



Maite me envía este correo guapo y que agradezco. Y aunque está pensado para “ellas”, creo que con ellos y entre ellos es igual de válido. Porque aunque seamos a veces apenas amigos intermitentes, siempre es una alegría saber que hay gente por allí con quien siempre puedes compartir algún capítulo, o muchos, de tu vida.
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Mujeres en mi círculo
Gracias amigas |
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Las amigas son como los sujetadores: |
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Mi hermana Negui me envía esta recopilación de perlas periodísticas que no tienen desperdicio.















Creo que todos los maestros de música hemos vivido y gozado esta misma experiencia (aunque sin este teclado guay), de cómo los alumnos aún en sus primeras clases son capaces de anticipar la afinación dentro de la escala pentatónica. Más información sobre universales musicales en la web del World Science Festival 2009: Notes & Neurons. El vídeo lo envía Montserrat Sobrevías. Gracies!
Digamos que el uniforme de turista más visto incluye botas de trekking, botella de agua en la mochila, novio(a) y gorra. Se repite en calles y restaurants. Bueno, con excepciones. En nuestro hostal (“Villaverde”) hay una mujer que está en sandalias y casi no se mueve de la terraza que tiene esta vista espectacular con la montaña en frente. Es inglesa y estudia una partitura, podría ser pianista pues la he pillado moviendo los dedos sobre las piernas, pero también podría ser directora, raya bastante el papel. No he logrado ver de cerca la partitura aunque me parece una reducción de orquesta. De tanto en tanto oye un cd en un walkman, supongo que una grabación de la obra. Sí, obviamente la he observado sin animarme a hablarle. Para decirle qué, oiga yo también soy músico, y toco piano y dirijo, ¿y usted?. Además de sentir que la conversación no duraría ni dos minutos entre mi inglés y su concentración, me frena la cara de infelicidad que tiene todo el tiempo. Seria y con el seño fruncido, no invita. Ha venido a Deià y buscará lo que tantos antes que ella y que nosotros, tranquilidad, hospitalidad sin cotilleo, y paisaje.
Ah, los gatos. De todos colores y tamaños por todas partes. Hembras preñadas en cada calle. La primavera sin duda.

Gracias a estos días Robert Graves ya no es solamente “Yo, Claudio”. Ahora es más su casa en Deià, llena de ventanas, libros, buen gusto, genio. No encuentro rastro de niños, ni habitaciones ni juguetes, como si no hubieran pasado por allí. Están en el vídeo inicial, estupendamente realizado, y en la cronología que ocupa una vasta pared de esta nave-casita con persianas eléctricas donde te preparas para lo que verás después, y que muestra en un timeline a tres bandas paralelas, la vida personal de Graves, sus libros, y hechos históricos de cada momento. Allí hay vida familiar, en la casa no hay nada que la refleje. Después de ver su estudio, la cocina, su correspondencia (EE. Cummings, Jerome Robbins, Pearl S. Buck, Churchill, Benjamin Britten…); de verlo afeitándose en un vídeo mientras escuchas su voz recitando, sientes que este hombrezote de 2 metros y nariz partida que escogió vivir en Mallorca para siempre es patrimonio no sólo de la humanidad anónima, sino un poco tuyo en su franca y muy humana humanidad. Como Chopin en la Cartuja, después que ves sus cosas de hombre, dejan de ser semidioses para seguir siendo genios.
