tiempo
De la vida y de la muerte 30 de Enero del 2010
Parece que el tiempo transcurre en un fluir continuo. El reloj, la agenda, los horarios y cronogramas lo confirman. Pero lo cierto es que ese río a veces se detiene, se corta, y entonces quedamos en medio, vemos un extremo e intuimos el otro. Se abre un espacio que apenas se mueve. No importa en qué andabas o qué tenías pendiente, quedas suspendido.
Reconozco dos interruptores claros del tiempo: la salud y el amor. Si enfermas, si enferma un ser querido, se corta el tiempo y cambian todas las jerarquías, de pronto todo puede esperar, nada es imprescindible, sólo estar allí, mejorarte, esperar que el otro mejore, ese es el único presente.
Cuando te enamoras, el reloj se vuelve loco. El trabajo, la familia, los amigos, las aficiones, la casa; quedan suspendidos entre una llamada y la próxima, un mail y el siguiente. Ya lo dijo Borges, “estar o no estar contigo, es la medida de mi tiempo”.
Y hay un tercer interruptor, que funciona de distinta manera para cada uno. Las vacaciones. Creo que fue Emerson quien dijo algo como que los viajes eran el paraiso de los necios…





Foto Per Endström
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