directores

Categoría: Música
17 de Marzo del 2010

Una orquesta sinfónica, un coro, un director. La música que se hace colectivamente requiere una batuta, un lider que ensamble, organice; y muy especialmente inspire. Si pensamos en agrupaciones profesionales, donde el trabajo de cada uno está remunerado; o grupos semiprofesionales, donde no hay salario pero hay una paga en especias: el viajecito anual, la posibilidad de cantar regularmente con orquesta, o el orgullo de estar en una agrupación de cierto nivel y prestigio, la cosa puede limitarse a seguir con mayor o menos entusiasmo al director de turno; hacer tu parte, tocar o cantar en el nivel que el grupo requiere; salvaguardando siempre tu respeto por la músca y por tu propio ejercicio. Pero si hablamos de agrupaciones vocacionales; lo que moviliza al amateur no es el sueldo, no es la certeza de cantar con orquesta, no es salir en prensa ni ir de viaje cada tanto. Es el respeto, la admiración y la satisfacción musical, lo que sientes y aprendes, y que recibes tocando o cantando con este director en particular. Un grupo amateur de éxito, y el éxito lo resumimos en el número de cantaires, la permanencia de estos en el tiempo, y el progreso artístico indiscutible del grupo (en proporción al perfil de sus integrantes y el trabajo que están dispuestos a hacer) tiene doble mérito; porque la gente está allí porque quiere; sale de su casa en invierno o verano, con frío o con sol, constipado o deprimido, y va a su ensayo, a sus conciertos. Porque de allí sale mejorado, enaltecido, dignificado, y muy especialmente artistificado. Si la música, si un coro o un conjunto instrumental no puede darte esto, no está cumpliendo su función más básica que es el crecimiento humano a través del arte. El contacto con una dimensión estética que está más allá de la vida cotidiana. Y aquí está la figura del director como motor, como responsable, como lider. Buscando que sus cantaires, sus instrumentistas o alumnos; se vuelvan creyentes. Crean en la música, en el valor de lo que hacen, en la importancia de las horas que comparten; y si le sale bien, en la necesidad de trabajar siempre más.