Desde que los primeros aviones descienden en Pandora, todo me va recordando la novela Dune (Frank Herbert, 1965); ¿un homenaje velado al libro que aún no ha podido ser llevado al cine en todo su esplendor?.
En vez de un desierto agobiante en el que no puedes sobrevivir sin un detiltraje, un bosque exuberante y tóxico en el que no puedes sobrevivir sin una máscara antigas. Como fundamento básico, cuatro ideas comunes: 1. La defensa de la ecología y sus equilibrios (con un personaje-científico capaz de entregar la vida, en Dune el ecólogo Imperial Liet Kynes; en Pandora, la botánica Dra. Grace Agoustine); 2. La ambición, el espolio y si es necesario el genocidio de los que se opongan a los interes económicos de los poderosos; 3. El deprecio por el diferente considerado siempre inferior, sean sucios y malolientes fremen de escleróticas azules, o altos seres con cola y piel azul; y 4. La figura mesiánica que viene de otro mundo (Paul Muad’Dib / Jake Sully) y renuncia a su propia gente para unirse a los bárbaros autóctonos. Y partiendo de allí, un sinfín de coincidencias, ambos planetas poseen la carísima y poderosa materia prima que mueve los mundos conocidos, en Dune la melange, la especia que prolonga la vida, en Pandora el unobtanium, ambas substancias formando parte del ciclo vital del planeta. Para llegar a ser uno de la tribu, cabalgas un mortífero gusano, Shai-hulud, para ganarte el respeto de la tribu vuelas en el mortífero pájaro Toruk. El desenlace llega a través de una guerra de guerrillas (a la que se han unido todas las tribus del planeta), los que conocen el territorio con su armamento casi artesanal, frente a la tecnología puntera de los conquistadores. Ambos héroes heredan el liderazgo de la tribu y el planeta; y hay danzas rituales y memoria colectiva y sacerdotisas…
Avatar es un maravilloso espectáculo visual que entrega a las nuevas generaciones un destilado de la extraordinaria historia creada hace cuarenta y cuatro años por Herbert. Quizá anime a más de uno a leer aquella saga inolvidable e ir más allá de las referencias que puedan recordar a Matrix, District 9, o Baila con Lobos.
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Foto Per Endström