La educación de género se relaciona en el discurso público con lo que se trasmite a través de los medios de comunicación, o lo que se observa de conductas generales y muy obvias. Se critican los valores y actitudes sexistas o machistas que condicionan o desvirtúan lo que debe ser el rol femenino en una sociedad igualitaria, reivindicativa y que aboga por la paridad en deberes y derechos entre todos los ciudadanos. Pero se habla poco de lo que se trasmite en casa, en el discurso cotidiano; en las conversaciones y comentarios entre madres e hijas, abuelas y nietas, tías y sobrinas, madrinas y ahijadas. Entre la amiga mayor y su pupila.

Hay una parte maravillosa, atávica, que trasmite la feminidad más íntima. La “posición” cuando vas a un servicio público, o su complemento, el proverbial “no vayas sola” en restaurantes, bares y centros comerciales. La información imprescindible cuando llega  el desarrollo, con el cuerpo que cambia y las compresas que llegan. Luego la respuesta imperfecta a la temida pregunta, “mamá, ¿duele?”, que según la soltura de la mujer mayor que contesta puede llegar a incluir anticonceptivos, después sugerencias posturales; y en el caso de un mal paso, mala suerte o poca responsabilidad, acompañarte (o hacerte acompañar) a ese lugar donde te quitan el problema. 

También está la sabiduría sanitario-emocional que se aprende casi por ósmosis. Cuándo y cómo hacer cariñitos a quien se siente mal; como curar una pequeña herida, y un corazón igual. En qué fijarte en el hospital, el suero que se acaba o que se infiltra, el empapador que se olvidaron cambiar. Dar la comida con paciencia y delicadeza. El uso del “pato” y la “cuña”, aunque ahora sólo haya cuñas. Cómo atender a tu esposo, hermano e hijo en estos trámites para que no se sientan avergonzados. El arte de escuchar y esperar.

Pero. 
Los hombres son un poco tontos, mi amor, hay que tenerles paciencia. 
Hija, nieta, amiga… no lo dudes, estos son y serán siempre “tus hijos”.  
La otra siempre es un poco putilla.
Usos y aplicaciones del misterioso país de las lágrimas.
Mira qué orejas. La nariz es muy grande. Los dientes muy separados. Es acomplejado/a, es creido/a, es marginal, es negro/a, ¿no está un poco pasadito/a de peso?…
La mejor hallaca, el mejor frit, la mejor polenta, el mejor asado; sólo yo, madre.  

    



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