Hay días en que estamos más por allá que por acá. No en las nubes, más allá, pensando en el universo inmenso. Lo humano parece pequeño, lo próximo minúsculo. Las estrellas como destino y explicación; inalcanzable todavía. La infinitud, una nave espacial, los otros; que tienen que estar en alguna parte.
La maravilla disponible, en los nocturnos cielos estrellados.
Que ya sólo encuentras en el cine.
Eric Whitacre dirige un coro virtual de 185 voces, coralistas de 12 países (Austria, Alemania, Argentina, Nueva Zelanda, Irlanda, Filipinas, Singapur, Canadá, Suecia, Gran Bretaña, EEUU, España) que interpretan su conocida composición Lux Aurunque.
Que sensación especial espacial, voces de muchos mundos unidas, cada una desde su planeta, su casa, su vida. Y todos allí, respirando juntos, conectados a través del ciberespacio, unidos por la música. Arte y tecnología sin límites.
Gracias a despuesdegoogle por descubrirnos este vídeo.
Gaita, sac de gemecs, cornamusa, museta, bagpipes…

Toca: Joan Jesus Fiol. Fotos: Xisca Mesquida. Banyalbufar, Calçotada 2010.
Errar es humano y el mal camino existe como opción. Partiendo de estas dos premisas toda institución debería tener previstos sistemas de control para identificar pronto y claro que alguien se esta saliendo del buen camino. Políticos. La corrupción es un trabajo colectivo, nadie es corrupto sólo, se necesitan unos cuantos que instrumentalicen la idea inicial de “cómo hacernos ricos amigo mios”; especialmente con los fondos públicos que son muchos y nadie los cuida. Si la corrupción fuera un trabajo individual solamente habría ladrones, y los ladrones se pillan con las manos en la masa y no se necesitan juicios tan largos. Pero es un tejido de muchas texturas, con algunos que confiesan error, porque es humano errar, y otros que intentan negar que han preferido una y mil veces el mal camino. Y aquí es donde uno se pregunta ¿dónde estaban los controles?, y peor cuando se oye “todos lo sabían” o “ya se sospechaba. Pero hay que esperar 10, 15, 20 años o más, para que comiencen los juicios de unos tíos y alguna tía que tienen décadas enriqueciéndose. Curas pederastas. Entre 2001 y 2010, 3000 casos que ha tenido que analizar la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargada oficial del tema. Explican que sólo el 10% pueden considerarse casos de verdadera pederastia, el 60% de los curas denunciados sufren de “efebofilia” (pobrecitos, es que les gustan los jovencitos de su mismo sexo) y el otro 30% que queda simplemente mantenían relaciones sexuales, no aclaran con quién. Que al final no eran tantos los pedófilos vamos. ¿Nadie lo sabía, nadie se daba cuenta? Se destapa por la quiebra de tanta diócesis al pagar indemnizaciones millonarias a las víctimas; porque el Papa ha salido salpicado por sospecha de mirar hacia otro lado. Ahora se disculpa por donde va pasando. Maltrato infantil. Niños que sufren abusos por parte de sus padres o de un pariente cercano. Fritzl padre de sus nietos en Austria. Eric McGill en New Jersey más de lo mismo. En Reino Unido, un padre viola a sus dos hijas durante 35 años, 19 embarazos. Las autoridades se disculpan porque “le hemos fallado a esta familia”. Docentes incapaces. En qué asignatura de magisterio se evalúa que los estudiantes tengan las condiciones psíquicas y físicas adecuadas para la carrera docente. Alumnos de magisterio con nódulos y otras patologías foniátricas severas. Individuos desequilibrados que no descubrimos hasta que ya son funcionarios bien plantados en un centro del que no hay forma ni manera de deshacerse de ellos. Cómo pasaron por la universidad y no hubo controles para decirle, usted no sirve para maestro, usted estará siempre de baja con esa voz o con ese carácter. Falta conciencia y falta valor y faltan controles.

En la Calçotada 2010 en Banyalbufar. Foto de Xisca Mesquida. Y vienen más… con los amigos,
los calçots y las caras de felicidad dominguera.
Entre las posibilidades laborales complementarias que me planteé en mi juventud, estaba la de ofrecerme como pianista de emergencias. Tocando en conciertos donde al pianista oficial le hubiera dado un patatús a último momento. El servicio podía incluir salvar situaciones de órgano manualista y clavecín; y hasta pasarme a la percusión “in case of”. El director de turno sería indulgente con los errores ya que no había habido tiempo para estudio previo, y el chorro de adrenalina ante el descubrimiento de la partitura en pleno concierto garantizaba diversión y reto para rato. Eran tiempos en que los dedos y una buena lectura a primera vista permitían estas aventuras, con el valor añadido de que además de poderte equivocar con soltura cambiando una nota por otra, terminarían dándote las gracias… y pagándote!. Confieso que llegué a ejercer un parell de veces aunque jamás me hice tarjetas de presentación. El trámite empezaba con una conversación tipo “dime qué es lo imprescindible”, y el director o directora marcaba los compases en cuestión, además de los obvios donde el piano quedaba sólo, sin coro y sin instrumentos acompañantes. Si habían algunas horas entre la llamada desesperada y el concierto, tenía tiempo de estudiar las partes imprescindibles y reducir el resto de la partitura, básicamente convertir polifonías en acordes con ritmo, o transformar fusas en corcheas comiéndote por el camino toda nota de paso y bordadura que te pasara por delante. En dos palabras, llevar aquella música a su mínima expresión funcional y de forma medianamente convincente. Una horterada vamos; porque éramos jóvenes y empezábamos. En un medio profesional o suspendes el concierto o pagas a un súper lector de los que ponen todas las notas donde van y a la primera; que existen.
Yo iba de resabidilla con mis dotes de lectora hasta que me tocó presenciar lo que hacía uno de “los de verdad”, traductores instantáneos de música escrita a sonido, con un nivel impresionante de comprensión del estilo y capacidad de acompañar a un solista virtuoso. Ocurrió en Caracas, hace… ¿25 años?… no sé. Arnaldo Pizzolante tuvo que acompañar en un recital privado a Montserrat Caballé quien interpretaba un repertorio impresionista endiabladamente difícil de descifrar, estas partituras brumosas con cien acordes por aquí y por allá, llenos de alteraciones y cambios de armadura y de tempi, y ppp y sf y quédate aquí y espérame allá. Nada que ver con mis experiencias de emergencia de barroco, clásico y repertorio popular; aquello era música llena de tinta esparcida sin simetría, este estilo que te dificulta un montón anticipar lo que viene tres compases después. Sigo con la anécdota, llegué temprano a la estupenda casa donde se celebraría el recital, la terraza luminosa y amplia ya estaba preparada con el piano de cola y las sillas para el público. Pero sonaba un piano y no era el que tenía enfrente, así que seguí la música y llegué a una habitación con otro piano donde estaba Arnaldo “comiendo tecla” a tope (en venezolano diría “de lo lindo”). Nos saludamos y me contó que le habían avisado hacía 3 horas que el pianista de Dame Montserrat no llegaba a tiempo del aeropuerto, o algo así. Y allí estaba él mirando todo el repertorio, saltaba de una obra a otra, apuntaba alguna cosita y seguía. Le dejé sólo porque era obvio que no necesitaba ninguna compañía. Pasó un rato y nos colocamos en nuestros lugares de espectadores privilegiados; allí pude disfrutar de la voz celestial y exquisita de esta soprano inmortal… pero, si no cada minuto, al menos cada diez, miraba y escuchaba con la boca abierta lo que hacía Arnaldo desde el teclado.




Foto Per Endström