tiempo

Categoría: De la vida y de la muerte
30 de Enero del 2010

Parece que el tiempo transcurre en un fluir continuo. El reloj, la agenda, los horarios y cronogramas lo confirman. Pero lo cierto es que ese río a veces se detiene, se corta, y entonces quedamos en medio, vemos un extremo e intuimos el otro. Se abre un espacio que apenas se mueve. No importa en qué andabas o qué tenías pendiente, quedas suspendido.
Reconozco dos interruptores claros del tiempo: la salud y el amor. Si enfermas, si enferma un ser querido, se corta el tiempo y cambian todas las jerarquías, de pronto todo puede esperar, nada es imprescindible, sólo estar allí, mejorarte, esperar que el otro mejore, ese es el único presente.
Cuando te enamoras, el reloj se vuelve loco. El trabajo, la familia, los amigos, las aficiones, la casa; quedan suspendidos entre una llamada y la próxima, un mail y el siguiente. Ya lo dijo Borges, “estar o no estar contigo, es la medida de mi tiempo”.
Y hay un tercer interruptor, que funciona de distinta manera para cada uno. Las vacaciones. Creo que fue Emerson quien dijo algo como que los viajes eran el paraiso de los necios…

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¿errores de concepto?

Categoría: Rayos y Truenos
30 de Enero del 2010

 ¿El “Pensador de Rodán” o  reflexionando con el Sr. Roca?

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No se lo cree ni su mamá.

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de mujer a mujer

Categoría: De la vida y de la muerte
30 de Enero del 2010

La educación de género se relaciona en el discurso público con lo que se trasmite a través de los medios de comunicación, o lo que se observa de conductas generales y muy obvias. Se critican los valores y actitudes sexistas o machistas que condicionan o desvirtúan lo que debe ser el rol femenino en una sociedad igualitaria, reivindicativa y que aboga por la paridad en deberes y derechos entre todos los ciudadanos. Pero se habla poco de lo que se trasmite en casa, en el discurso cotidiano; en las conversaciones y comentarios entre madres e hijas, abuelas y nietas, tías y sobrinas, madrinas y ahijadas. Entre la amiga mayor y su pupila.

Hay una parte maravillosa, atávica, que trasmite la feminidad más íntima. La “posición” cuando vas a un servicio público, o su complemento, el proverbial “no vayas sola” en restaurantes, bares y centros comerciales. La información imprescindible cuando llega  el desarrollo, con el cuerpo que cambia y las compresas que llegan. Luego la respuesta imperfecta a la temida pregunta, “mamá, ¿duele?”, que según la soltura de la mujer mayor que contesta puede llegar a incluir anticonceptivos, después sugerencias posturales; y en el caso de un mal paso, mala suerte o poca responsabilidad, acompañarte (o hacerte acompañar) a ese lugar donde te quitan el problema. 

También está la sabiduría sanitario-emocional que se aprende casi por ósmosis. Cuándo y cómo hacer cariñitos a quien se siente mal; como curar una pequeña herida, y un corazón igual. En qué fijarte en el hospital, el suero que se acaba o que se infiltra, el empapador que se olvidaron cambiar. Dar la comida con paciencia y delicadeza. El uso del “pato” y la “cuña”, aunque ahora sólo haya cuñas. Cómo atender a tu esposo, hermano e hijo en estos trámites para que no se sientan avergonzados. El arte de escuchar y esperar.

Pero. 
Los hombres son un poco tontos, mi amor, hay que tenerles paciencia. 
Hija, nieta, amiga… no lo dudes, estos son y serán siempre “tus hijos”.  
La otra siempre es un poco putilla.
Usos y aplicaciones del misterioso país de las lágrimas.
Mira qué orejas. La nariz es muy grande. Los dientes muy separados. Es acomplejado/a, es creido/a, es marginal, es negro/a, ¿no está un poco pasadito/a de peso?…
La mejor hallaca, el mejor frit, la mejor polenta, el mejor asado; sólo yo, madre.