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Rayos y Truenos 27 de Febrero del 2010
Joan Vives envía la siguiente historia…
En Inglaterra un reo estaba siendo juzgado por asesinato. Había evidencias indiscutibles sobre la culpa del reo, pero el cadáver no aparecía. Casi al final de su alegato oral, el abogado defensor, temeroso de que su cliente fuese condenado, recurrió a un truco:
- Señoras y señores del jurado, señor Juez, tengo una sorpresa para todos, dijo el abogado, mirando hacia su reloj. Dentro de dos minutos, la persona que aquí se presume asesinada, entrará en la sala de este Tribunal. Y miró hacia la puerta. Los miembros del jurado, sorprendidos, también ansiosos, se quedaron mirando a la puerta. Transcurrieron dos largos minutos y nada sucedió. El abogado, entonces, finalizó diciendo:
- Realmente, dije eso y todos ustedes miraron hacia la puerta con la expectativa de ver a la supuesta víctima. Por lo tanto, quedó claro que todos tienen dudas en este caso, de que alguien realmente haya sido asesinado. Por eso insisto en que, ante la duda, consideren a mi cliente inocente. (In dubio pro reo).
El jurado, visiblemente sorprendido, se retiró para la decisión final. Algunos minutos después, el jurado volvió y pronunció su veredicto:
- ¡Culpable!
- ¿Pero cómo? - preguntó el abogado - yo los ví a todos mirar fijamente hacia la puerta. ¡Es para concluir que tenían dudas! ¿Cómo condenan con duda?…
Y el juez aclaró:
- Sí, todos nosotros miramos hacia la puerta, menos su cliente…
MORALEJA: ¡NO SIRVE DE NADA SER UN BUEN ABOGADO SI EL CLIENTE ES UN CAPULLO!




Foto Per Endström
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