deià I – relajarse para disfrutar
Mallorca 10 de Abril del 2010
Ayer cuando llegamos a Deià encontré que era un pueblo superconstruido, que había muchísimo ruido y demasiados turistas.
Después de acomodar las cosas, salimos y caminamos un largo rato por las callecitas, pasamos el famoso hotel “La Residencia” y seguinos un poco más allá. El cuerpo se fue cansando lo necesario para bajar las revoluciones y comenzar a ver con otros ojos. Cuando vives un poco pasado de revoluciones, internas y/o externas, los cambios de ambiente te desconciertan y necesitas un tiempo para reubicarte psicológicamente, pero también sensorialmente. Otro paisaje requiere una readaptación de los sentidos. Cuando estás relajado la percepción se amplía de una manera diferente a la percepción que trae la tensión intelectual. Por ejemplo la vista; si tu atención habitual está centrada en el oido ves menos cosas, a veces pasamos de los detalles que nos rodean. Cuando estás concentrado en ideas, ves y escuchas menos, estás “hacia adentro”. Cuando te concentras en ver, te inmovilizas. El voyeur es un inactivo. En estos casos estamos parcelados en nuestras percepciones, escindidos.
Cuando te relajas integralmente, cosa rara rarísima, al menos para mi, se abren todos los canales, aparecen más colores y formas, aparece la luz como una fuerza sólida que va cambiando todo a medida que transcurre el día. Aparecen más sonidos, el paisaje sonoro es una realidad, pajaritos, insectos, motos (que deberían pasar un control decibelimétrico antes de permitírseles rodar), la voz de la señora que limpia las habitaciones, los acentos extranjeros de los turistas, alguien que lija, alguien que martilla. Estamos frente a una montaña inmensa que hace una gran curva, una caja de resonancia portentosa, cada coche deja su estela sonora aunque pasan a más de mil metros. Las ideas fluyen inspiradas por la vista y el oido, por la luz… y me dan ganas de bailar.






Foto Per Endström
Dejar un comentario