música de cine

Categoría: Mallorca, Música
5 de Febrero del 2010

Anoche se estrenó con la Orquesta Sinfónica “Ciutat de Palma” la obra “Lalibela”, del compositor catalán radicado en Mallorca,  Xavier Carbonell. Una obra para cuatro saxofones bajo y orquesta sinfónica. Y aquí encuentro la primera debilidad. Cuando uno dice orquesta, orquesta sinfónica, piensa inmediatamente en esa masa de instrumentos de cuerda respaldada por los vientos, con una sección percusiva por una lado y un director en frente. Y efectivamente estaban todos; pero 50 profesionales haciendo trémolos intermitentes durante 17 minutos no se puede considerar una obra “con orquesta”, el trabajo para la cuerda fue inexistente, un efectivo sonoro totalmente desaprovechado. Luego está la pobreza de tempi, aquí no sé si era lo que estaba escrito o lo que hizo el director que parecía limitarse a marcar entradas y llevar el compás, un metrónomo que empezó y terminó igual. Buscar que la tensión no fuera sólo tímbrica o armónica, movimiento, más movimiento. Y tan larga. 10 minutos bastaban para mostrar lo que se quería mostrar, el discurso se volvió repetitivo sin lograr el minimalismo new age que permite loops infinitos.

Otra cosa es la creación realizada con los saxofones. Me encantó, qué instrumentos tan testosterónicos. Para mi no había nada de iglesias etíopes ni cinceles ni roca ni oración, allí se produjo un enfrentamiento entre grandes animales, bufando, gruñendo, retándose, acercándose y alejándose, rindiéndose. El sonido de una selva de otro planeta, con gemidos, tambores, monstruos desconocidos. La música que, por ejemplo, se merecía Avatar, y no la empalagosa reedición mutante de la partitura de Titanic.

cáncer

Categoría: Música, Rayos y Truenos
5 de Febrero del 2010

En mi familia hay casos de cáncer. Próstata, útero… Los padres de Emili murieron de cáncer, pulmón y colon. Entre mis cantaires hemos perdido a dos queridos amigos y algún otro esta enfermo. El cáncer vive entre/con nosotros, ya no da repelús decir la palabra, la familiaridad acaba con el miedo como la convivencia con el romanticismo. Naturalidad y realismo; es lo que exigen las grandes verdades de la vida.
Me hice la única mamografía hasta ahora hace más de cinco años, y juré que sería la última, lo pasé fatal, me hicieron un daño tan grande en el músculo pectoral que tuve dolor por meses. Además de la indignidad del exámen en si mismo. Como tengo una especie de bolsa con líquido en un pecho (no sé cómo se llama) y el médico sabe que estoy negada a la mamografía pues me envía a por una eco cada tanto. Siempre salen bien, gratia deo, y siempre me dice el médico de la eco que allí no sale “todo” sino parte…
Ahora que casi tengo cincuenta años me he vuelto menos valiente y esta vez me he apuntado para la mamografía, que de entrada ya me amarga la vida hasta el lunes. Pero no me quiero morir como una pendeja por no haberme hecho un examen a tiempo. Aunque sea una bestialidad de examen. Si a los hombres les cogieran el pene y se los apretaran hasta el grueso de un papel ya se hubieran inventado otra técnica y no les hubiera importado no amortizar el invento de las maquinitas. Pero ese es otro tema. Lo que importa es vivir; y bien.

noalcancerp.jpg