas iniciativas significativas.

La envía Pilar Santiesteban
Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.
Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.
Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.
Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!
Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.
Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.
Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.
Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.
Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso.
Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!
Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname,
lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés
que produce el Parlamento!
…………………………………..
Lo envía Xisca Balaguer… y parece que lo escribieron en 1700…

Las otras corales participantes en el concurso son Ars Canendi de la Universidad de la Laguna (Tenerife), dirigida por Isabel Bonilla Tejera; la Coral de les Aules d’ Extensió Universitária per a Gent Gran de la Universidad de Barcelona, dirigida por Victor Frigola Grau; la Coral Polifónica Senior de la Universidad Politécnica de Valencia, dirigida por Inma Reig Olcina; la Coral del Programa Universitario de Mayores de la Universidad de Extremadura, dirigida por Joaquín Fernández Picón, y los anfitriones, la Coral Senior de la Universidad de Alicante, dirigida por Juan Luis Vásquez. Vamos con mucha ilusión y “con todos lo hierros” como dicen por el Caribe.
Necesitamos buenos ejemplos, personas que con su trabajo y obra nos den ánimo e ilusión para seguir adelante. En una época de escepticismo, de falsos ídolos y tontos con relevancia social, es necesario para la salud espiritual e intelectual encontrar “a los de verdad”, intentar conocerles, entender su historia y su obra, dejarnos contagiar por su entusiasmo; esa sensación vital que no muere con el cuerpo físico.
María de Maeztu, era políglota, hablaba inglés, francés, castellano y vasco. Nació en Vitoria el 18 de julio de 1881 y murió en Buenos Aires el 7 de enero de 1948. Y entre esas dos fechas, una vida dedicada a la pedagogía y el pensamiento. Fue alumna de Unamuno (en Salamanca) y Ortega y Gasset (en Madrid), licenciada en magisterio y doctora en filosofía y letras. Dirigió desde su fundación en 1915 y hasta 1936, la “Residencia de Señoritas”, institución abocada a dar apoyo a la formación universitaria de mujeres. Fue la primera directora en 1918 del Instituto-Escuela, una experiencia novedosa en la enseñanza secundaria. En 1926 fundó y dirigió el Lyceum Club Femenino, lugar de encuentro y desarrollo cultural. Aquí algunas frases de María…
Soy feminista; me avergonzaría no serlo, porque creo que toda mujer que piensa debe sentir el deseo de colaborar como persona, en la obra total de la cultura humana.
Es verdad el dicho antiguo de que la letra con sangre entra, pero no ha de ser con la del niño, sino con la del maestro.
A su vuelta de Londres en 1908, donde participó como observadora por España de un certamen pedagógico, comentó en una conferencia en Bilbao:
El progreso de Inglaterra se debe, no a las peculiares condiciones de la raza y el clima, sino a los elementos predominantes en la dirección de aquel país, singularmente a la acción social de la escuela.
Carlos Morla, diplomático chileno, y amigo de la pedagoga la describió así: “María de Maeztu es una mujer de calidad excepcional, en extremo culta y de una actividad asombrosa… Su actuación en la Residencia de Señoritas es sencillamente prodigiosa y no cabe duda de que ninguna ha hecho lo que ella por la cultura femenina en España. Notable conferenciante, pedagoga magnífica, organizadora insuperable, no se le ha tributado aún, a mi juicio, el panegírico que a su obra corresponde”.

¿Cuántos malos conoces?, a veces parece que los malos sólo están en el cine, la tele, la literatura, y las páginas de sucesos de los diarios. Están los estafadores, chantajistas, ladrones, timadores, y demás embaucadores y mentirosos, entre los que ocupan lugar destacado los políticos enriquecidos a través de un cargo público. Pero estos son otro tipo de malos, en el fondo casi víctimas de la infinita capacidad corruptora del poder. Pobrecitos, habría que internarlos en una institución mental… y tirar la llave. Ahora, cuántos traficantes de drogas, asesinos, pederastas, violadores, o terroristas conocemos personalmente. Ninguno o casi ninguno en realidad. Así que aparte de los corruptos de toda raza, los mentirosos profesionales y algún conocido involucrado en un crimen pasional, sólo nos quedan los hijos de puta cotidianos. Aquí la lista se abrevia y aparece un grupo compacto integrado por los envidiosos, los chupasangre y los cagaos. Y todos hemos conocido a lo largo de nuestra vida unos cuantos bichos de estos. De los envidiosos poco hay que aclarar, son peligrosos porque no tienen límite en su resentimiento, el mundo les debe, siempre hay alguien que tiene lo que ellos quieren. Sus herramientas van desde el chisme y la mentira hasta la zancadilla oficial; son activos y por eso mismo, hay que ir con cuidado. Los chupasangre son pasivos-activos, van de víctimas o de héroes no reconocidos, siempre dispuestos a consumir los recursos a su alcance, pero siempre los recursos de los demás. Materiales, emocionales, de conocimientos, de contactos; el chupasangre es un espabilao por naturaleza; son temibles porque suelen tener carita de ángel. Quedan los cagaos, pasivos del todo; pero pasivos como el lado obscuro de la resistencia pacífica. Son los que callan ante la injusticia, los que ven para otro lado, los que “no se enteran”, los que no están cuando hay que dar un paso al frente. Su peligro radica en que hasta que no llegan “las chiquiticas” (el momento de la verdad) no los reconoces; porque en los tiempos de bonanza todos somos buenos y felices, un encanto.
Seguro que hay más malos, pero estos son los que ultimamente reconozco con más facilidad. Será la crisis.
Descargando fotos del móvil me encuentro esta imagen del invierno que parecía que no se acababa este año, pero sí. Hoy por ejemplo ya se olía el veranito en el ambiente… la primavera ha sido más bien como un sueño que esperas se cumpla y cuando al fin llega, parece que nunca estuvo aquí.




Foto Per Endström