matices del lenguaje

Categoría: Venezuela
8 de Marzo del 2010

No me gusta escribir de Chávez. No puedo evaluar con justicia el resultado de su gestión después de más de 10 años en el poder; especialmente porque son los mismos que tengo viviendo fuera de Venezuela, y para decir algo serio y con sentido más allá de que hay racionamiento de luz y de agua, que salir del país es casi imposible por las medidas de control de cambio y la inflación, que el venezolano se convirtió en inmigrante por primera vez en su historia y que el cierre de medios de comunicación algo debe significar sobre la libertad de expresión; insisto, para ir más allá tendría que saber más que esto, así que ese tema lo dejo así. Pero si puedo decir que ningún venezolano imaginó jamás que podría sentirse tan avergonzado de un presidente de su país. Otros y de diferentes partidos ya nos habían hecho “pasar pena” o mirar al suelo con salidas y comportamientos, pero había un cierto manejo de las formas diplomáticas, un cuidado del lenguaje común entre los países de habla castellana, donde no se imponían a la fuerza los coloquialismos venezolanos “de tierra adentro”, por decirlo de alguna manera.  Me centro en lo que me afecta desde la otra orilla del Atlántico, “el estilo Chávez”. Donde lo ordinario, hortera, la grosería, la retadera permanente, la “sabrosura criolla”, el tonito gritón y la absoluta falta de autocensura y control de una patológica diarrea verbal, es la norma; las maneras que nos llevaron al célebre “por qué no te callas”.  Pero el estilo Chávez, no solamente es una agresión permanente al buen gusto retórico, lo que digamos a mi, desde aquí, me puede avergonzar. Lo terrible ocurre allá, en Venezuela, donde tiene un mensaje especialmente poderoso, porque es la dignificación y la legitimación de la mala educación y la chabacanería a través del ejemplo de la figura presidencial. Es decirle a las clases menos favorecidas educativamente que está bien hablar así, que es chévere, sincero, contundente, que así todos nos entendemos y hablamos el mismo idioma. Y entonces no sólo igualas hacia abajo, sino que permanentemente descalificas al que ha tenido mejor educación, o mejores oportunidades de formarse, o nació en una familia con más recursos, o simplemente se hizo a si mismo, como tanto empresario que entendió que las formas y las palabras son importantes para hacer buenos negocios, y que ha terminado siendo tan “escuálido” como cualquiera que hoy esté en la oposición.
Con el estilo Chávez hablar distinto al presidente se convierte en una forma de traición a la patria. Y esto duele. Porque aunque es cierto que muchos venezolanos hablan así, como él, también somos muchos los que hablamos la lengua de Rómulo Gallegos, Arturo Uslar Pietri, Teresa de la Parra, Andrés Eloy Blanco, Alberto Arvelo Torrealva… por decir cinco donde podría decir veinte. Identificar a Venezuela con el estilo Chávez, es como mínimo, una pena.

antigualla

Categoría: Cine, radio y TV
8 de Marzo del 2010

Hoy ha quedado clarísimo que la prensa escrita está desfasada, sin ninguna capacidad de reacción ante las novedades. Periódico y café antes de trabajar; con ilusión busco la información de los Oscar, pues aunque tenemos digital plus y vimos un poquito de la alfombra roja, imposible ir más allá cuando hay que currar al día siguiente. Azúcar, vuelta y vuelta y… nada. Ni una palabra sobre el evento más llamativo del día. Claro, cierran el periódico antes de que se den los premios, y el anticuado papel impreso sale a la calle sin anunciar en el día de la mujer, que por primera vez en la historia una mujer se lleva el premio a la mejor dirección cinematográfica.
Porque hay noticias por las que se puede esperar, muertos, guerras, temblores, tsunamis, corrupción, intolerancia religiosa, violencia de género, pederastia y Chávez. No son una buena manera de comenzar la semana. Un poco de glamour (por cierto el único que tienen los norteamericanos), con gente bella, talento y fantasía, sí que es un buen aperitivo, un empujoncito a lo que se te viene encima; y para eso se necesita inmediatez, que te lo cuenten ya; cuando lo necesitas.

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Kathryn Bigelow con su Oscar a la mejor dirección por “En tierra hostil” (The hurt locker), que además se llevó otros 6 premios.