El viernes después del ensayo de Musicantes, fuimos al teatro. En la sala pequeña del Teatre Principal de Palma se presentaba “Lina”, escrita por Enric Ases y Aina Maria Gimeno, y dirigida por esta última. Qué cosa más linda, tierna y divertida. Un papá, presentador cutre de espectáculos cutres para turistas cutres, y una adolescente; gordita, con movil, que fuma porros, que quiere estrenar zapatillas de 120 euros y que pertenece a la generación esta que ahora llaman “nini”; ni estudia ni trabaja. Ella se quiere ganar unas pelas y acepta trabajar con su papá como ayudante en las breves apariciones de este durante “el show”. Empuja un carrito, mueve unas cintas, ofrece una degustación de embutidos. Y el nudo está en los intermedios entre las salidas a escena, donde no queda otra que hablar, donde chocan todas las diferencias, las posturas ante la vida, donde afloran las cuentas pendientes. Con final feliz, lloré y me reí de lo lindo; aunque tengo lágrima fácil y si estoy contenta (como era el caso después de un ensayo estupendo) me río idem. La volvería a ver.

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